Hace algunos días, en uno de esos ratos de flojera en que cualquiera se sienta a cabecear frente al tele-visor, tuvimos la pena o la mala suerte de captar la señal transmitida por TV Azteca que en ese momento difundía la entrega del premio “Principios” que, según se in-formaba, se estableció para distinguir a las emisiones con “los mejores contenidos en televisión y radio”.
Algo que llama la atención, es que, al parecer, este premio y su transmisión son contratados, pagados y otorgados por el “Consejo de la Comunicación–Voz de las Empresas”, según se afirmó varias ve-ces durante la transmisión televisiva. Y que, para esto, ambas televisoras Azteca y Televisa, trabajaron juntas combinando presentadores y presentadoras, como las veces en que se ocupan de las transmisiones gubernamentales. Aunque esto último no debe extrañarnos mucho, pues cuando se trata de negocio es claro que estas empresas son capaces de sacrificarlo todo por las ganancias, sean económicas, por supuesto, pero también políticas.
Así pues, todo indica que se trata de un premio establecido por las empresas para festejarse entre ellas mismas, para pagarse los favores que se hacen entre ellas, aunque esos favores cuesten dinero –el pago y el cobro de y por publicidad forma un círculo vicioso con los pro-gramas que se emiten–, y para intentar convencer al público de que lo que esas mismas empresas transmiten (tanto programas como publicidad) son lo mejor para nuestra formación en valores, para mejorar nuestras costumbres, “para cultivar el intelecto”, como se decía hace unos años y, por supuesto, para gastar nuestro dinero en los productos que sus dueños y sus amistades producen.
Y para muestra, algunos botones, sin distinguir la televisora de origen:
–Telenovela “Destilando Amor”, de la que se destacaba su contribución a la formación en valores y costumbres de la población del campo mexicano. De esta telenovela, primero, tendríamos que re-cordar que es una copia literal de otra más antigua y colombiana, que se llamó “Café con aroma de mujer”, sólo que en esta versión mexicana, en lugar de decir “café”, se decía “tequila”; y segundo, que los valores más destacados del guión son la infidelidad (a la comunidad, a la familia y a la pareja), la venganza, la explotación de los obreros y jornaleros agrícolas, y la acumulación de grandes capitales por un puñado de empresarios.
Pero eso sí, todo enmarcado en bellísimos paisajes naturales y rurales de la Re-pública mexicana.
“Mentiras y verdades”, una serie cor-ta de programas por los que se pretendió celebrar el 50 aniversario de las telenovelas en México. De estos programas, si algo habría que destacar, aparte de algunas escenas que nos transportaron a nues-tra infancia, es la capacidad de hacer que las personas invitadas (actores y actrices telenoveleras) cayeran en la dinámica de cualquier reality show actual y perdieran cualquier asomo de pudor sobre su vida privada y sus historias personales, favoreciendo que el morbo se apodere de las y los televidentes.
–Un tercero, el programa “Vecinos”, destacado en este premio por algo así como la profundidad y el humor con los que aborda la problemática y las situaciones de las familias que viven en las grandes ciudades. Y bueno, este programa, si bien puede clasificarse entre los que actualmente se consideran cómicos, muy lejos está de abordar con alguna pro-fundidad cualquier problemática urbana en el país.
Además, para que las y los criticones no digamos que estas empresas tienen solamente interés en participar del control político, económico y de las ideologías de nuestras sociedades, también otor-garon su premio a otras emisiones que, si bien tienen un alcance muy limitado, se trata de programas elaborados, estos sí, por profesionales serios de educación y comunicación. Desgraciadamente a es-tos profesionales se les permite trabajar solamente en radios locales, y en el canal 11 o en el 22 del Distrito Federal, que son inaccesibles para muchos lugares donde las empresas macro llegan sin problemas.
Pero eso no fue todo. En el más puro tono empresarial–gubernamental, las dos empresas televisoras más grandes se premiaron también por sus campañas de asistencia a personas necesitadas, es de-cir, por su capacidad de eludir los im-puestos que les correspondería pagar, convirtiéndolos en grandes donaciones disfrazadas de buenas acciones.
Y para cerrar con un broche de oro a la medida de sus necesidades, los dueños del premio, el Consejo de la Comunica-ción–La Voz de las Empresas, llevaron al presidente Felipe Calderón (al más pu-ro estilo gubernamental, pero al revés, ahora el presidente accedió a ser usado) para que testificara y avalara “la alta ca-lidad” de las emisiones distinguidas con este galardón, y para mostrarnos a todas y a todos que la voz del gobierno no es más, ni tiene capacidad de ser más que “La Voz de las Empresas”. Y esto, en ver-dad, sí que es una pena.
*Centro Fray Julián Garcés