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Jueves, 7 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Tenemos una sociedad que mata y secuestra porque no cuenta con espacios creativos: Paloma Torres

 
Yadira Llaven
Puebla, Pue.

“La Secretaría de Educación Pública (SEP) debe crear un programa de Educación Plástica más allá de iluminar dibujos y de las manualidades, no con la idea de formar a artistas, sino de formar personas que utilicen la herramienta de la creatividad para resolver su vida diaria, su vida en pareja, con la familia y en su trabajo”, aseveró Paloma Torres, quien –desde ayer y hasta mañana viernes 8 de agosto– trabaja con 15 niños poblanos de los talleres de iniciación artística del proyecto “Alas y raíces” del Conaculta.

“Que te eduques en un ambiente artístico –argumentó–, te permite tener una mente más abierta y creativa para resolver los problemas diarios de la vida”.

Por culpa de la carencia de políticas educativas y culturales, dijo, “tenemos actualmente una sociedad que secuestra y mata a personas, independientemente de otras circunstancias, y fundamentalmente se está dando en México porque la gente no cuenta con espacios creativos; no tiene la posibilidad de voltear a ver y decir: ‘qué puedo hacer en la vida’, cuando les estamos cerramos los caminos. En lugar de que les demos los instrumentos y las herramientas en las escuelas, para que se desarrollen en el área que ellos quieran, sólo los encajonamos”.

Por ello, durante tres días, la artista plástica y heredera de toda una tradición familiar en la arquitectura ofrecerá un taller a pequeños, a partir de la explicación de su exposición Horizontes fragmentados, que se exhibe desde hace un par de semanas en el Museo Amparo.

Los pequeños participantes oscilan entre los ocho y 13 años de edad. De acuerdo con la mecánica del taller, ayer realizaron por la mañana un recorrido por la obra de Torres, que reúne medio centenar de esculturas cilíndricas, algunas hechas con cerámica y otras en acero, que semejan en conjunto una gran urbe.

Durante el ameno recorrido, Paloma fue explicando a Fer, Mayahuelt, Édgar, Miguel, Alexa, Carlos y Ariel, entre otros niños, el significado de las bases tubulares, de las imágenes y de los cuadros de cerámica sobrepuestos por una malla metálica. De estos últimos, explicó: “Yo no nací en la época de la computación como ustedes, que ven la vida a través de una pantalla, de algo más; y esta malla que está unida a la pieza significa eso: lo que no podemos ver realmente”.

Todo lo que ven aquí, detalló, “es un homenaje a la varilla, porque México ha dejado de ser la ciudad de los palacios para convertirse en la ciudad de los castillos”.

“La gente en México siempre deja las varillas despuntadas de sus casas, sin cubrir, más que con botellas de vidrio o plástico, porque siempre anhelan construir el segundo piso”, refirió, entre una y otra sala.

También recorrieron la sala de las culturas prehispánicas, donde el elemento base para la elaboración de las piezas es la arcilla, “de donde todos venimos, de la tierra”. Después se fueron a visitar al Museo Taller Erasto Cortés y más tarde, al mediodía, caminaron las principales calles del Centro Histórico.

“Lo que quiero es que los chicos vean la ciudad de otra manera, que se fijen en los postes, los cables, los árboles, las banquetas, los muros y las bancas, porque generalmente no estamos acostumbrados a ver nuestro entorno. Hoy (ayer) recogeremos basura: tierra, hojas, bolsas de papas, todo el material posible con el que vamos a trabajar”.

Tras el recorrido por el zócalo, hoy jueves “los chavos tomarán fotografías libremente de algunos acercamientos urbanos, que revelaremos y luego imprimiremos para que cada uno realice un collage”.

A cada uno de los niños se le facilitará una cámara, para que elaboren una bitácora de todos esos fragmentos que les llame la atención de la ciudad. Los trabajos finales serán expuestos la próxima semana en el Museo Erasto Cortés.

Previo a la visita al Erasto, Paloma Torres dijo a La Jornada de Oriente que la intención del taller es que los pequeños “se familiaricen y aprendan a sentir el espacio en el que viven, que observen desde chicos, porque de adulto se bloquean más”.

“He tenido la fantástica experiencia de trabajar con niños desde hace muchos años, con talleres de verano en el Museo Rufino Tamayo, de la ciudad de México; y sigo pensado que son las personitas con las que mejor trabajo, porque no están viciados, todavía pueden hacer lo que se les dé la gana sin tener ideas preconcebidas de los objetos”.

“Quiero experimentar con ellos cómo conciben la realidad a través de la lente de una cámara, y cómo lo pueden integrar a un collage. Lo interesante es que de aquí en adelante aprendan a ver de una manera diferente el espacio que los rodea, que se den cuenta de la importancia que tiene la contaminación, entre otras cosas. independientemente de donde se viva, si es el campo o en la ciudad”

 
 
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