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Lunes, 25 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

A diferencia de Cuba, “el danzón en México ha pervivido como un rito social”: Romeu

 
Yadira Llaven

Tras el concierto que ofreció el compositor y pianista Gonzalo Romeu, con su ensamble y la Orquesta Sinfónica de Puebla (OSEP), la noche del sábado 23 de agosto, en el patio de San Pedro Museo de Arte, La Jornada de Oriente abordó al músico santiaguero, heredero de la dinastía de danzoneros cubanos, para charlar sobre la situación actual del danzón en Cuba y México.

En entrevista, considera que el danzón en México tiene características especiales, sobre todo desde el punto de vista de coreografía de un baile. “Los mexicanos convirtieron al danzón en una especie de rito coreográfico. En Cuba lo bailan más espontáneamente, pero en la diferencia está la riqueza y yo aprecio mucho el aporte de México al danzón”.

–¿Cómo ha sido la respuesta al danzón sinfónico en México?

–Mi impresión es excelente. Desde que llegué a México, hace ya casi 14 años, la gente de Puebla ha acogido mis intenciones de hacer un programa de danzón, en el que se toque para el público, para que la gente escuche. Yo quiero mostrar el danzón como música, no quería tocar un baile, sino dar conciertos para que se aprecie la música.

–¿La gente ha dejado de escuchar por bailar?

–Exacto. Muchas veces el danzón pasa inadvertido por la urgencia misma del baile y por la forma en la que lo tocan las orquestas populares; por eso yo quiero meter el danzón en la Orquesta Sinfónica, precisamente para magnificar sus valores. Y México es donde mejor se ha podido desarrollar este proyecto.

“A mi llegada de Cuba, un grupo de amigos poblanos me acogieron, me invitaron y me trajeron. Le dieron mucha importancia a un disco que grabé hace años con la filarmónica; me ayudaron a existir y a impulsar esta propuesta. Por eso, a Puebla le tengo un sentimiento enorme”.

 

El danzón en Cuba “es cosa de viejos”

–El danzón en Cuba surge en orquestas típicas o charangas. A partir de ello, ¿cómo nace la idea del danzón sinfónico? ¿Y por qué lo lleva a cabo en México y no en su país natal?

–El problema es que en La Habana el danzón ha perdido interés. Allá se produce una cantidad espantosa de música, hay un exceso de producción, un sobreconsumo, y precisamente por eso el danzón en Cuba se toma como una cosa de viejos, pasao de moda, y la juventud no conoce nada del género. Vamos a decir que el interés de los cubanos por el danzón ha decaído considerablemente. Este programa que presentamos hoy –la noche del sábado– en Puebla, así con este entusiasmo y con este éxito, es poco probable que se pueda dar en Cuba. Allá la gente va, aplaude, dice qué bonito y se va fríamente, no le entra.

“La realidad de la música cubana es otra, se produce más de la que se necesita. El público está constantemente en una secuencia del consumo de la música que obviamente va dejando atrás todo lo que pertenece al pasao. Lo que se compone y es famoso hoy, como una canción de Juan Formell y Los Van Van, una de las más importantes orquestas de Cuba, la semana que viene ya no se escucha, ya pasó de moda”.

–Los jóvenes mexicanos no se han desligado de esto, algunos siguen bailando dos de los ritmos que provienen del danzón, el mambo y el cha cha cha.

–Por supuesto, porque el danzón no sólo es una música sino una especie de rito social, y aquí en México se ha mantenido, ha pervivido. Aunque me dicen algunos mexicanos que también ha mermao un poco el interés en los últimos años.

En contraparte, el programa que presentó “Danzones de Cuba y México” estuvo conformado por obras patrimoniales. “Esta música que se interpretó esta noche no es cosa que yo haya creado, la compusieron los viejos danzoneros: Romeu, Acerina, Abelardo Barroso, hace como 70 u 80 años. Y lamentablemente, ya no le interesa a la gente salvo a los pequeños grupos, que han convertido el danzón en una herramienta de carácter social”.

–Y el fenómeno de lo coreográfico en México, ¿cómo se entiende?

–El danzón es música para bailar y no todo mundo se atreve hacerlo. Por eso, yo no voy a tocar música bailable para que usted esté en una butaca y la oiga sentao. Es todo un desafío que se plantea al público –y no se aguanta la risa. Te das cuenta, porque obviamente en el danzón hay música que se puede escuchar, pero también toco para bailar.

–¿Se pretende masificar el danzón a través de sus interpretaciones sinfónicas?

–Sí, trato de que el danzón se magnifique a través de la Orquesta Sinfónica, aunque esta no sea la agrupación musical del género. El danzón es la danzonera, la típica o la charanga, esa música que pertenece al patrimonio de lo popular, y la hemos metido aquí, a la sinfónica.

“Es un danzón que pretende ser refinao, afinao, ajustao, con las exigencias de la música normal, porque hay danzoneras que tocan muy feo, desafinao, desajustao, y la gente baila con cualquier cosa. Si ustedes agarran un tambor y empiezan a darle golpes la gente baila” –y ríe otra vez.

“Yo lo que quiero es que la gente oiga la música del danzón, los 14 danzones que interpretamos aquí, porque además hay un repertorio enorme, si me pusiera a interpretar danzones me pasaría la vida entera haciendo eso, no haría nada más”.

 

Juventino Rosas, olvidado por los mexicanos

Uno de los asistentes al concierto que merodeaba alrededor del entrevistado, con disco en mano para que se lo autografiara, se atreve y toma la palabra en la charla. “Maestro, disculpe que lo interrumpa, pero dentro de su repertorio también se escuchó un poco de contradanza en su interpretación”, a lo que el pianista responde: “En el danzón hay de todo. Está el danzón básico y está todo lo que usted le quiera poner, que tenga que ver con las raíces de la música popular de Cuba y de México. La danza también forma parte de la música; y de ahí proviene el danzonete”.

“En este país –prosigue– hubo una gran producción de contradanzas a través de Juventino Rosas, un hombre olvidado prácticamente, de una gran producción finísima con sus valses y polcas, que se bailaba a principio de siglo pasado. México tiene una producción enorme de danza y contradanza, que son la mamá y la abuelita del danzón”.

La plática se había tornado interesantísima, pero tanto la entrevistadora como el entrevistado sucumbimos ante la turba de personas que pedían firmas en los discos que estaban a la venta y que en un santiamén desaparecieron.

El maestro Romeu ha sido director titular de la Orquesta Sinfónica de Oriente (Santiago de Cuba), director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba y director titular de la Orquesta del Gran Teatro de La Habana. Radica en nuestro país, desde 1995, ha actuado como director huésped de la Orquesta Sinfónica Nacional, La Camerata, las orquestas sinfónicas de Aguascalientes y de la Universidad de Guanajuato, la Orquesta Sinfónica “Carlos Chávez” y la Filarmónica de la ciudad de México, entre otras. Por sus orquestaciones, versiones sinfónicas, arreglos y producciones musicales ha obtenido importantes premios y distinciones, como el Premio Coral a la Mejor Banda Sonora, otorgada por el XVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano al filme La Bella de la Alhambra, de cuya música es coautor.

 
 
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