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Lunes, 11 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Economía
 
 

Urge aplicar medidas para aliviar los efectos negativos del alza de precios: FAO

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) recomendó a los gobiernos proteger a las poblaciones más vulnerables a las crisis de los precios de los alimentos para que puedan enfrentar la carencia nutricional y la disminución de su poder adquisitivo real. Esta protección no sólo evitará muertes, sino que mejorará sus condiciones de vida y fomentará el desarrollo a más largo plazo.

 
Carla Toledo
Puebla, Pue.

En el documento “Aumento del precio de los alimentos: hechos, perspectivas, impacto y acciones requeridas” el organismo establece que los gobiernos y los socios de desarrollo de todo el mundo deben aplicar medidas normativas y medidas prácticas urgentes para fomentar los efectos positivos y aliviar los efectos negativos del encarecimiento de los alimentos.

La FAO recomienda adoptar de forma inmediata un enfoque de doble componente con el objetivo de mitigar el impacto del elevado precio de los alimentos y los combustibles sobre los grupos de población más débiles mediante redes de seguridad y transferencias directas, y simultáneamente llevar a cabo políticas y programas destinados a promover el desarrollo rural y agrícola a corto y largo plazo.

Durante el primer trimestre de 2008, los precios nominales internacionales de los principales productos alimentarios alcanzaron los niveles máximos de casi los últimos 50 años, mientras que los precios en términos reales fueron los más altos en casi 30 años. Aunque la situación del mercado alimentario varía según el país y la evolución futura es aún bastante incierta, las mejores proyecciones obtenidas indican que probablemente los precios de los alimentos continuarán siendo elevados durante los próximos años, lo que se prevé que afectará a los mercados de la mayor parte de los países en desarrollo.

Para una gran parte de los 800 millones de personas que ya padecen hambre crónica, el encarecimiento de los alimentos puede resultar devastador. A ellos se han unido ya otros muchos millones de personas que ahora no pueden comprar la comida que sus familias necesitan para llevar una vida sana.

En un futuro inmediato, es probable que los hogares de las ciudades y las zonas rurales (incluidos los hogares rurales más pobres que son de forma predominante compradores netos de alimentos) que dedican una parte importante de sus ingresos a los alimentos serán quienes más perjudicados resulten.

Un desencadenante crítico del repunte de los precios ha sido el descenso de la producción de cereales en los principales países exportadores, que comenzó a disminuir en 2005 y continuó en 2006, con una reducción anual del 4 y el 7 por ciento respectivamente. La reducción gradual del nivel de reservas, especialmente de los cereales, desde mediados de la década de los 90 es otro factor atribuible a la oferta que ha influido considerablemente en los mercados en los últimos tiempos.

 

Biocombustibles

El mercado emergente de los biocombustibles constituye una fuente de demanda nueva e importante para algunos productos agrícolas, como el azúcar, el maíz, la yuca, las semillas oleaginosas y el aceite de palma. El aumento de la demanda de estos productos ha sido uno de los principales motivos del aumento de sus precios en los mercados mundiales lo que, a su vez, ha generado el encarecimiento de los alimentos.

De los principales productos alimentarios y forrajeros, la demanda adicional de maíz (materia prima para la producción de etanol) y colza (materia prima para la producción de biodiesel) ha mostrado el mayor impacto potencial sobre los precios. Por ejemplo, de los casi 40 millones de toneladas en que aumentó la utilización mundial del maíz en 2007, prácticamente 30 millones fueron absorbidas únicamente por las plantas de etanol, sobre todo de Estados Unidos. Se prevé que más del 30 por ciento de la cosecha de maíz de 2008 del país se desviará a las destilerías de etanol, lo que supone más del 12 por ciento de la producción mundial de maíz.

En la Unión Europea, se calcula que el sector del biodiesel ha absorbido aproximadamente el 60 por ciento de la producción de aceite de colza de los estados miembros en 2007, lo que equivale al 25 por ciento de la producción mundial y al 70 por ciento del comercio mundial de este producto en 2007. El punto problemático no reside sólo en la cantidad que puede destinarse de cada cultivo a los biocombustibles, en lugar de a alimentos y forraje, sino también en qué cantidad de la superficie apta para el cultivo puede dejar de utilizarse para producir otros cultivos y destinarse a los cultivos utilizados como materias primas para la producción de biocombustibles.

Las consecuencias más visibles del impacto económico por el encarecimiento de los alimentos y el aumento de los costos del combustible son el malestar social y los disturbios motivados por el hambre que se han producido recientemente en la mayoría de los continentes, y en especial en las zonas urbanas en las que las personas han resultado más perjudicadas. Son especialmente vulnerables los países menos desarrollados con niveles altos de pobreza e inseguridad alimentaria y grandes grupos de población que dedican el 70–80 por ciento de los ingresos del hogar a la comida.

Mucho menos visibles, aunque no por ello menos importantes, son las difíciles elecciones a las que tienen que enfrentarse las familias, especialmente las más desfavorecidas, debido a su rápidamente decreciente poder adquisitivo. El riesgo que sufren estos grupos de población de padecer mayor inseguridad alimentaria y malnutrición es alto, ya que las familias deben dejar de consumir fuentes proteicas y otros alimentos ricos en nutrientes más caros y dependen de los alimentos con alto nivel energético y costo menor para conservar un nivel mínimo de productividad. Los hogares desfavorecidos se ven obligados a comprometer la atención sanitaria, la educación y otros gastos familiares no alimentarios, subraya la FAO.

 
 
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