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Lunes, 25 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Política
 
 

La culpabilidad de Díaz Ordaz como genocida está acreditada jurídicamente, dice “el Búho”

 
Martín Hernández Alcántara

La culpabilidad de Gustavo Díaz Ordaz en la masacre del 2 de octubre de 1968 y su calidad de genocida han sido acreditadas jurídicamente, sin lugar a dudas, reiteró Eduardo Valle “el Búho”, al tiempo de advertir que existen todavía pruebas legales que pueden llevar a los tribunales al ex presidente Luis Echeverria y a otros altos mandos de seguridad pública que participaron en la matanza de la Plaza de las Tres Culturas.

“Sabemos que además del grupo en el poder establecido, Díaz Ordaz y Luis Echeverría, había personajes que seguían órdenes y que están vivos, y pueden ser acusados de genocidio, por lo que aún quedan cosas por resolver en este asunto”, expresó quien fuera uno de los líderes del Movimiento del 68.

Insistió en que el asesinato de al menos 85 personas el 2 de octubre de 1968 y de otras 42 el 10 de julio de 1971 son casos que no están cerrados y pueden ser llevados a cortes internacionales para que se aplique justicia sobre los responsables.

“El Búho” presentó el viernes pasado su libro 1968, El año de la Rebelión por la Democracia”, en el auditorio de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la Universidad Autónoma de Puebla, que estuvo colmado de maestros, estudiantes y activistas.

La obra fue catalogada por los presentadores, el activista Armando Domínguez y Aurelio Fernández –irector de esta casa editorial–, como un documento extraordinario para poder entender la importancia del movimiento estudiantil y las traiciones que sufrió de parte del gobierno de Díaz Ordaz, pues confirma que la mañana del 2 de octubre, cuando los líderes estaban negociando con las autoridades una salida pacífica al conflicto, el Ejecutivo preparaba la captura de los dirigentes, la cual no se podía dar “sin disparos de por medio”.

El autor explicó que su libro fue originalmente mandado a hacer por Ignacio Carrillo Prieto, cuando era titular de la Fiscalía para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femosp), con la promesa de que sería publicado. El compromiso no fue cumplido y entonces “el Búho” y la editorial Océano, decidieron sacarlo a la luz por su cuenta.

“Este es un libro que contiene la voz del estado, contiene cronologías, de asesinatos, responsabilidades y confirma que sí existió realmente un genocidio, perpetrado por Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez; es el recuento de un informe surgido de una investigación histórica de los eventos del 68, una vivencia muy personal de la que no hablé en mucho tiempo y por la que tampoco quise participar en actos, porque duele mucho, no es sencillo. Está hecho con elementos legales el número de muertos que dejaron las luchas estudiantiles de 1968 y de 1971, a través del análisis de miles de páginas del archivo de esos movimientos, en especial los pliegos de consignación”, expresó.

 

Convergencia

Las intervenciones del autor y los presentadores del libro fueron la parte que menos tiempo tomó del acto del viernes, pues el auditorio, principalmente los jóvenes, tomaron la palabra con una madurez y actitud crítica que a muchos sorprendió. También alzaron la voz, académicos y activistas. La presentación terminó convirtiéndose así en un intercambio entre activistas de la vieja guardia y estudiantes de la generación presente, que intercambiaron puntos de vista sobre la situación oprobiosa que aqueja al país.

Los alumnos resaltaron en sus intervenciones la importancia del movimiento gestado hace tres décadas, pero lamentaron que actualmente no se pueda dar una organización similar para oponerse a políticas públicas denigrantes, debido, sobre todo, a la férrea represión que han impuesto las autoridades de al Universidad Autónoma de Puebla.

Maestros y alumnos se quejaron porque el diseño curricular vigente en la máxima casa de estudios, no permite la organización, pues el tronco común es limitado y los horarios de las materias tienden a disgregar a los grupos. Una joven denunció que en alguna ocasión varios alumnos protestaron contra el rector Enrique Agüera Ibáñez; posteriormente tuvieron una entrevista con él y le hicieron cara a cara sus reclamos y propuestas. Días después, los maestros que les ayudaron a organizarse fueron despedidos.

Otro alumno se quejó porque no hay reacciones de la comunidad universitaria ante el intento de volverlos clientes cautivos del banco Santander–Serfín, a través de una tarjeta de debito que además servirá como identificación oficial en la universidad.

Los dichos de los alumnos fueron respaldados por sus profesores, quienes recordaron que desde que el modelo de la universidad fue asumido por tecnócratas y rectores vinculados al Partido Revolucionario Institucional. “El actual rector y el que le antecedió se la pasan promoviendo su imagen en los medios de comunicación sin darle explicaciones a nadie. Se han vuelto millonarios a costa de la universidad y tampoco hemos sabido organizarnos para impedirlo”, expresó un mentor.

El antropólogo Julio Glockner, investigador del Instituto de Ciencias Sociales propuso que se integrara una red de información y colaboración para oponerse a los atropellos denunciados: “Es inconcebible e inaceptable que en una universidad se despida a alguien por expresar sus ideas”, aseveró.

 

Reproches

Por la noche, “el Búho” se presentó con su libro en la librería Profética, que se ubica en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla. Ahí, cuatro personas del auditorio le cuestionaron su integración al aparato oficial como investigador del crimen organizado en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. El activista, quien vive en la semi–clandestinidad por encarcelar a dos centenas de narcotraficantes, respondió: “La izquierda le tiene mucho miedo a los policías, pero hay que conocer siempre lo que pasa dentro”.

También le preguntaron porque llamó a votar por Felipe Calderón Hinojosa en las elecciones presidenciales pasadas, a lo que respondió que considera a Andrés Manuel López Obrador “un cacique” y que “no hubo fraude el 2 de julio”. Un hombre se paró y le mentó la madre, retirándose de inmediato del acto. Hubo otros que permanecieron y al final de la presentación, hasta su autógrafo le pidieron al “Búho”.

 
 
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