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Jueves, 21 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

La Biblioteca Franciscana de Cholula: el peculiar olor de siglos de conocimiento

 

Rocío Cázares, coordinadora de la Biblioteca Franciscana / Foto: Abraham Paredes
Alonso Fragua
Puebla, Pue.

“Fernández da el nombre de tucán á un pequeño quadrúpedo de la Nueva España cuyo tamaño, figura y propiedades naturales se acercan más al topo que á ningún otro animal. Me parece que es el mismo que el descrito por Seba con el nombre de topo rojo de América. El tucán es quizá algo más grande que nuestro topo. Es como éste: gordo y carnoso, con las piernas tan cortas que el vientre toca la tierra. Tiene la cola corta, las orejas pequeñas y redondas. Los ojos tan pequeños que le son, por decirlo así, inútiles, pero se diferencia del topo en el color del pelo, que es amarillo rojizo, y en el número de los dedos pues no tiene más que tres en las manos y cuatro en los pies”.

No es un error. Usted leyó bien. La anterior es la descripción de un “tucán” dada en el libro Compendio de la historia natural. Tomo X: de los quadrúpedos del conde Buffón, impreso en Madrid en 1804 y uno de los casi 30 mil volúmenes que alberga el repositorio de la Biblioteca Franciscana (2 Norte 6) de San Pedro Cholula. Dar el primer paso dentro de este lugar significa el contacto del olfato con el olor peculiar del conocimiento conservado por siglos y siglos. Pero también el disfrute de la vista con las tonalidades de café de los empastados de pergamino y piel y con uno de los murales que esta ala de la biblioteca alberga.

“Aquí se encontró un mural de la escena del bautismo de Jesucristo, porque antiguamente había aquí una pila bautismal. El portal de peregrinos tenía una función sacramental. Entonces, acá donde estamos, se usaba para bautizar a ene mil indígenas”, explica Rocío Cázares, coordinadora de la biblioteca que en 1985 fue dada en comodato a la Universidad de las Américas y que hoy depende de la dirección de bibliotecas de esa casa de estudios.

Mientras continuamos el recorrido por las estanterías y Cázares guía a este medio por los caminos de la orden franciscana y su acervo bibliográfico, la maestra en Estudios Antropológicos de México busca uno de sus títulos favoritos: Advertencia para los confessores de los naturales de Fray Joan Baptista, donde el religioso explica cómo llevar a cabo el ejercicio de la confesión con un indígena para descubrir sus herejías. Finalmente lo encuentra y nos muestra las primeras páginas. Éste es el ejemplar más viejo impreso en México que tienen en su haber, cuenta Cázares.

El acervo total de este lugar comprende títulos de los siglos XVI al XVIII, originarios de México y Europa, en el fondo antiguo, y cerca de mil 500 en el fondo contemporáneo, con libros sobre arquitectura, historia del arte e historia de México, editados en el siglo pasado. La colección inicial de la biblioteca comprende el material de la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México que abarca los estados de Puebla, Veracruz y Distrito Federal.

A ese número original de más de 24 mil libros se han agregado otras donaciones para sumar hoy casi 30 mil volúmenes. Recientemente recibieron cerca de 300 cajas con manuscritos originales de la orden franciscana que incluyen correspondencia, reglas y documentos varios generados por este grupo religioso. La idea, desde el principio del proyecto, ha sido concentrar bajo un solo techo el material franciscano que antes estaba repartido en seis conventos: San Gabriel Cholula, San Francisco Puebla, San Andrés Calpan, Santa Úrsula Coapa, San Juan Bautista Coyoacán y San José de Gracia Orizaba.

Además de Cázares, la otra persona que labora ahí es Francisco Mejía, bibliotecario referencista. Entre los dos atienden al público –tanto de la comunidad universitaria como de Cholula, Huejotzingo, ciudades aledañas e investigadores extranjeros–, se encargan de la conservación de los libros y continúan con la elaboración del catálogo del fondo antiguo. Aunque tienen un inventario completo de todos los títulos –que incluye nombre, autor, año y lugar de impresión– el catálogo comprende una ficha más amplia con el tipo de encuadernación, si tiene grabados o no, descripción de portada, sellos, existencia o no de marcas de fuego y afectaciones de microorganismos, si las hubiera. Hasta hoy sólo 5 mil libros han sido catalogados y el ritmo de avance es de alrededor de cinco ejemplares diarios.

A la par de elaborar el catálogo, también se encargan de la selección de los títulos que serán digitalizados por la biblioteca central de la UDLA. En la primera etapa de esta labor se digitalizaron cien libros impresos en México durante la época colonial, gracias al apoyo del Conaculta y Adopte una obra de arte, AC. La digitalización continuará, esta vez con algunos de los libros más utilizados y que por su edición y belleza ofrezcan un elemento de interés, explica Cázares.

El jueves 21 de agosto, a las 18 horas, Manuel de Santiago Hernández, director de la Biblioteca José María Lafragua de la UAP, ofrecerá una plática sobre el libro antiguo, sus características e importancia y los oficios relacionados con su elaboración. Pero ya sea para escuchar una conferencia o buscar un libro raro, cualquier pretexto es bueno para visitar este mágico lugar, lleno de historia y conocimiento.

 
 
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