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Lunes, 25 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La Orquesta Sinfónica de Xalapa enamoró con una mezcla de folclor y grandilocuencia

 
Alonso Fragua y Cristian Lang*

79 años de tradición musical de la Orquesta Sinfónica de Xalapa no fueron suficientes para llenar el patio central del San Pedro Museo de Arte de la ciudad de Puebla ayer domingo. A pesar del carácter gratuito del acto, a decir de los presentes la difusión no fue la adecuada y muchos espectadores se enteraron unas horas antes o fueron atraídos por la fila de personas que esperaba para entrar al recinto que albergó a una de las agrupaciones sinfónicas más importantes de México, que ofreció una interpretación impecable. Asimismo, la selección del museo resultó desafortunada, no sólo por su acústica sino por la lluvia que se coló por la lona del patio y que espantó a parte de la gente después de la mitad del concierto.

Con un programa que hizo gala de distintas escuelas nacionales, mezcla de folklor y la tradición sinfónica mundial, la agrupación veracruzana desplegó la calidad de todas sus secciones e incorporó en dos momentos las voces privilegiadas de los solistas María Katzarava y Ángel Ruiz. Primero, con el dueto Ah! Me lo guida de la ópera Ildegonda de Melesio Morales, y posteriormente con tres arias del primer acto de La Bohéme de Giacomo Puccini.

El dominio de todos los rangos de la soprano Katzarava y el tenor Ruiz fue complementado por su presencia escénica que recreaba los sentimientos propios de cada aria que interpretaban y que enamoraban al público con sus flirteos y caricias mutuas. Dicha dramaturgia fue cobijada por los cambios armónicos y dinámicos que le proporcionó la orquesta y que subrayó la actuación de ambas voces, azorando a la audiencia en más de una ocasión.

Antes de la aparición de Katzarava y Ruiz, la primera muestra de esa mezcla de folklor y grandilocuencia sinfónica se hizo presente con la Suite Veracruz del compositor Mateo Oliva. Los ritmos y las melodías típicas de la sonoridad mexicana resultaron en una combinación a veces poderosa y a veces graciosa y juguetona. Unos cambios emocionales abruptos que mostraron el rango y las habilidades técnicas de la orquesta completa y que arrancaron la primera de las muchas ovaciones del público.

Para la segunda mitad, el director Fernando Lozano guió a músicos y asistentes por los Cuadros de una exposición de Mussorgsky y Ravel, composición original para piano del primero pero adaptada a su forma orquestal por el segundo. Sin embargo, la belleza de este paseo pictóricomusical fue opacada por el sonido magnificado de la lluvia cayendo sobre la carpa del museo.

*Pianista alemán, egresado de la Escuela Superior de Música de Trossingen, de Baden–Württemberg, Alemania.

Más allá de lograr que su orquesta se acople adecuadamente, la labor de un director es transmitirle a sus músicos la emoción y sentimiento de las notas que interpretan. Fernando Lozano logra eso no sólo con el movimiento de sus manos sino con la pasión que se observa en todos los músculos de su cuerpo. Es el cerebro y el corazón de una orquesta con un repertorio profundo y muy bien trabajado que deleitó al público poblano.

 
 
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