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Miércoles, 20 de agosto de 2008
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MEDIEROS
desde los comunicadores
 

Cuenta regresiva

 
Ana Lidya Flores

Rosa María Mejía Rivera es viuda de uno de los 65 mineros muertos en la mina Pasta de Conchos (San Juan de Sabinas, Coahuila), el 19 de febrero de 2006. Junto con Claudia Escobar Pacheco, Elizabeth Castillo Rábago y Tomasita Martínez, entre otras compañeras de drama, acudió a la ciudad de México para anunciar la decisión que tomaron: si en mes y medio el gobierno federal y Minera México no hacen nada por rescatar los cuerpos de sus muertos, ellas van a bajar por ellos.

Por supuesto la noticia no tuvo espacio alguno en la televisión. La rueda de prensa que las mujeres ofrecieron en el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana no mereció ni siquiera 20 segundos en El Noticiario de Joaquín López Dóriga, que como reporta el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE), sigue siendo uno de los telediarios con más rating en la televisión mexicana.

Los hombres y mujeres que vieron la emisión del jueves 14 de agosto de 2008, no vieron ni escucharon a Rosa María, Claudia, Elizabeth o Tomasita. La agenda sigue dominada por el tema del secuestro y asesinado de Fernando Martí, el joven de 14 años que se ha convertido en la personificación de la tragedia que aflige a miles de mexicanos.

El drama de los otros mexicanos, pobres y sin acceso a los medios, sigue siendo silenciado por el peso de temas capitalizados por las televisoras. Si bien el caso Pasta de Conchos fue intensamente cubierto en febrero de 2006, terminó por caer en el olvido de la agenda mediática del noticiario de señal abierta más visto por las audiencias habituadas a informarse “por la tele”.

Afortunadamente, otros medios han recuperado el tema. La Jornada publicó la imagen de dos de las viudas en el momento de ofrecer la conferencia de prensa. Yo me topé con su imagen, al revisar el periódico del jueves. Gracias a la versión electrónica, se puede revisar la nota en la edición del 14 de agosto (sección política).

Radio Trece recuperó el tema en el noticiario de Javier Solórzano. La entrevista con Rosa María puede escucharse en la página electrónica (www.radiotrece. com.mx), específicamente en el blog del periodista (emisión del viernes 15 de agosto). El relato de la viuda es conmovedor: las mujeres se han hecho profundas conocedoras de la mina gracias al empeño en recuperar los cuerpos de sus muertos.

Especialista en ser abogado del diablo, Solórzano puso frente a la versión de las señoras el discurso de la empresa: el riesgo de tener más pérdidas humanas al tratar de rescatar a los difuntos de febrero de 2006. En este sentido, es interesante el proceder de Rosa María y sus compañeras. Están acudiendo a sus pares para solucionar lo que ni Minera México, ni el gobierno en ninguno de sus niveles ha podido responder.

Para demostrar a las autoridades que ellas pueden hacer su propia ley, las mujeres con valor y decisión van a pelear por los cuerpos de sus muertos. Con una lucidez escalofriante, Rosa María argumenta frente a la Minera, que si bien la mina es propiedad privada, los cuerpos de los muertos son de ellas.

En las viudas subyace la percepción de que en la medida en que avanzaron los trabajos de rescate y emergieron las evidencias del descuido de la empresa, autoridades y dueños decidieron frenar el avance para que la opinión pública no conociera las pruebas de la indolencia. Frente al descuido de las autoridades, las mujeres ya tienen equipo, gente solidaria para con ellas, organizaciones adherentes a la otra campaña e incluso al denostado Sindicato Minero. La cuenta regresiva inició y no podemos perder de vista lo que ocurra en octubre de 2008 con las viudas de los Mineros de Pasta de Conchos.

 
 

Desinformación y credibilidad en tiempos inseguros

(Gabriela Pinto Márquez)

El manejo de la información que se realiza por quienes fungen como comunicadores en los medios masivos como la radio, la televisión y la prensa puede cargarse de connotaciones, contenidos simbólicos y hasta de colores. Las notas pueden ser amarillistas, rojas, rosas y también de los tonos con los que se puede identificar a ciertos partidos políticos. Los sucesos pueden ser calificados con una gran cantidad de adjetivos, que dependen del profesionalismo y hasta del estado de ánimo de quien los relata; así, un hecho se puede pintar de drama, tragedia, romance y hasta comedia.

Aunque todos podemos formarnos una opinión, la función del género periodístico de la noticia es relatar los hechos sin cargar de significados. Se evitan los adjetivos y se transmite la información simple y llana. En teoría. En la práctica existen medios que se valen de la riqueza del lenguaje para persuadir y si el lector y/o espectador se deja, hasta manipular.

El reciente caso del joven Martí es un ejemplo claro. La cobertura mediática que se le otorgó al hecho se puede estimar como notable. Cierto es que el daño le ocurrió a la familia de uno de los más prolíficos empresarios de nuestro país, pero a partir de este hecho a salido a flote el tema de la inseguridad, que no sólo afecta a los que más éxito tienen en los negocios, sino a la gente como nosotros, que trabaja diariamente para pagar la comida, la luz, el teléfono y otros tantos servicios y bienes de consumo.

Atemoriza pensar cuántas denuncias se hacen día con día que no salen a la luz pública o que simplemente ocupan un pequeño espacio en la nota roja y en el mejor de los casos se convierten en tema de discusión de la gente cercana a los afectados. ¿Y la justicia? De vacaciones, quizá.

Así, con muchos casos similares, las instituciones van perdiendo credibilidad. Y entonces un buen porcentaje deja de denunciar, de pedir que se le escuche, de tener voz, porque nadie quiere hablar con alguien que de entrada sabemos que no escuchará. La credibilidad en las instituciones no atañe sólo al tema de la seguridad. En materia de salud, la gente protesta por la falta de medicamentos, en materia electoral sigue vigente el tema de las boletas del año 2006, y así hay una larga lista.

Un suceso como el de la familia Martí hace que el grueso de la población vuelva a poner la mirada sobre la inseguridad, que reaparece en primeras planas y como tópico de suma importancia en programas informativos y de análisis en la radio y la televisión. A los medios, a diferencia de las instituciones, les tenemos fe.

Y lo complicado es que ya no sabemos cómo exigir lo que por derecho nos corresponde. Si es que nos interesa. Porque nos hemos vuelto tan individualistas y apáticos que mientras los afectados no seamos nosotros mismos, todo estará bien. Difícilmente mostraremos una actitud solidaria, aunque nuestro bienestar también dependa de ello.

Quizá lo anterior también sea resultado de la desinformación. Si no sabemos qué es lo que pasa en nuestro entorno próximo, no podremos exigir que las cosas mejoren o sólo pedir que cambien. Si sólo tenemos una fuente de información en la que confiamos ciegamente sin contrastar con lo que aparece en otros medios, seremos blanco fácil de persuasión y manipulación. Tal como pasa con una enorme cantidad de personas en nuestro país, que sin dudarlo consideran como una verdad insustituible lo que miran en la televisión.

 
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