Al menos esa es la explicación que los vecinos de la zona dan al hecho de que haya sido reabierto el lugar, un domicilio particular donde abiertamente se ejerce la prostitución, pues consideran que sólo con la ayuda de funcionarios municipales se pudo poner en funcionamiento en menos de 15 días.
Aunque el titular de Registro y Fiscalización del ayuntamiento de Puebla, José Ventura Rodríguez Verdín, no pudo ser localizado para conocer la situación de “Extremas”, fuentes municipales señalaron que el caso corresponde al gobierno del estado, pues en la casa se comercializaban drogas además de que se presumía la prostitución de mujeres menores de edad.
De acuerdo con un boletín de prensa difundido por la Secretaría de Salud (Ssa) del estado, el 15 de julio pasado la casa de masajes sólo fue suspendida temporalmente por la Dirección de Regulación y Fomento Sanitario debido a que el establecimiento “no cumplía con las normas sanitarias adecuadas”. De acuerdo con la información ofrecida por la dependencia, la medida de seguridad “consistió en la suspensión temporal de trabajos y servicios”.
En esa operación, donde además fueron visitados otros bares y se tomaron muestras de licor, participaron agentes de la Subsecretaría de Seguridad Pública, Protección Civil estatal, municipal, Registro y Fiscalización del ayuntamiento, Ministerio Público, la Policía Metropolitana, Estatal, Municipal, Seguridad Vial y Procuraduría de Justicia.
300 pesos por servicio
Llegar a “Extremas” no resulta muy difícil. El número 5522 de la avenida Prolongación de la 11 Sur está particularmente agrandado para ser distinguido con facilidad por los automovilistas, principalmente por las noches.
Adicionalmente, en la esquina de la 55 Poniente un par de hombres reparten “tarjetas de presentación” del lugar, donde se ofrecen servicios de tres tipos “en un mismo lugar”: ejecutivo, intermedio y básico, y los precios varían de los 300 a los mil pesos por una relación sexual (masaje) de una hora de duración. En ocasiones, son las propias prostitutas quienes reparten las tarjetas únicamente a conductores masculinos, solos o acompañados por otros hombres; nunca a quienes van acompañados por mujeres.
Entre el tubo y cámaras de video
Pintada de verde y con 15 metros de frente, la casa de masajes “Extremas” parecería domicilio particular como cualquier otro de Prados Agua Azul si no fuera por las dos cámaras de video que vigilan el tránsito en la Prolongación de la 11 Sur, así como a quien llega por sexo.
Tras la presentación de rigor –“vengo por el servicio”–, dos individuos revisan al cliente buscando armas o drogas. Luego, una explicación sencilla: “el servicio incluye una relación sexual de una hora, con dos posiciones distintas y desnudo total; no se puede besar a la chica. Si quieres una o más posiciones, ya tiene un costo adicional. Aquí tenemos instalaciones y servicio de bar. Si quieres sacar a la chica, la hora comienza a contar a partir del primer minuto que salga de aquí”.
Si uno quiere ver y escoger “el material” (así se les dice a las mujeres), hay que pagar 60 pesos: instalados en un cómodo sillón de piel ubicado en un amplio salón con una barra con licores y pintado en diversos tonos, una muchacha del “staff” se presenta como anfitriona y anuncia la “pasarela”; frente al sillón, un tubo de “table dance” pintado de negro hace sentir al cliente que habrá algo prometedor.
Al otro extremo del salón hay una mezcladora con diferentes tipos de música, y junto a ésta, los monitores de las cámaras de video que vigilan las calles. La luz se apaga y comienzan los reflectores multicolores; una a una, salen Mary, Damaris y cuatro mujeres más de un total de 10 enlistadas en un pizarrón que marca sus horarios de trabajo, a partir de la 9 de la mañana.
La primera mujer que sale difícilmente podría llegar a tener 18 años, pero esto es una especulación; de mirada triste y siempre agachada, además de una delgadez y un color de piel pálido, producto de una pésima nutrición, la jovencita da dos vueltas agarrada del tubo y se presenta diciendo su nombre y dando un beso en la mejilla, todo con desgano y sin el mayor entusiasmo, a pesar de los gritos y porras de la mujer del “staff”.
La acción se repite cinco veces más con mujeres de variadas edades: algunas de ellas con actitud totalmente indiferente, otras con miradas lascivas e invitaciones directas a ver más allá de la ropa entallada y las tangas negras o blancas, pero todas con una banda color azul con la leyenda exxxtremas.com, en referencia a una página de internet que no existe. “¿Cuál vas a escoger?”, dice la muchacha del staff.
La casa de masajes parece un lugar tranquilo, pero son los vecinos de Prados Agua Azul quienes padecen el bloqueo de sus entradas, debido a que el lugar no cuenta con estacionamiento, así como de escándalos en las madrugadas de los jueves, viernes y sábados. Aunque gozaron de tranquilidad por unas semanas, ahora se preguntan por qué el lugar volvió a ser abierto.