Conocemos el mundo y el am-biente que nos rodea gracias a nuestros sentidos. En una ex-celente revisión bibliográfica, S. Machado y colaboradores señalan: el aprendizaje y la memoria son procesos co-rrelacionados capaces de sufrir modificaciones en función de estímulos ambientales. Desde el punto de vista procedimental, no se consigue separar el aprendizaje de la memoria, ni resulta posible realizar dicha distinción dentro del circuito neuronal. Rev. Neurol, 2008; 46(9): 543-549. La medida de lo aprendido se relacionaría con la me-moria, siendo ésta la expresión de la capacidad de recuperar información adquirida. Por tanto, los dos procesos tienen una re-lación íntima.
En su artículo, este grupo de investigadores explica que en el “lenguaje” del sis-tema nervioso, aprender significa producir una referencia básica a través de los patrones neuronales construidos e incorporados a lo largo de las diversas etapas comprendidas entre el nacimiento y la madurez. El aprendizaje y la memoria se incorporan durante toda la vida, lo cual nos permite prepararnos para situaciones de respuesta ante un estímulo anteriormente vivido. En este contexto, el aprendizaje es el proceso gracias al cual los seres humanos y los ani-males adquirimos conocimientos sobre el ambiente que nos rodea. La memoria sería la capacidad del individuo de retener y utilizar informaciones de diferentes maneras y en diferentes períodos.
Por lo general, pensamos que el proceso cognitivo de aprendizaje es una tarea úni-ca del cerebro. Sin embargo, en ella participa todo el cuerpo. Antonio Damasio, en su libro El Error de Descartes (2006), ex-plica: el cerebro y el cuerpo están indisociablemente integrados mediante circuitos bioquímicos y neurales que se conectan mutuamente. Esta interconexión se lleva a cabo por medio de dos rutas. La ruta de los nervios, constituidos por el sistema pe-riférico sensorial y motor que transportan señales desde cada parte del cuerpo al ce-rebro, y desde el cerebro a todas partes del cuerpo. La otra ruta es el torrente sanguíneo, que transporta señales químicas tales como las hormonas, neurotransmisores y moduladores. Además, hay que considerar que el cerebro recibe señales no sólo del cuerpo, sino también de otros sectores del cerebro, de parte de sí mismo, que re-ciben señales del cuerpo.
El organismo constituido por la asociación cerebro–cuerpo interactúa con el am-biente como un todo, sin ser la interacción sólo del cuerpo o del cerebro exclusivamente. El ser humano, no sólo interactúa generando respuestas externas espontáneas o reactivas que conocemos como comportamiento, también produce respuestas in-ternas, algunas de las cuales constituyen imágenes (visuales, auditivas, somatosensoriales, entre otras). De acuerdo a Dama-sio, estas respuestas internas son la base de lo que conocemos como mente.
Las respuestas internas a los estímulos generan representaciones neurales que con-sisten en modificaciones biológicas creadas mediante aprendizaje en un circuito neu-ral, esto es, en un área del cerebro. Estas representaciones, a su vez, se convierten en imágenes en nuestra mente. Las imágenes mentales se originan de las señales procedentes del sector apropiado del cuerpo, por ejemplo, del ojo y de la retina. Estas señales son transportadas por las neuronas hasta el cerebro. Las señales de los nervios sensoriales interaccionan con sus respectivas áreas en la corteza cerebral (corteza sensoriales iniciales o tempranas de la vi-sión, del oído, de las sensaciones somáticas, del gusto y del olfato). Finalmente, las representaciones organizadas topográficamente resultan de la interacción concertada de estas áreas, no de una sola de ellas.
En la construcción de estas imágenes también participan otras áreas del cerebro. Entre éstas se encuentran las áreas que producen las señales motrices y químicas (tallo cerebral, núcleos hipotalámicos y las cortezas motrices). Y entre las áreas sensoriales y las que acabamos de señalar se encuentra la corteza de asociación. En esta área del cerebro se congregan diferentes sis-temas y núcleos cerebrales que conforman un gran “órgano” de información y gobierno (sistema límbico, ganglios basales, etcétera), este gran grupo de sistemas, contiene el co-nocimiento innato y el adquirido sobre el propio cuerpo, el mundo exterior y el propio cerebro en cuanto interacciona con el cuer-po propiamente dicho y el mundo exterior.
Este conocimiento se almacena en for-ma de representaciones disposicionales y constituye nuestro depósito completo de co-nocimiento, que comprende tanto el innato como el adquirido por experiencia. La adquisición de nuevo conocimiento se con-sigue mediante la modificación de dichas representaciones disposicionales. El conocimiento objetivo que se requiere para el razonamiento y la toma de decisiones lle-ga a la mente en forma de imágenes.
Las representaciones mentales que se han producido como respuesta interna a los estímulos del medio ambiente, el cerebro las ha almacenado en forma de me-moria a través del aprendizaje. Estas imágenes son producidas por el propio cerebro. De acuerdo a Damasio, todo lo que uno puede saber a ciencia cierta es que son reales para uno mismo, y que otros se-res forman imágenes comparables. Com-partimos nuestro concepto del mundo ba-sado en imágenes con otros seres humanos, existe una notable regularidad en las descripciones que individuos diferentes ha-cen de los aspectos esenciales del ambiente (textura, sonidos, formas, colores, espacio). Según Damasio, no sabemos, y es im-probable que lo lleguemos a saber nunca, a qué se parece la realidad “absoluta”.
No nacemos huérfanos de conocimiento. El cuerpo posee hormonas, neurotransmisores, inmuno–moduladores y otras tan-tas sustancias que evocan respuestas que el cuerpo responde con un comportamiento específico. Estas respuestas son innatas. Junto a esta tenemos una red de radares que nutren a nuestro cerebro de la información necesaria y suficiente para tener una representación de la realidad que circunda nuestro cuerpo. Todo esto interactúa haciendo que áreas del cerebro estimuladas envíen información a otras áreas del cerebro.
Estas representaciones pueden ser una fantasía, pero son una fantasía que coincide con la realidad (Chris Frith, 2007).
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