Desde hace 14 años, el departamento de Publicaciones de la Universidad Iberoamericana Puebla ha buscado vincular a esa casa de estudios con la comunidad que la alberga a través de los libros que edita. Su primer ejemplar, Hacia el mejoramiento de la educación universitaria, del entonces rector Armando Rugarcía, fue el inicio de esa labor que pretende reflejar el compromiso con la realidad social mexicana desde la perspectiva de la institución jesuita. Textos sobre cultura, migración, educación o cualquier temática propia de las ciencias sociales y humanidades tienen cabida en esta editorial a decir de Ricardo Escárcega, jefe del área de publicaciones, adscrito a la dirección de investigación y posgrado.
Aunque el criterio principal para que un texto sea publicado es la calidad del mismo, Escárcega reconoce que la mayoría de los autores responsables de su catálogo tienen, de una u otra forma, una relación con la universidad. Finalmente, otra de las intenciones de la editorial es promocionar la investigación generada al interior de la institución.
En este momento se prepara el lanzamiento de dos coediciones conjuntas con la Universidad Autónoma de Puebla. Alguien tira una piedra. El caos en la literatura, generado a partir de la tesis de maestría en Letras iberoamericanas de Lourdes Noriega Mendoza y donde, con base en teorías de las ciencias exactas, la autora elabora un análisis de la creación literaria. La otra publicación en proceso es La desintegración del verbo, texto previamente publicado en francés del fallecido Pierre Souyris, quien pone a debate la teoría lingüística de Saussure.
Ambos libros serán parte de Lupus scriptor, colección que agrupa textos de crítica literaria y que hasta el momento ha tiene dos títulos más.
Lupus magister, encargada de textos pedagógicos; Lupus inquisitor, con material de investigación de diversas áreas de las ciencias sociales y humanidades, y Separata, conjunto de textos producidos en eventos de renombre dentro de la universidad, como la cátedra Touraine o congresos académicos, son las otras tres colecciones. En total, estos 14 años de trabajo editorial arrojan una cifra de 213 títulos, entre coediciones y ediciones propias que representan un 20 por ciento del total.
Para lograr este número, el departamento de publicaciones hace los esfuerzos necesarios para alcanzar una alta calidad en sus libros. Todos los textos son sometidos a dos dictámenes, uno encargado a un grupo de especialistas perteneciente a la universidad y otro de gente externa y posteriormente una revisión final realizada por el mismo Escárcega. Asimismo, se hace una evaluación financiera para determinar costos y la necesidad de conjuntar esfuerzos con instituciones públicas o privadas para el lanzamiento de los ejemplares.
El mercado
El mercado de la propia UIA no es el único consumidor de los libros producidos por ésta. De hecho, Gabriela Pinto, encargada de promoción y comercialización comenta que la comunidad universitaria no representa sólo una parte de su zona de ventas, la cual abarca los estados de Puebla, Tlaxcala, Oaxaca y Veracruz.
“A veces es difícil volver autosustentable el asunto, es decir que los mismos colegios jesuitas consuman publicaciones jesuitas. Más bien lo que hemos visto que funciona es atender eventos con temas relacionados con el material que tenemos”. Congresos, ferias como la del libro universitario en Jalapa o la red de librerías Educal de Conaculta permiten que los textos editados en Puebla tengan circulación fuera de la ciudad.
Una estrategia que desgraciadamente no ha funcionada, comentan Pinto y Escárcega, es la de generar interés en los estudiantes a través de los docentes. Escárcega considera que muchas veces los títulos no cubren las necesidades específicas de los académicos sino que van más allá de los temas analizados en el aula. Pinto, por su parte, menciona que el estudiante no tiene la cultura de gastar en libros y prefiere utilizar ese dinero en un fin de semana de fiesta, equivalente al costo de uno o más ejemplares. Su mayor mercado dentro de la comunidad, dice, son la gente de postgrado y los académicos que acuden al pequeño punto de venta dentro de la universidad.
Pero no sólo la falta de interés del público genera dificultades. La falta de recursos para promocionar sus productos provoca que un sector del estudiantado ni siquiera sepa que su institución tiene una editorial, a decir de Pinto. A pesar de ello, varios de los títulos agotan sus primeras impresiones y es necesario reimprimirlos o reeditarlos, tareas que en ocasiones se complica cuando se trata de coediciones, pues la decisión no sólo depende de la UIA. En otros casos, los autores no pertenecientes a la comunidad, cuando ven que su trabajo vende bien se llevan su obra a editoriales más comerciales.