Las tres unidades de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) y sus siete subcentros en el estado de Puebla, poco a poco, de manera inexplicable, están siendo parte de un proceso de privatización, ya que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha reducido de manera drástica el presupuesto para la institución y al mismo tiempo, se han incrementado las cuotas –que en realidad son colegiaturas– que se exigen a los mentores que ahí estudian.
Lo más grave de esta situación es que el dinero recaudado se maneja con discrecionalidad, nadie sabe cuánto se recauda y cómo se gasta.
Todo esto ocurre frente a la mirada complaciente del titular de la Secretaría de Educación Pública, Darío Carmona García.
Lejos de que Carmona García ponga orden, los funcionarios de la UPN se justifican argumentando: la educación pública nunca ha sido realmente gratuita en Puebla.
Esto es posible si se tiene en la SEP a un funcionario mentiroso y que se maneja sin ética, pues apenas se evidenció intentando engañar a la opinión pública que se estaban repartiendo libros de texto con camiones que estaban vacíos. Ahora en la Universidad Pedagógica Nacional se dice que oficialmente es una institución pública, pero en realidad se maneja peor que una escuela privada.
A medidos de este año fue electo como nuevo director general de la Universidad Pedagógica Nacional el profesor Pedro Valdez Martínez. El pasado 14 de junio, cuando tomó posesión, los profesores que cursan la licenciatura en Educación para el Medio Indígena protestaron por el incremento de las cuotas que les cobran para poder permanecer en la institución. Los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y del gobierno del estado que acudieron al acto hicieron mutis ante los reclamos, pese a que es una anomalía que se cobren colegiaturas en un plantel público.
Los más de 2 mil 500 alumnos de la UPN deben de pagar mil 500 pesos por exámenes de admisión y mil pesos de inscripción semestral. Los de posgrado, tienen que pagar cursos propedéuticos de 3 mil 500 pesos y una colegiatura semestral de 4 mil 500 pesos. Los diplomados cuestan 2 mil 500 pesos. Además de que muchos servicios y trámites también se cobran.
En el año 2002, la Universidad Pedagógica Nacional captó por conceptos de inscripción y expedición de documentos la cantidad de 176 mil 237 pesos.
Un par de años después, esa cantidad se incrementó a 2 millones 711 mil 964 pesos.
En el presente, los miembros de la universidad ignoran cuánto se recauda, pero es claro que se obtiene por parte de los directivos más de 2 millones de pesos anuales. A la par, entre los años de 2002 y de 2005, se redujo en un 75 por ciento el presupuesto de la Secretaría de Educación Pública.
En 2005, la SEP le dio a la UPN la ridícula cantidad de poco más de 140 mil pesos de presupuesto, obligando a universidad a tener que cobrar cuotas para poder solventar la mayor parte de sus gastos.
Los problemas no se reducen a la arbitrariedad de que en una institución pública se cobre a los alumnos para que puedan estudiar, sino el mal uso de los recursos. Sobre todo porque se ignora con qué criterios se fijan los montos de las cuotas que ahí se cobran.
El actual director, Pedro Valdez Martínez, llegó a ese puesto por ser un personaje cercano a los intereses del titular de la Secretaría de Educación Pública, Darío Carmona García, y al parecer, cree que esa relación le permite cometer las siguientes anomalías y absurdos:
Una de las primeras acciones que emprendió el funcionario fue construir un edificio, cuyo proyecto no contó con la anuencia del Capce ni se siguieron normas de protección civil. Aparte de no tener la debida ventilación, iluminación y no contar con salidas de emergencia, se les olvidó que el inmueble debería tener baños.
Los sábados, acuden al edificio central de la UPN, junto al estadio Cuauhtémoc, unos 200 alumnos, quienes únicamente tienen acceso a dos sanitarios en donde hay cuatro retretes en cada uno.
A los profesores se les prohíbe tener acceso al servicio de internet y de teléfono, se les dotó de cubículos nuevos que miden dos metros por dos metros cada uno, espacio que deben compartir dos docentes, lo cual lleva a que cuando uno de ellos está sentado el otro se debe salir. La biblioteca no tiene ni acervos ni servicios actualizados.
La Universidad Pedagógica Nacional tiene tres unidades y siete subcentros, estos últimos se ubican en Acatlán de Osorio, Zacapoaxtla, Cuetzalan, Huauchinango, Zacatlán, Atlixco e Izúcar de Matamoros. Ahí dan clases maestros de los que se ignora si tienen el grado académico debido para formar a docentes. A esos profesores se les paga mediante una asociación que es ajena a la universidad y mediante recibos que no tienen valor fiscal.
Es decir, en una universidad pública se utiliza los mecanismos que son propios de las empresas maquiladoras y que sirven para evadir impuesto y tener mano de obra barata.
Todo eso pasa frente a Darío Carmona, y no mueve un dedo para cambiar esa situación.