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Miércoles, 20 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

En Puebla, 5 de cada 10 mujeres padecen anorgasmia: especialista

En Puebla, el placer y el erotismo siguen “restringidos” –pese a que ambos son indispensables para garantizar una vida sexual plena y satisfactoria– debido a los tabúes y mitos acerca de la sexualidad. Esta limitación ha ocasionado que el 50 por ciento de las mujeres padezca anorgasmia, informó Jorge Uribe García, sexólogo de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP).

 
(América Farías Ocampo)
Atlixco, Pue.

Uribe García indicó que datos del Instituto Mexicano de Sexología revelan que la anorgasmia femenina –que es la incapacidad de experimentar orgasmos– constituye una de las disfunciones sexuales más comunes en el país. En Puebla, dijo, los últimos estudios arrojan que la mitad de las poblanas la padecen.

Dicha disfunción sexual en las mujeres, explicó, se debe a menudo a las represiones que han sufrido por parte de la iglesia, la familia, el Estado y hasta su propia pareja.

“La mujer se niega a sentir placer porque piensa que aquellas que experimentan orgasmos son mujerzuelas que no valen, tienen miedo al rechazo o a una agresión de la pareja”, comentó.

Por su parte, Maribel Morales Fuentes, responsable del departamento de psicología del Instituto Poblano de la Mujer (IPM), señaló que un alto porcentaje de las que acuden a asesoría mensualmente –unas 350 al mes– padece anorgasmia porque no ven al acto sexual como una acción para sentir placer, sino como una obligación.

“Un alto índice de mujeres que acude al IPM manifiesta que nunca ha experimentado un orgasmo, pues piensan que lo más importante es satisfacer al hombre; muchas tienen la idea de que tener relaciones sexuales con su pareja es una acción que deben de cumplir, les guste o no, pareciera como si este acto fuera una obligación, como darle de comer, y esto ocasiona que no tengan una sexualidad plena”, explicó.

Indicó que en los cuestionarios que se les aplica a las mujeres en el IPM para conocer si han sufrido violencia sexual, cuando se les pregunta si son ellas quienes deciden cuándo tener relaciones sexuales con su pareja, la mayoría responde: “No, lo hago cuando él quiere”; también manifiestan que les molesta, las pone de mal humor tener encuentros con sus parejas porque no les gusta cómo las tratan.

Las estadísticas del instituto arrojan que el 5.7 por ciento de las mujeres de 15 años o más sufren violencia sexual, sin embargo, advirtió, la cifra podría ser mayor, porque la mayoría de las mujeres piensan que tener relaciones cuando su esposo o su pareja se los pide sin que ellas lo deseen es un acto normal.

Por tanto, los especialistas coincidieron en que es urgente reforzar la educación sexual tanto en las instituciones de educación pública como en las familias para disminuir las disfunciones sexuales entre las mujeres, así como para lograr que se terminen las presiones sociales que han provocado que limiten su capacidad de experimentar placer, erotismo, a no ejercer sus derechos sexuales y a conocer su cuerpo.

Uno de los procesos para liberarse de los miedos, represiones, culpas y vergüenzas son las terapias donde se enseña a las personas a conocer su cuerpo, explorarse, aceptarse, así como a tomar decisiones propias.

Sin embargo, el estigma en torno al placer sexual que prevalece en la sociedad poblana ha ocasionado que las personas que tienen problemas o inquietudes respecto a la sexualidad no busquen ayuda de profesionales para tratarlos, indicó Jorge Uribe. “Hace como ocho años, me nombraron responsable del departamento de sexualidad en el Hospital Universitario y renuncié porque no había pacientes, a pesar de que la consulta costaba 35 pesos”, manifestó.

Después de eso, dijo, “abrí una clínica de sexualidad con una compañera psicóloga en La Paz, en un edificio que está en la 25 Sur y la avenida Juárez, pero también la cerramos porque no teníamos pacientes. La gente todavía tiene miedo a pedir ayuda profesional para contar sus problemas sexuales”.

 

Urge reforzar la educación sexual

Los especialistas manifestaron que en Puebla urge reforzar la educación sexual tanto en las instituciones de educación pública como en las familias.

“Actualmente la educación sexual que se brinda en las escuelas poblanas es ineficiente, los maestros no están lo suficientemente preparados para responder las inquietudes de sus alumnos en materia de sexualidad”, señaló Uribe García.

Agregó: “Una cosa es tener un libro  con una explicación biológica de cómo es el cuerpo humano, y otra transmitir una educación de sexualidad de una forma tal que lleve realmente a un conocimiento de cómo debería ser una sexualidad responsable; ése, diría yo, es el reto que enfrentamos”.

Por su parte, Maribel Morales manifestó que no es sólo obligación de la SEP incluir temas de sexualidad en la escuela, sino también de los padres de familia. “Se requiere que las familias hablen sin tabúes, que tengan una actitud abierta y libre”, consideró.

La Organización Panamericana de la Salud señala que para que haya una sociedad sexualmente sana es necesario que se incremente la investigación en este rubro, haya políticas públicas que promuevan la salud sexual, infraestructura y vigilancia.

El organismo internacional detalla que, en materia jurídica, “el estado debe reconocer que la salud sexual es un derecho fundamental del ser humano y hacerse responsable de su promoción; que las instituciones sociales, entre ellas las dependencias gubernamentales, formulen, desarrollen y pongan en práctica políticas públicas que comprendan instrucciones claras y precisas destinadas a la protección y promoción de la salud sexual; contar con leyes que protejan la explotación sexual y que promuevan la igualdad en todas las dimensiones sexuales”. 

A la par, indica que “el estado debe de garantizar el acceso de las personas a los servicios de salud sexual y contar con una infraestructura de profesionales especializados en la resolución de problemas e inquietudes de índole sexual, apoyar las investigaciones destinadas a abordar las inquietudes clínicas, educativas y de salud pública. Por ejemplo, las nuevas infecciones, las tasas de relaciones sexuales peligrosas en poblaciones de alto riesgo, tasa de violencia sexual, prevalencía de disfunciones sexuales y lograr una cultura de apertura hacia la salud sexual”.

 
 
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