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Jueves, 21 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

¿Orejas de burro? (con perdón de los rucios)

 
Yassir Zárate Méndez

De nuevo para el buen Juan Escutia,

Maestro de maestros

y guerrillero de la vida

 

Los datos duros podrían parecer contundentes: fueron reprobados siete de cada 10 de los docentes aspirantes a una de las plazas sometidas a concurso de oposición. Contundente. Desalentador. Escalofriante. Sospechoso. Porque antes de soltar la cuchilla de la guillotina sobre el cuello del pobresorado, sería conveniente echar un vistazo al examen aplicado.

Muchas voces se han alzado para quejarse de la prueba. Argumentan que a la hora de la hora les cambiaron los temarios, e incluso les hicieron preguntas “absurdas” relacionadas con la legislación vigente en materia educativa. Vaya, presuntamente se les inquirió sobre “acuerdos secretariales” relacionados con tópicos de la educación. Habría que ver y por lo pronto otorgarles el beneficio de la duda.

En su momento, la SEP y el SNTE se comprometieron a hacer público el contenido del examen, así como al equipo encargado de redactarlo. Presumieron que serían especialistas en la materia, pero si en una de esas son como los “expertos” encargados de redactar los libros de texto oficiales, entonces sí estamos xodidos, porque habrá que ver cómo han sido redactados muchos de esos materiales didácticos, como el de Español, que no sólo es incoherente, sino hasta absurdo y antipedagógico, por la forma de plantear los ejercicios que deben realizar los alumnos.

Si bien buena parte del actual magisterio se ha ganado la reprobación de algunos sectores de la sociedad, tampoco se les puede cargar la mano a todos. Aunque sea difícil separar la mies de la basura, es necesario aislar y expulsar a todos aquellos pésimos profesores que carecen de vocación, y que sólo se dedican a grillar y a gozar de los muchos beneficios obtenidos por los docentes asignados a escuelas públicas.

Si bien la corrupción se concentra en las camarillas que detentan el poder, y para muestra está la miss Gordillo, que muy pobremente levantó sus casas en los Yunait Esteits, entre otras humildes viviendas, lo cierto es que hay algunos puñados de profesores que sienten y se sacrifican por el apostolado de la docencia.

Ya no son los tiempos en que los maestros enseñaban en el aula y no en las marchas; puedo decir con orgullo que ninguno de mis maestros de la primaria “Emiliano Zapata” del centro, ni de la Escuela Secundaria General “Presidente Juárez” dejó botadas sus clases para irse a una manifestación o a un plantón. La conciencia cívica me la enseñaron parados frente a su grupo, con el gis en la mano.

La supuesta disidencia magisterial no ha ganado mucho saliendo a la calle, y dejando abandonados a sus alumnos. Sólo un puñadito de dirigentes ha echado algo a su costal. A cambio, la instrucción pública sigue en caída libre.

Con miles de millones de pesos en juego, más de uno se frota las patitas delanteras para ver cuánto saca de tajada.

El tema de la educación impartida por el Estado suena como a barril sin fondo. No importa cuánto dinero se le eche, nunca será suficiente para apagar la voracidad ni las demandas reales de maestros y de alumnos. Por un lado, el expolio cometido por el SNTE contra sus agremiados significa una perpetua sangría que se ve reflejada en sus talonarios. Por otra parte, las graves carencias y desigualdades que enfrentan millones de alumnos día a día, vuelven imposible la impartición de una educación de calidad en nuestro país.

Habrá que esperar a que se den a conocer los detalles y el tipo de preguntas realizados a los docentes, para que no acaben en la indecencia.

 
 
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