El otro momento de forcejeo y roce, que causó por igual indignación y alegría en los curiosos, surgió cuando, por la fuerza, un nuevo grupo de policías, armados únicamente con su macana, prácticamente cargo, arrastró y colocó a mujeres y menores de edad en patrullas para llevarlas a la comandancia, ante la resistencia, el temor y el llanto de los familiares y de los propios detenidos.
El saldo físico: seis vendedoras detenidas, más de una decena de personas lesionadas, (inspectores, ambulantes y policías) y la mercancía decomisada o arrojada a la basura. El saldo político y social, según los gritos de los ciudadanos que fueron testigos de los hechos: “vuelvan a votar por el PRI, vuelvan a votar por el PRI”; “eso hacía falta, autoridad, y no miedo como ocurrió con los panistas”, rebatieron.
El aviso
El primer episodio de la batalla entre el ayuntamiento de Atlixco y los líderes de vendedores, María Luisa Hoyos, dirigente “tras bambalinas” de la Unión de Locatarios y Comerciantes Independientes (ULCIA), y Leovigildo Jiménez Tapia, Secretario vitalicio de la CROM, ocurrió el pasado fin des semana.
Con la consigna “nosotros y nuestros hijos tienen hambre”, el mismo grupo de mujeres ambulantes (asesoradas por María Luisa Hoyos) defendieron el jueves con palos, cuchillos, agua y mentadas de madre su espacio en la 5 Poniente. Frente a ellas, comerciantes ubicados en el interior del mercado Benito Juárez (seguidores de Leovigildo Jiménez) decidieron literalmente aventarles una pesada camioneta para demostrar que su llegada, además de violar los acuerdos previos con la autoridad local, significa problemas para la carga y descarga de mercancía. Y eso encendió la mecha que finalmente estalló este domingo.
Las anteriores posturas estuvieron a punto de desencadenar un fuerte enfrentamiento, el cual finalmente ocurrió entre las 9 y 11 de la mañana de ayer. El antecedente por escrito de los hechos, y que sirvió como pretexto a la autoridad para dejar entrar a los granaderos, es el pacto del 22 de mayo sellado en los siguientes términos: “los comerciantes que se encontraban vendiendo en la calle 5 Poniente, entre avenida Independencia y 3 Sur, los días jueves y domingo, se reubicarán en la 11 Poniente; los días de venta en el lugar convenido serán únicamente los jueves y domingo; y a cada comerciante se le asignará un metro cuadrado para realizar su actividad correspondiente”.
Todo quedó calientito el fin de semana por un pequeño incidente: mientras Josué Chávez Castañeda, director de Gobernación en el gobierno de Eleazar Pérez Sánchez, explicaba a la gente de Leovigildo Jiménez que ya había un ultimátum para las “Marías”, y que era sostener una reunión el viernes 8 de agosto en palacio municipal a fin de llegar a acuerdos, una de las agremiadas de María Luisa Hoyos lanzó a la cara del funcionario una calabaza que se estrelló en las grabadoras de los reporteros y salpicó el traje del burócrata.
“Oras, pendejo”
Tal y como estaba previsto, a la cita del día siguiente (viernes) con el director de Gobernación, no llegaron los líderes o representantes de la ULCIA y tampoco el grupo de “Marías”. El tiempo quedó agotado y en una entrevista, el regidor de Gobernación, Miguel Trinidad Sánchez Romero, había adelantado: “Esperábamos una comisión; sin embargo, vamos a ponernos en contacto con ellos ya que el objetivo es agotar el diálogo y las alternativas para resolver el conflicto. Aunque debo decir que estamos sorprendidos por su actitud de desacato al acuerdo del 22 de mayo. No podemos olvidar la opción de aplicar el reglamento y levantarlas con la fuerza pública. Pero esto sería lo último por no existir delito que perseguir. Sólo se trata de una sanción administrativa”.
El pacto nunca llegó, y desde las 6 de la mañana de ayer domingo más de una veintena de mujeres indígenas quedaron instaladas sobre la acera de la 5 Poniente. La única diferencia, con respecto al jueves, es que fue entre las 3 y la 5 Sur, y no entre las 3 y la avenida Independencia, como ocurre habitualmente.
Tres horas después, surgieron los primeros indicios de que algo estaba planeándose. Aparecieron tres camionetas del departamento de inspectoría que fueron estacionadas frente a las frutas y legumbres. Eso provocó que las “Marías”, quienes al detectar a Mateo Flores, el responsable de esa área, de inmediato soltaran reclamos. Replegado, el funcionario escuchó y alcanzó apenas a contestar algo.
Enseguida, Salvador Torres, que funge como asesor o coordinador de los directores en el ayuntamiento, y que en el gobierno panista de Felipe Velásquez cumplió la tarea de director de los mercados, desencadenó más la ira de las mujeres al treparse a una de las camionetas blancas para retar a las vendedoras. A cambio recibió jitomatazos. Incluso, fue acusado por una de ellas de golpear a su hija que intentaba defender a su progenitora y su mercancía. “Yo si dije: ¡oras, pendejo, tu no eres policía!, ¿porqué golpeas a mi hija?”.
Alejandro González Rodríguez, director de Seguridad Pública, comentó a la prensa que el motivo de la intervención de sus elementos era la reincidencia de los ambulantes. “Era más un capricho. Y ya era tiempo de hacer sentir que podemos hacer las cosas bien. Agotamos hasta las últimas instancias del diálogo. Recibimos mucha agresión de parte de las señoras a los inspectores y a los policías. Es más, dos están lesionados con arma blanca”.
Es “importante”, dejar en claro que el ayuntamiento apuesta por el diálogo. “Quizá la gente no entienda nuestro trabajo, pero es necesario hacer cumplir la ley. Y estoy de acuerdo que no es uno de los métodos más recomendables porque las señoras ganan el pan con el sudor de su frente. Pero eso no significa que puedan salir a vender donde quieran”.
Finalmente, una de las afectadas, originaria de San Juan Tianguismanalco, municipio aledaño a Atlixco, además de quejarse de que sus líderes “nunca acudieron” a ayudarlos, retó a la autoridad: “¿No sabemos cuál es el enojo o dolor de ellos?; únicamente vendemos dos días, y la otra gente viene toda la semana. Solas tenemos que defender de lo que vivimos. No somos delincuentes. Tenemos quelites, rábanos, lechuga. ¿Es malo? No comercializamos nada fuera de la ley. Una cosa: aquí vamos a estar, vamos a regresar; y no importa morirnos en el intento”.