El avance que lleva la construcción de La Célula –que en urbanización es de casi el 90 por ciento y en infraestructura de más del 50 por ciento–, no se compara con el lento, y en algunos casos inexistente, cumplimiento de los compromisos que se signaron con los ejidatarios que cedieron sus tierras para dicho recinto fiscal, el cual es uno de los principales proyectos del actual gobierno estatal.
Algunos ejidatarios ya están pensando en la posibilidad de demandar penalmente al gobierno del estado al sentirse timados por un ex funcionario de la Secretaría de Gobernación, Gerardo Mejía, hombre cercano al secretario de Desarrollo Social, Javier López Zavala, actual regidor de Puebla y quien les ofreció, en 2007, que en cuestión de días recibirían los beneficios prometidos, mismos que no llegaron.
Esos beneficios, como son la excavación de seis pozos profundos y dotación de maquinaria agrícola, fueron a cambio de que los labriegos del Ejido de Oriental aceptaran vender a 1 un peso el metro cuadrado de tierras. Es decir, en la actualidad gana más un tendero en vender un cigarro suelto, que lo ganado por los campesinos en cuyos predios se levanta La Célula.
El coraje de los labriegos data de 2007, cuando se enteraron que a otros campesinos les compraron a siete pesos el metro cuadrado, que en La Célula se están invirtiendo más de 500 millones de pesos y que supuestamente se destinaron varios millones de pesos para cumplirles los beneficios ofrecidos, y hasta la fecha, no conocen ningún beneficio por haber cedido sus predios al proyecto más ambicioso del actual sexenio.
Dicho coraje se expreso primero negándose a vender otras 600 hectáreas que necesitaba el gobierno, pero ahora se ha revivido, en parte, esa inconformidad por el siguiente suceso:
La situación parece tensarse por un hecho ocurrido hace unas semanas y que se narra en la averiguación previa 217/ 2008/Oriental, en la cual se denuncia que Donato Martínez Aguilar, regidor de Parques y Jardines del ayuntamiento de Oriental, en plena sesión de cabildo fue golpeado en el rostro por José Antonio Galindo Muñoz, un personaje que es cercano a Javier López Zavala.
El motivo de la agresión es que el regidor Donato Martínez exigió que se aclare lo concerniente a la perforación de seis pozos de riego, que se ofrecieron en 2007 a los ejidatarios para que vendieran 600 hectáreas a favor del proyecto de La Célula, y es la fecha en que no se ha hecho nada al respecto.
Ahí en esa sesión José Antonio Galindo Muñoz, a quien se le dio la palabra para que explicara el asunto de los pozos, presumió que ya había hablado con López Zavala y que éste, le había dicho que en lugar de que se excaven seis pozos van a ser diez.
Solamente que con un detalle que generó malestar, que en un principio se dijo que esas obras de infraestructura correrían a cargo del gobierno y ahora también deben aportar parte del costo los campesinos, quienes tendrían que poner el 25 por ciento del presupuesto.
Es decir, los campesinos de ser beneficiarios de los pozos ahora deben aportar el dinero para que se puedan llevar acabo. Eso no solamente suena a burla sino a un timo. Y lo peor, es que un regidor es golpeado por el simple hecho de preguntar sobre el tema dentro de una sesión de cabildo, que se supone que es la instancia donde se debe de resolver de manera legal y civilizada los problemas del municipio.
De acuerdo a un acta de asamblea del núcleo ejidal de Oriental de 24 de junio de 2007, en la que estuvo presente Gerardo Mejía, quien en ese entonces era director de Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación y brazo derecho de Javier López Zavala, los labriegos expresaron su inconformidad porque no se ha hecho nada respecto a los pozos en cuestión.
Además, se expuso que no existe el respaldo del gasto que han hecho dirigentes del ejido de dos cheques entregados por el gobierno, uno de 741 mil 307 pesos y otro de un millón 861 mil 40 pesos, para comprar maquinaria agrícola y fertilizantes.
Mejía les respondió a los inconformes –según se asienta en el acta en cuestión– que las autoridades ejidales no habían hecho la solicitud formal para emprender las obras, pero que estaba dispuesto a iniciar los estudios de factibilidad a la mayor brevedad posible.
Algunos ejidatarios sostienen que de manera verbal les dijo el entonces funcionario que era cuestión de ocho días para que ese trámite se desahogara.
Tal parece que esa promesas se debían a que faltaba días para que se arrancara la construcción de la Célula y al gobierno no le convenía que hubiera protestas. Luego de que apaciguaron a los inconformes, se olvidaron de ellos.
A un año y dos meses de esa promesa de Mejía, los pozos no se han hecho. El funcionario actuó igualito que Vicente Fox Quesada, que un día prometió solucionar el conflicto armado de Chiapas en 15 minutos y al final no le alcanzó el sexenio. En este caso, el ex funcionario y ahora regidor no pudo aprovechar su cercanía con López Zavala y su posición en Gobernación para dar lo ofrecido, pero tal parece que sus promesas estaban vacías.
Respecto a la maquinaria agrícola, nadie sabe que pasó con ella. Los dirigentes ejidales ya no van a las asambleas para que no sean cuestionados donde están los tractores, cultivadoras y rastras.
Mientras que el fertilizante, existe la sospecha de que el producto si llegó, pero que algunos de los ejidatarios habrían acaparado los costales y lo revendieron en otras comunidades vecinas.
También se supone que como parte de los compromisos ofrecidos por el gobierno se incluía 12 concesiones del transporte público.
Las concesiones si fueron entregadas entregaron, pero los beneficiaros son de una comunidad vecina que es ajena al ejido de Oriental.
Todos estos datos muestran, una vez más, como el gobierno le gusta realizar proyectos inmobiliarios con grandes inversiones –privadas y públicas–, mediante un esquema en el cual los campesinos son quienes se deben de sacrificar poniendo las tierras y al final, nunca se benefician con las obras.