–¿Quieren mucho a su virgen?, insistió el reportero.
–¡No es virgen, señor!, replicó un viejo hombre.
–Entonces, ¿qué es?
–Es la Santísima María Magdalena que vive en el pecado, reafirmó Ernesto, uno de los guardianes del templo.
El 22 de julio pasado fue la fiesta en esta comunidad rural y recia. Entonces las puertas de la parroquia quedan abiertas de par en par. Sin miramientos, sin temores, sin pretextos. Cualquier otro día, entrar es cuestión de una serie de trámites, no burocráticos, pero si de jerarquías en el pueblo. “Pídale permiso al presidente auxiliar”, recomiendan unos; “es cuestión de los responsables de la iglesia”, asume la máxima autoridad aquí. Todo para finalizar con dos sacristanes: “y... ¿pa’ que quiere saber de nuestra patrona?; siempre vienen, preguntan y preguntan y no son capaces de dejar nada a cambio”, reprochan.
El billete verde
Este año, María Magdalena portó un vestido rosa y un largo cabello de rizos color café. La mujer de tamaño real sigue en el diván y en esa cápsula de cristal, acomodada en el centro del templo. Resaltan los tres anillos, la medalla, la esclava, el collar y toda clase de alhajas de oro. Sin olvidar el casi nuevo billete de 20 dólares prendido en su pecho.
Juan Velásquez Sánchez es el más viejo guardián del centro de oración. Sus abuelos maternos y paternos llegaron de España a finales de 1893 en busca de un manantial de aguas sulfurosas y minerales. Todavía por sus labios patina el acento ibérico. “Santa María Magdalena es venerada aquí debido a que ella es quien entregó al pueblo el agua”.
–¿Ella trajo el agua a Axocopan?
–Eso ya no es un misterio. Y el día que logren hacerla enojar, el venero terminará por secarse para siempre. Aunque ya desde hace años comenzó la sentencia.
–¿Y quien la hizo enojar?
–La codicia y la ambición de la gente de Atlixco por el agua, afirmó sin titubear.
Domingo Rojas, platicó aspectos muy íntimos de su fiesta: “hablamos de todo un ritual para la santísima. Por ejemplo, una voluntaria ya lleva tres años seguidos que la cambia de ropa, y sólo falta uno”.
–¿Quiénes hacen ese acto deben ser vírgenes?
–Bueno... en realidad son mujeres puras (sic). La iglesia es cerrada, y entonces la desnudan para limpiarla con un aceite especial; enseguida colocan su ropa nueva. Nosotros como hombres no tenemos permiso de observar nada.
Rojas explicó que el billete verde colgado de Magdalena no es nada nuevo en comunidades como Axocopan. “cada uno de nosotros posee la voluntad de regalarle a la patrona cosas que consideramos convenientes. Unos dejan 2, 5, 10 o 20 dólares. De hecho los migrantes mandan o cuando están de visita aportan dinero; y las últimas remesas sirvieron para pintar toda la iglesia”.
Sin duda, el hombre que más tiene conocimiento sobre la historia de Axocopan es Santos Hernández, quien incluso escribió hace tres años un libro sobre la comunidad. “Es la reina del pueblo desde 1412, año en el que cuentan los indígenas había problemas de hambruna y de falta de agua, que resolvió con su divinidad. Por eso Magdalena es considerada como la patrona de las aguas”.
–¿Y porqué el diván y esa pose?
–Hasta donde se investigó, María Magdalena murió en el pecado; aunque resucitó en la penitencia. Cierto es también otro dato interesante del caso: existen testimonios de una imagen religiosa de Magdalena de pie, muy parecida a la virgen del Rosario, es decir, con una corona, sus manos unidas en el pecho y un vestido largo. Pero será hasta que la reivindiquen que podrán venerarla así, de pie.
–¿Y el ritual para cambiarla de ropa?
–Anteriormente se decía que ninguna mujer estaba facultada para subir a su lecho, altar o nicho. Además, los sacristanes en un momento determinado eran obligados a usar paños blancos para tomarla o moverla. Y en la actualidad, sinceramente muchas dicen ser señoritas, pero uno nunca sabe; y para evitar conflictos, el requisito es no ser casadas o tener hijos.
En ese contexto de la fiesta, Santos Hernández lamentó que una de las figuras de cohesión social en pueblos como Axocopan, los mayordomos, estén en proceso de desaparición. “Hoy el pueblo coopera para las grandes comidas del 22 de julio, y eso remplazó a los mayordomos que pronto desaparecerán. Ya no pagan las comidas. Días antes de los festejos es formada una comisión especial, bajo el criterio de la ubicación de las calles, con un presidente, un secretario y un tesorero que son los responsables de organizar todo”.
–¿Entonces, qué pasó con los mayordomos?
–La gente con ese interés ya no existe. Es una realidad. Y la siguiente figura es el voluntario, para terminar con la comisión. Y no quieren ser por dos razones: la situación económica; y porque las nuevas generaciones no alcanzan a comprender esa base social. Quizá sienten pena; y prefieren marginarse o incluso poner dinero a la sombra. Es una lástima.
El final de la historia de María Magdalena es una moraleja que los habitantes de Axocopan repiten como una advertencia: “hasta el momento nadie, absolutamente nadie tiene el honor, o mejor dicho, está vivo, para contar y constatar algo: con la santísima María Magdalena no se juega, a pesar de no ser una virgen”.