El eclecticismo de Morán y su proyecto Zompantli (“altar de calaveras” en náhuatl) de música y danza no es único en la gran manzana, como su mismo creador reconoce. Su propuesta compite con muchas otras que ofrecen raíces indígenas mexicanas, además de otros experimentos que combinan sonidos electrónicos con instrumentos aborígenes australianos o la mezcla de música japonesa con reggae.
A diferencia de otros artistas que se conjuntan en la ciudad estadounidense, Morán se dedica por completo a su labor creadora. A excepción de él, los demás integrantes de Zompantli trabajan en restaurantes o en la construcción, y usan el arte como un medio para expresarse y mantener el contacto, de cierta manera, con su país y sus raíces.
Antes de su cambio de residencia, Morán era miembro de 9 ojo de reptil, agrupación de música prehispánica que desarrolló una trayectoria de más de ocho años. Con este grupo llegó a escenarios de la talla del festival Vive Latino y a abrirle a la banda de rap estadounidense Cypress Hill, ambas ocasiones acompañando a los raperos mexicanos de Sociedad Café; asimismo, 9 ojo de reptil fue parte de la primera y segunda edición del Festival Internacional de Puebla y se ha presentado en distintos escenarios de la ciudad.
En México había encontrado espacios para mostrar su trabajo y en ocasiones él y el grupo habían conseguido apoyo de instancias gubernamentales. ¿Qué es lo que falta entonces?, se le preguntó.
–La mayoría de la gente que quiere escucharte o contratarte quiere que las cosas sean gratis. Los materiales y los instrumentos que nosotros manejamos son muy caros, además de que tienen un valor sentimental debido a que han sido utilizados en ceremonias religiosas prehispánicas. Entonces, es ridículo escuchar a políticos o gente de la iniciativa privada que te dicen “tengo mil pesos y el plato fuerte de la noche vas a ser tú”.
–¿Entonces lo que falta es la cultura para saber pagar por estos espectáculos?
–Exacto. 9 ojo de reptil ya se había presentado en muchos escenarios importantes, entonces considerábamos que podíamos cobrar más. Y poca gente aquí en México lo paga.
La decisión de llevar su trabajo fuera de los límites del país no fue una búsqueda puramente artística o de mayor remuneración económica, reconoce. Uno de los factores que intervino fue familiar. “Al principio yo no quería irme de México porque necesitaba más experiencia. Cuando decidí irme con mi mujer (ciudadana estadounidense) ya me sentía listo para estar en el extranjero”.
“En México también es posible tener éxito, pero es más difícil si no tienes los contactos adecuados o tu trabajo no ha trascendido las fronteras”, dice el músico.
Otra ventaja que ha tenido en Nueva York ha sido el apoyo que se le da a la cultura latina en esa ciudad. Las marcas comerciales conocen la importancia de ese sector de la sociedad estadounidense y promueven su arte como una estrategia de venta. Sea como fuere, Morán ha logrado acercar la cultura prehispánica a las diferentes nacionalidades que conviven en ese país, encontrando con tristeza que los anglosajones reaccionan de manera más positiva que el público latino.