Temporada 1998. Con escasos logros y numerosos reveses, Espectáculos El Relicario puso la plaza a disposición del gobierno estatal apenas concluido 1997. Lo malo es que allí no parecían tener prisa en decidir quién sería el nuevo patrón de El Relicario, y avanzaba el año sin noticias al respecto. Rumores, muchos: que si volvía López Lima, que si Marroquín–López Sáenz tenían ya un socio solvente y entraban en la puja, que si Alfaga era el amarrado. Por fin, ya bien avanzado marzo, el Comité de la Feria se inclinó por la empresa Telecable de Puebla SA, cuyo propietario, Alberto Ventosa, aceptó el reto de organizar la serie de mayo con apenas tres semanas de margen. Notable la gestión de Raúl Ponce de León como responsable taurino, sobre todo en lo concerniente a la urgente adquisición de ganado. Casi al vapor armó una feria de 7 festejos (novillada incluida) con cartelería más que aceptable. En realidad, a partir del 1 de mayo en que el coso reabrió, en aquel 1998 vimos hasta ocho corridas, una mixta y cuatro novilladas, 13 festejos en total. Donde a 84 reses de 17 hierros ganaderos les cortaron 32 orejas: 25 los matadores y siete los novilleros.
Ganado. En sus pesquisas por el campo bravo, Ponce de León consiguió dos encierros de verdadero lujo por su trapío y juego, el de Teófilo Gómez (09.05) y el de San Martín (21.11), ambos para sendos manos a mano Zotoluco–Rafael Ortega. “Revoltoso” de Teófilo (608 k.) se llevaría el trofeo al toro de la feria. Otra excelente corrida, algo desigual de romana pero superior de comportamiento fue la de Felipe González, cuyo quinto toro, “Aguinaldo”, sería el único premiado ese año con arrastre lento (25.12). También serio y con algún animal de nota el encierro de Yturbe Hnos. (12.12). Aunque Mariano Ramírez y La Soledad mandaron a la feria sextetos muy estragados, el de la Llave para la Oreja de Oro tenía cara y sacó casta, y Galindo envió a la mixta del 5 de mayo un toro y un novillo notables. El otro arrastre lento de 1998 fue para un noble aunque muy escobillado utrero de Darío González, “El Mismo”, obsequiado y desorejado por Carlos García Méndez (27.09). Novilladas hubo dos muy bien presentadas de Zacatepec –con un sexto superior– y El Batán –también con dos magníficos. En cambio, Torrecilla confirmó su decadencia con una moruchada insufrible y García Méndez mandó un abecerrado saldo.
Matadores. Inevitablemente, el año lo acapararon El Zotoluco y Rafael, pareja de moda en todo el país. Como Gilio (4 orejas benévolas) actuaron tres veces para cosechar tres apéndices Eulalio (suya la mejor faena de la feria a “Gordito” de Teófilo), y cinco el menor de los Ortega, que ganó además la Oreja de Oro de la Asociación de Matadores desorejando por partida doble a “No me falles” de La Llave (30.05). Muy bien El Zapata en sus tres tardes (cortó 3 orejas, plantó cara al sensacional Juli en la mixta y debió premiársele su alarde de seca valentía con “Lunarcito”, el más áspero y cornalón de la Oreja de Oro). Manolo Arruza –un favorito de El Relicario en los tempranos 90´s—tuvo una cariñosa despedida con “Inolvidable” de Mariano Ramírez, cuyas orejas le fueron obsequiadas (16.05), y hubo también trofeos en su única presentación para Manolo Mejía (2), Ochoa, Alejandro Silveti y el venezolano Leonardo Benítez. Pero el suceso, por inesperado, iba a protagonizarlo Alberto Ortega, ya casi sin cabida en los carteles de El Relicario y que cuajó su mejor faena aquí cortando a ley las orejas de “Aguinaldo” de Felipe (25.12). Por contra, acusaron baja forma Gutiérrez, Capetillo, Pizarro y decepcionó Pedrito de Portugal. El Pana, en su única actuación, cosechó un par de broncas y tres avisos.
Entre los novilleros, si bien El Juli confirmó su triunfo del año anterior (2 apéndices de “Mil besos” de Galindo, 05.05), el amo terminó siendo Jerónimo, que venía muy puesto de España, desorejó dos señores novillos de El Batán al reaparecer (03.10) y en la repetición bordó a “Vendaval” de García Méndez. Dos orejas en otras tantas tardes cortó Carlos García Méndez y una muy protestada Jorge Mata. Tanto en la feria como en otoño comparecieron varios muchachos faltos de todo que no volveríamos a ver. Uno de ellos, Paco Aviña, sin cortar nada ganó el traje de luces al “triunfador” de la novillada ferial (21.05).
Mejor faena: Alberto y Jerónimo ex aequo. El 25 de diciembre, con los de Felipe González alternaron El Pana (que desperdició un lote de puerta grande), Alberto Ortega y Marco Camacho. “Ortega ofreció su versión más depurada… Asentado y torero, aprovecharía la incansable boyantía de “Aguinaldo”, el capacho y bravísimo quinto, para farolearlo de rodillas, lancear estatuariamente y bordarle un quitazo por ceñidas y lentas chicuelinas por el que se le obligó a saludar montera en mano. El alboroto creció en banderillas –particularmente cuando quebró a cuerpo limpio y sin irse dejó las cortas en lo alto—y ya no cesaría a lo largo de una faena iniciada con larga sesión de toreo de rodillas que incluyó una tanda completa de derechazos, soberbios de limpieza y temple. De pie, se emborracharía de torear en series largas y de notable pureza. Si mantiene al toro en los medios, todavía estaríamos disfrutándolo. La espada cayó algo baja, pero las dos orejas no las discutió nadie. Salió en hombros.” (6 Toros 6, No. 235, 29 de diciembre de 1998).
Jerónimo ya había desorejado su lote de El Batán dos sábados antes cuando salió el novillo “Vendaval” de García Méndez, 4º de la tarde en que alternaba con Carlos García y Jorge Mata (17.10). “El animal, cara alta, embestida escasa y notoria mansedumbre, había protestado con secas cabezadas a la primera serie derechista, pero tuvo que tragarse un faenón de expresiva estética y sólido fondo torero, cuya parte medular fue puesta en marcha cuando el poblano consiguió ligar al derechazo deletreado un rotundo pase de pecho izquierdista sin la menor enmienda y, ya en plena euforia, a otro pechazo imperial el desdén zurdo más lento y templado que imaginarse pueda. A toro rajado, Jerónimo aderezó el guiso con más toreo en redondo, tres despaciosos molinetes a favor de querencia y enhiestos lasernistas fundido con el burel. Era faena de rabo pero… tampoco encontró los blandos hasta el tercer viaje. Aunque aún tuvo que descabellar la petición fue insistente y la vuelta al ruedo aclamadísima.” (6 Toros 6, No. 225, 20 de octubre de 1998).
Premisa. Ventosa Coghlan demostró que se podía cuidar la categoría de la plaza y la dignidad de la fiesta a la vez que los derechos y el bolsillo del aficionado. Y aún lo mejoraría todo al año siguiente. Ya veremos cuál fue la respuesta gubernamental.