Escribe, con la cabeza descubierta, y no alcanza ella a descubrirse, más bien se cubre entre las entrevistas y el discurso político. Sin embargo, bienvenida la escritura de la clase que desde el poder propone y a veces dispone de la visión de los vencidos.
Beatriz Paredes Rangel, presidente del Partido Revolucionario Institucional y ex gobernadora de Tlaxcala, acaba de publicar un pequeño libro cuyo título es El final de un poema: Fui a mirar, a oír, a oler, a sentir, a saberme mujer, a disfrutarme mujer, a cantar, con la cabeza descubierta, por todas las mujeres (Porrúa, México, 2008).
Resulta muy interesante que los políticos en activo escriban su experiencia en el ejercicio del poder y no esperen a concluir con su carrera para poner en tinta lo vivido. Hasta ahora las memorias han sido la materia prima para conocer las entrañas de un poder cuando ya no se ejerce.
En este juego han entrado los panistas, perredistas y priistas. Salinas de Gortari con su década perdida, Vicente Fox con su frustrada esperanza, López Obrador con el robo de la presidencia, Espino con la señal de alerta y muchos otros. No debían faltar las mujeres, sobre todo una que desde los 18 años de edad comparte con esos políticos.
El libro se estructura con una introducción firmada por Lourdes Arizpe con el título de “La senda de legitimidad para las mujeres”, dos entrevistas; “La esencial Beatriz Paredes”, de Katia D´ártiges, y “El poder no lo puede todo”, de Denise Maerker, más cinco discursos y dos poemas.
Es necesario acercarse a la política desde la visión de una mujer que la ha ejercido y que como ella misma reconoce, cuesta hacer una distinción –por las circunstancias– en la forma en que lo han hecho los hombres. El libro es un testimonio de que la masculinización del poder se mantiene aunque sea ejercido por una mujer.