Como buffet con exceso de platillos suculentos, los JO son siempre un manjar difícil de digerir y sintetizar. Al final, uno se queda con una colección de chispazos para consumo personal, por encima de los cuales perdurarán unas cuentas gestas irrefutables, llamadas a formar parte de la historia olímpica más alta e indiscutible.
El mito y el rito
Por sobre todas las cosas vistas y oídas en los últimos 16 días, los ocho oros de Michael Phelps se erigieron como el mito indestructible de Pekín 2008. Aunque, limitada a su solitaria especialidad, Elena Isinbayeva, por el camino del rito, ocupará un nicho dorado al lado del gigante norteamericano. La rusa supo atraer la admiración general con su desprecio a los convencionalismos (esa manera de acampar, aislada del mundo al lado de la pista), su amor por los detalles (en la aplicación cuidadosísima sobre sus delicados instrumentos de trabajo de los más variados polvos, menjunjes y breas), su expresiva comunicación con la pértiga, el público, el escenario y consigo misma. Competidoras bellas las hubo, afortunadamente, por docenas. Pero Isinbayeva supo fijar miradas y suscitar pasiones como ninguna. Pero toda esa puesta en escena habría sido baldía si llega fallar en lo deportivo. Y por supuesto no falló: con su vuelo de 5.05 metros rompió el récord mundial y se confirmó el icono femenino por excelencia de estos JO.
Para nosotros, Rosario
O mejor Chayito, que es como se conoce en La Brecha a la imparable taekwandoí sinaloense que escaló el primer lugar del podio en la categoría + 67 apabullando sin misericordia a cada una de sus rivales (de Túnez, Suecia, Gran Bretaña y Noruega, si bien ésta de nítido origen chino). Dicen que no hay en el mundo quien la iguale, independientemente de pesos y experiencias. Y habrá que creerlo, puesto que se ha coronado invicta y con autoridad magistral en sucesivos Panamericanos, Mundiales y ahora JO. Lo mejor, esa manera de ser ella misma en todo momento. Alegremente seria. Sin poses ni lagrimeos ni salidas de tono. Una verdadera campeona.
Medallero azteca
Con el de Chayo Espinoza son 12 los oros conquistados por nuestro país en la historia de los JO. Con la particularidad de que de los últimos tres, dos fueron a parar al pecho de sendas damas. De hecho, el medallero mexicano en las últimas tres justas olímpicas muestra un pronunciado predominio de las féminas sobre los varones, con Soraya Jiménez (oro en halterofilia categoría 53 a 58 kilogramos: Sidney 2000), Ana Guevara (plata en 200 metros planos: Atenas 2004), Iridia Salazar (bronce en TKD: Atenas 2004), Belem Guerrero (plata en ciclismo: Atenas 2004), Tatiana Ortiz y Paola Espinosa (bronce en clavados sincronizados desde 10 metros: Pekín 2008) y ahora María del Rosario Espinoza (oro en TKD: Pekín 2008).
Exhibicionismo a la mexicana
Penoso el circo montado a varias pistas por políticos y burócratas para colgarse del oro legítimamente conquistado tanto por María del Rosario Espinoza como por su colega Guillermo Pérez en TKD + 55. Nada nuevo en realidad. Si Televisa terminó apoderándose impúdicamente de su éxito, olvidando que previamente había ninguneado y hasta impugnado al taekwandoí uruapense con tal de apoyar a un competidor amigo que se quedó sin hacer el viaje (óscar Salazar, medallista en Atenas), qué podía esperarse de la runfla de delegados–turistas y deportistas de escritorio aparentemente condenados al silencio y la mofa por las repetidas frustraciones de los atletas de “alto rendimiento” que vistieron en China los colores verde, blanco y rojo, en uniformes incluso desteñidos y mal diseñados. Maestros del ahorro siempre que no afectara a sus familias y numerosos compadres, dirán al regresar que “estamos satisfechos con lo logrado, pues sabíamos que los nuestros no están preparados para competir con la élite mundial”. Lo cual suena convincente y exime de culpas a la tropa azteca, que salvo excepciones hizo lo que estaba en sus manos y llegó hasta donde podía llegar. Con una salvedad, que los escasos casos exitosos revelan palmariamente: el de deportista mexicano está librado a sus propios medios y los de su familia; encontrar entrenadores apropiados es una verdadera lotería, que sólo sonríe a unos pocos; los famosos centros de alto rendimiento son coto y negocio privado de unos cuantos listillos –de nuevo, políticos y burócratas en contubernio– y únicamente sirven para ocultar la ausencia de una auténtica educación física y atlética interdisciplinar al alcance de nuestros jóvenes en general, sin exclusivismos ni centralismos ni restricciones. Y sin incluir entre los viajeros de cada cuatro años a tantos aspirantes a mejorar su “marca personal”, que suele estar a la altura de las marcas olímpicas de hace 40 o 50 años.
China, al alza; EU, Rusia y Cuba, a la baja
Pekín 2008 ha revelado que también en el rubro deportivo China es ya el gigante del siglo XXI. Para EU el golpe ha sido demoledor, con un segundo puesto en el medallero tan alejado del liderato chino que su consecuencia natural tendría que ser la revisión a fondo de los métodos de organización, entrenamiento y patrocinios del deporte estadounidense, que nunca antes pasó por humillación semejante, acentuada sobre todo en pista y campo. Y no decimos que también en la alberca porque aún con todas sus deficiencias actuales es capaz de favorecer el crecimiento de un fenómeno como Phelps. Y qué decir de la otrora aplanadora rusa, supeditada a las disciplinas artísticas para damas (nado sincronizado, gimnasia rítmica) como tabla de salvación al rescate de un modesto tercer puesto, ubicado a años luz del gris subliderato de los gringos, sus encarnizados rivales en la época de guerra fría y atletas de estado. Que es, por cierto, el reproche que cabría hacer ahora mismo a China, país tan alejado de las prácticas democráticas como Cuba. Empero, los cubanos revelaron en Pekín cuarteadoras técnicas, tácticas y de comportamiento que amenazan de decadencia a la única potencia latinoamericana, al grado de ni siquiera lograr despedirse con un triunfo del beisbol, que deja de ser deporte olímpico a partir de Londres 2012.
Galería particular
Por descontado Phelps, Isinbayeva y Usain Bolt, relámpago con cadencia de raggae. Para nosotros Rosario, Paola, Tatiana y Guillermo Pérez. Y sin olvidar la vuelta a la hegemonía estadounidense en basquet y la confirmación de la argentina en fut, hay que reconocer que surgieron o se afianzaron figuras de alta jerarquía en Gimnasia (los chinos y las norteamericanas), fondo (etíopes y kenianos), clavados (patrimonio exclusivo de los locales), nado sincronizado (Rusia y como sorpresa España), gimnasia ritmica (tal vez la disciplina de mayor valor estético, donde las rusas son ley). Pero personalmente voto a los velocistas de Jamaica (ellos y ellas) como la principal revelación de estos JO.