Cada mañana, la City despliega sus grises alas de acero y cemento para lanzarse en un vuelo alrededor de sí misma. Cada mañana, la ciudad se despierta para ser distinta a la de ayer. Cada mañana, la ciudad abre los ojos sin haber dormido. Cada mañana, la ciudad cambia sin dejar de ser la misma del día anterior, en una perpetua mutación marcada por la velocidad del smog.
La ciudad estimula la imaginación. Reta a los artistas a que la tomen por asalto, a que escriban sobre la piel de sus edificios. Reinventa el arte, (lo recrea y le da nueva vida) como se podrá apreciar en las propuestas callejeras, netamente urbanas nacidas de la unión entre la ciudad y distintos patrocinadores que tratan de lavarse la cara.
Pintores, escultores, graffiteros, cineastas, dibujantes y diseñadores gráficos han tomado por asalto a la ciudad y le han maquillado el rostro.
(Ahora la ciudad y sus espacios se han convertido en el blanco para conquistar la conciencia urbana. Pero ese gesto también se puede interpretar como una forma de esnobismo, de moda que mira hacia propuestas supuestamente alternativas, pero que en muchos casos sólo buscan acomodo en un mercado seguro).
Es ir adelante como fashion hunters y encontrar antes que nadie una forma más clara de consumo sin necesidad de convencer a nadie de comprar, aunque en muchos casos lo que alguna vez estuvo fuera del sistema, acabe por adocenarse y perder su sentido transgresor.
Y ahí están los tenis Panam para corroborar lo dicho aquí.
Y también ahí está la polémica en torno a Banksy para acabar de comprobarlo: el icono de la rebeldía y lo alternativo estudió en carísimos colegios particulares de Gran Bretaña. Para que vean que en todas partes se dan los esquizofrénicos sociales, para vergüenza del maestro Carlos Marx.
Sin embargo, tampoco podemos negar que el arte urbano es una forma sofisticada de guerrilla citadina: (revolución de las ideas y de los colores) que rompe con la monotonía y la grisura que se han adueñado de las calles.
Y como en algún momento ha señalado el escritor Pepe Rojo en sus apocalípticos artículos, en un futuro nada lejano (quizás ya toca a la puerta ahora mismo) las guerras se librarán casa por casa, manzana por manzana y barrio por barrio de las ciudades, como en una versión 3D de lo que ahora sólo se ve en la pantalla gracias a los modernos videojuegos.
Y si no le creen, recuerden aquella pesadilla logística ocurrida en Somalia hace unos años y que inspiró la durísima cinta La caída del halcón negro.
(El arte cabe en cualquier parte; sólo es cuestión de saber utilizar la pared adecuada).
Porque toda pared limpia es una provocación (y nadie puede ignorar) al grito de no dejen pared sin pintar, graffiteros de todo el mundo han hecho de edificios, casas y bardas un enorme lienzo donde han dejado su obra para la fugacidad y el instante. Nada dura, todo cambia y se transforma. Donde hoy hay un graffiti, mañana puede haber un anuncio publicitario. Nada es para siempre.
(Porque la moda no se crea ni se destruye: sólo pasa, ocurre y se va para volver algún día, en un círculo virtuoso).