Temporada 2000. La explosiva combinación de voracidad, becerrismo y desprecio total hacia público y plaza, impuesta inexplicablemente por el Comité de Feria al investir como empresario a Manuel Tirado y traducida en fraudes y truculencias no duró ni seis meses, dejando trunca una feria que empezó con la mayor bronca que aquí se recuerde, continuó con tendidos vacíos y concluyó abruptamente cuando el interfecto tiró el arpa y huyó de Puebla, ante la complacencia de unas autoridades que no sólo no lo llamaron nunca a cuentas, sino inclusive protegieron su fuga. Y cuando López Lima dio un paso al frente, ofreciéndose a gestionar la plaza, lo obligaron a depositar el dinero que el desertor les debía e insistieron en concesionar solamente por el resto de ese año. Aun así, el constructor de El Relicario mantuvo su buena disposición y hasta alcanzó a organizar tres festejos para dejar en 7 corridas y 4 novilladas el triste balance del año final del siglo XX. Antes de ponerse a buen recaudo, Tirado había tenido un único acierto: subarrendar el coso a Tauromex, con lo que pudimos presenciar tres festejos del III Encuentro Internacional de Novilleros, y en ellos un par de encierros de verdadero lujo. A plaza vacía, eso sí, pues el galopante desprestigio del empresario arrastró a los entusiastas organizadores de un evento del que son producto varias de las actuales figuras de Europa y América.
Ganado
Esas dos encastadas y nobles novilladas –de Espíritu Santo la primera y la otra de Los Martínez y Real de Saltillo, tres y tres– serían lo mejor del año, junto con los 8 cuatreños (¿?) de San Martín (22.01), que mandó varios excelentes y entre ellos “Arévalo”, el burel estelar del 2000, que sin embargo fue arrastrado sin los merecidos honores, que el juez transfirió equivocadamente al octavo de esa tarde, “Mecachis”, en forma de arrastre lento. Similar honor al utrero “Rivereño”, de Real de Saltillo (09.04). López Lima, por su parte, echó un encierro de Piedras Negras de mejor estampa que juego. Había reaparecido como empresario con una fina corrida de Begoña de la que apenas alcanzaron a lidiarse dos debido a descomunal tormenta (16.09). Antes, durante el Mundial novilleril, Espíritu Santo lidió al menos dos excelentes bichos, el colorado “Pericanto” y el muy fijo y enclasado “Cumplidor”. Todas las novilladas de dicho III Encuentro Internacional estuvieron impecablemente presentadas –incluso la mansísima del Chacho Vázquez–, al contrario de las dos corridas de Garfias (08.01 y 05.05) y la becerrada de Lebrija que abrió feria (01.05) y cuya debilidad motivó monumental bronca al negarse tercamente el juez a regresar al corral aquella ruina de inválidos. Espantados, los señores de la oficina de Espectáculos echaron para atrás el siguiente encierro de la feria, de La Misión, sin tomarse la molestia de evaluarlo. Entonces la AMAT amenazó con vetar la plaza y el ayuntamiento reculó, autorizando su lidia para el sábado siguiente aunque con la descabellada pretensión de que se mantuviese la terna anunciada para esa tarde. Naturalmente, los toreros programados se negaron y no hubo más remedio que volver al cartel original, que se dio ante no más de 300 espectadores y supuso una atroz despedida como empresario de El Relicario de Tirado Monroy, que enseguida tiró la toalla y huyó de Puebla.
Matadores
Triunfador indiscutible sería El Juli, aunque de las 5 orejas recibidas sólo un par tuvieron mérito, pues se dio el caso de otorgársele apéndices incluso de un burel despachado de espadazo atravesado con salida del acero bajo el codillo, tras una faena de lo más vulgar (08.01). Su triunfo mayor sobrevino cozn “Mecachis”, al que cortó dos legítimos apéndices. El Zapata, que toreó dos tardes (como Julián, Jorge, El Zotoluco, Jerónimo y El Cordobés, presunta “figura” española del elenco ferial), desorejó a uno de obsequio con el que estuvo simplemente bullidor, luego de malograr con el estoque excelente faena a otro Piedras Negras (18.11). También por pinchauvas perdieron trofeos El Zotoluco (San Martín) y un templadísimo Jerónimo (Lebrija y Piedras Negras). Oreja por coleta pasearon Garibay y Domingo Triana que actuaron una sola vez, como Mejía, Rafa Ortega, Lahoz, Camacho, Pizarro y Alberto Huerta, quien había tomado la alternativa de manos de Jorge Gutiérrez en presencia de El Juli y con el toro “Conquián” de Garfias. Con tan mala suerte que al derrotar contra una tronera, éste perdió un cuerno mientras Alberto brindaba a su padre (08.01).
Novilleros
Sólo cuatro de los 14 anunciados cortaron oreja. Dentro del Encuentro Mundial los españoles Alberto Álvarez (18.03) y Miguel Ángel (09.04) y el ecuatoriano Juan Pablo Díaz (18.03); y en la novillada de seis espadas que López Lima programó el poblano Jesús Luján (de “Atlácatl” de Tenexac, 14.10). Aparte, dieron vuelta al ruedo los mencionados Álvarez y Miguel Ángel, así como Arturo Prado, José Rubén Arroyo y Angelino.
Rejoneadores
Mientras Rodrigo Santos tenía la desdicha de que uno de La Misión hiriese gravemente a su caballo tordillo (13.05), la única presentación de Hermoso de Mendoza fue de triunfo redondo, pues salió a oreja por toro y la segunda inclusive supo a poco, dado la cara lección de toreo a caballo que dio con “Conquianero” de Piedras Negras (18.11).
Mejor faena: El Juli
Fue en su segunda tarde (15.01), al octavo de San Martín. “Habrá que agradecer a la listeza de “Mecachis”, que acudía midiendo siempre al hombre y con la cabeza en alto, el retorno de El Juli a su mejor nivel, pues lo obligó a emplearse a fondo en los tres tercios antes de terminar completamente sometido al imperio de su mandona muleta. Faena predominantemente izquierdista de gran exposición y seca belleza, que mereció de sobra el par de apéndices y borró el mal sabor de la versión zaragatera y populista de Julián que, hasta el toro anterior, había sido su único y decepcionante argumento” (6 Toros 6, Núm. 291, martes 25 de enero de 2000).
El Relicario–Joselito Huerta
A menos de un año de su muerte, El León de Tetela fue homenajeado y al nombre original de la plaza se le agregó el suyo (16.09). Lamentablemente, lo que debió ser un homenaje popular a tendido lleno se redujo a un acto oficialista con el gobernador y el alcalde como oradores, a una hora impropia y en el exterior del coso, después de lo cual nadie se volvió a acordar del ilustre invitado, que terminó escapando como pudo de la tormenta que poco después se nos venía encima.