Son adolescentes. Ella de 14. Él de 16. Estudiantes de secundaria. Novios desde hace dos años. Es decir, a los 12 de ella y 14 de él. Desde entonces tienen relaciones sexuales. El padre de él, les aconsejó platicar conmigo. Éste me llamó por teléfono. Acepté la responsabilidad. Me inquietó saber cómo abordaríamos el tema. Si ellos lo dirían o lo mencionaría yo. Llegaron tomados de la mano. Sus tiernos rostros iluminados portaban una sonrisa franca. Abierta. Se identificaron y dijeron en coro:
–¿Podemos hablar contigo?
–¡Claro! –respondí–, pasen.
–Nos dijeron que podíamos platicar contigo –adelantó la muchachita.
–Soy toda oídos.
–Nosotros somos novios y tenemos relaciones sexuales, dijo ella con la frescura que sólo ellos pueden tener.
–Ajá –emití turbada.
–Desde hace dos años. Nos conocimos y nos hicimos novios. Desde entonces estamos juntos. El muchacho asentía a lo que la joven decía. Su sintonía los llevaba a que cualquiera de ellos pudiera ser la voz cantante.
–Está bien.
–Sí, nosotros estamos muy contentos –dijo el chavo–. Nos queremos mucho.
–Cuiden su amor. Causa envidias.
–Sí. Hemos pasado por varias pruebas pero no nos han podido separar, continuó el joven. La chamaca añadió con energía: “Mis padres no están de acuerdo. Pero yo no les hago caso. Lo tengo a él y no nos vamos a dejar”.
–¿Qué te dicen tus papás?
–Cuando se enteraron me encerraron seis meses sin salir. No pude ni ir a la escuela. Pero una se da sus mañas.
–¿A qué de su relación se oponen tus papás?, pregunté a ella.
–A que tengamos relaciones sexuales.
–¿Cómo se enteraron?
–Leyeron mi diario.
–¿Se cuidan para no embarazarse?
–Sí, usamos condón.
–¿Hay compromiso de que sólo con tu pareja?
–¡Claro!, aunque una de sus amigas –dijo el muchacho–, el otro día me dio un beso, pero yo la empujé.
–Sí, el amor y la felicidad ajenas causa mucha envidia. Miren, lo que les puedo decir es que cuiden su amor. No permitan que nadie se meta. Cuídense de no embarazarse y de las enfermedades. Ya lo saben. Pero hay algo más que quiero decirles y que no se les olvide nunca: hay personas que tienen la suerte de encontrar al amor de su vida, o a su alma gemela temprano en la vida. Ustedes son de ellas. Hay personas que nunca tienen esa suerte. O no lo encuentran o ya es muy tarde. Ustedes tienen un privilegio: haberse encontrado muy temprano en la vida y estar juntos. Pero también tienen una gran responsabilidad: que le dure, que no se acabe. Que no se lastimen entre ustedes, que no lo echen a perder y que no permitan tampoco que nadie los lastime. Que crezcan juntos y se apoyen mutuamente. Cuenten conmigo. Aquí estoy para cuando algo se les atore. Saben dónde encontrarme.
–¿Te podemos decir tía? –preguntaron al unísono en tono alegre.
–¡Claro. Soy su tía Ale!