Velvet Boy es una persona, un personaje. Pero también un concepto y un espectáculo que combina creatividad, color y sonidos electrónicos. Un juego andrógino y sensual con el público que nació en Puebla en 2001 en la mente de Arturo Loría y que ha evolucionado más allá de la mera teatralidad inicial para poseer ahora una presencia escénica sólida que complementa la calidad musical.
El nombre aterciopelado del concepto, dice Loría, es una conjunción de tres elementos presentes en el momento de bautizar a su alter ego. Por un lado, la influencia de su ídolo David Bowie y la película Velvet goldmine, que cuenta la historia del glam rock y del propio Bowie. En segundo lugar, la frase ‘young velvet porcelain boy’ de una canción de Madonna, otra de sus influencias musicales. Y por último, el acercamiento a la obra del grupo de los 60 Velvet Underground.
Del primer concierto oficial con Velvet solo, acompañado únicamente de una lap top y mucha actitud glam, la evolución natural del proyecto incorporó desde inicios de 2008 la guitarra folk de Yush, la batería metalera de Omar y la actitud del bajo de Dave.
A pesar del contenido abiertamente sexual de sus letras, y del espectáculo en general, el músico nunca tuvo problemas en el escenario. No obstante, a Loría no le deja de sorprender que el grupo haya tenido tan buena aceptación considerando la tradición moral de Puebla. El único incidente que recuerda sucedió en una de sus primeras tocadas, antes de iniciar su labor más intensa en Cholula.
“Estaba cantando y alguien me gritó desde el fondo del lugar ‘puto’. Yo le contesté ‘eso no fue lo que me dijiste anoche’ y todo el público se rio. Entonces, cuando tú juegas con el público, él juega contigo”.
La sexualidad de Velvet Boy dentro y fuera del escenario alguna vez provocó que en una entrevista le preguntaran si su música era para homosexuales. Su respuesta: “Yo creo que es para la gente. Para que el público la descifre”. Finalmente, “la música no tiene sexualidad”, concluye.
Inquietud y crecimiento
“El rock es una experiencia colectiva, nunca individual. La relación entre el rocker en el escenario y el público es vital. La meta es ofrecer algo distinto a lo cotidiano”, dice Loría. Y aunque a primera vista su espectáculo parece más enfocado a lo visual que a lo sonoro, la búsqueda siempre ha sido ofrecer una experiencia musical que el público pueda disfrutar en la comodidad de sus casas, a través de su myspace o del disco –que espera salga pronto.
Luego de un par de años de actividad continua, la inquietud y las ganas de cautivar a otros públicos llevaron a Velvet Boy, el concepto y la persona, al Distrito Federal. Sin embargo, no se despide definitivamente de Puebla y Cholula. El proyecto musical ofrecerá una fiesta en el bar Anónimo, en San Andrés, mañana jueves 14 de agosto, a partir de las 21 horas. En ese acto, bautizado como Sodoma & Gomorrah Show se escucharán los dj sets de amigos y las voces de todo aquel que quiera entrar al juego del chico terciopelo y sus secuaces. Eso sí, disfrazados para que la entrada salga más baras.