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Lunes, 25 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Educación
 
 

 MAESTROS  

Si no pueden: renuncien

 
Gustavo Santin

Dramáticas palabras vertidas desde lo profundo de un ser que sufre en carne propia la ineficacia y la ineficiencia de los actores involucrados en la procuración de justicia. Palabras pronunciadas por cualquier ser humano ávido de mejores resultados en cualquier actividad de la vida y que todos expresan con creces cuando se departe con amigos y/o con la familia. Palabras que dibujan con toda exactitud lo que desean los ciudadanos ante la carestía, el alto costo de la vida, los malos servicios públicos de educación, salud, agua, drenaje, pavimentación, alumbrado público, panteones, tránsito y seguridad pública, del uso y abuso del poder para colmar ambiciones personales tan frecuente en  autoridades municipales, locales, federales, de políticos y sus partidos –de cualquier color, ámbito, ideología–, de los implicados en los diversos ámbitos de gobierno –del Ejecutivo, del Legislativo, del Judicial. Palabras que expresan el deseo de madres y padres de familia cuando evalúan los altísimos salarios de los trabajadores de la educación (cobran más de 550 días de salario anualizado trabajando más o menos 160 días al año) y los pobres resultados que obtienen, cuando observan los que los trabajadores de la educación no enseñan porque no saben y las niñas y niños no aprenden lo que debieran o por lo menos lo señalado en planes y programas oficiales, porque quienes están contratados para ello lo ignoran.

Palabras que expresan el deseo de la gente común y corriente, pero no compartidas por Elba Esther Gordillo Morales, presidente vitalicia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) cuando cuestionada al respecto por el periodista Carlos Loret de Mola culpara al sistema de formación de docentes y a las escuelas normales por el pobre desempeño que tienen niñas y niños que asisten a las escuela del país a cargo de personal egresado de esas instituciones puestas en la picota de la opinión pública por la propia maestra. Palabras de una mujer arrojada que defienden a capa y espada el desempeño de sus agremiados, pero que reconoce la venta de plazas como uno de los males que aquejan al gremio, ejemplificado por ella con lo que sucede en el estado de Puebla, entidad en la que a pesar del reconocimiento autocrítico, premiara con una diputación local a uno dos los dos funcionarios de su empresa –Tavito Espinosa– mientras que a otra –Dinorah García– quisiera heredarle –a través de San Juana Cerda– la conducción de la franquicia SNTE 51. Ambos, Gustavo y Dinorah, Dinorah y Gustavo, señalados por agraviados como capos de una red que les agraviara de diversas formas y en la el que el discurso blanquecino se enfrenta con una realidad contraria.

Palabras por parte de Elba que justifican actitudes, abusos –prestaciones– ganados a “pulso” por su gremio. Prestaciones derivadas de usos y costumbres legalizados y legitimados por obra y gracia de los gobiernos de las entidades federativas incluidas las legislaturas locales que lesionan con inasistencias a sus labores, larguísimos puentes, y con desparpajo a aquellos que les permiten justificar el cobro de un salario que por la falta de resultados se convierte en un agravio más a la niñez y a la sociedad, justificado por la dirigencia sindical, solapado, –no les queda de otra– por autoridades gubernamentales y educativas mientras que la comunidad pasiva, se guarda su resquemor y resentimiento.

Palabras de una mujer que al parejo que exigía de las autoridades una transformación del sistema educativo, negaba  contestar –con comedimiento–, palabras más, palabras menos, cuestiones no relacionadas con el que señala es un tema de su interés: La educación. Al margen de preguntas, las respuestas sobre su presunta riqueza, alianzas camino a la presidencia, conductas cuestionables de una dirigencia a la que tiene estudiando en los Estados Unidos de norteamérica y el bajo rendimiento de los trabajadores de la educación, y externaba una y otra vez la exigencia para que los responsables de la educación transformen a las escuelas normales en otras más pertinentes a las necesidades del México moderno en el que vivimos.

Sin embargo, y sin palabras de más, la frase popular a la que recurriera Fernando Martí se aplica con la misma intensidad y fuerza para quienes cobran lo que no trabajan en el sector educativo. Si no pueden: renuncien.

 
 
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