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Miércoles, 6 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 MEDICINA E INVESTIGACION 

El cáncer

 

La paradoja del cáncer radica en que si bien cada cáncer es un clon, es precisamente la falta de uniformidad genética la clave del éxito invasor. Los clones de cáncer evolucionan y se diversifican durante períodos irregulares, pero generalmente prolongados, de años o décadas, me-diante la adicción secuencial de mutaciones en distintos genes que colectivamente corrompen el comportamiento celular.
Rafael H. Pagán Santini

El cáncer es una condición de salud producida por la mutación de varios genes en una célula. Se origina a partir de una célula única, tras la suma de múltiples mutaciones en el genoma (de cinco a 10) alterando más de un millar de las funciones celulares y de los tejidos afectados, manteniendo una especial propiedad biológica en común: la expansión territorial de un clon mutante. Debido a la facilidad con que la información se mueve hoy día y como las noticias sobre las personas que han sido afectadas por el cáncer se difunden, por lo general, pensamos que ésta es una epidemia reciente y que va en aumento. Sin embargo, en palabras de Josep Carreras, el cáncer es el resultado de una red compleja y multidimensional de exposiciones a riesgos y modificaciones biológicas, gestadas a lo largo de la evolución de la vida en nuestro planeta. Podemos encontrar evidencia de su existencia hace más de 150 millones de años.

Aunque la falta de seguridad en los diagnósticos y en las estadísticas antes y durante la primera mitad del siglo XX, está claro que la incidencia de varios tipos de cáncer ha aumentado durante el último siglo especialmente durante los últimos 50 años. El cáncer del pulmón asociado al consumo de cigarrillos y a la inhalación de productos de combustión del tabaco dañinos para el ADN se mantiene como el ejemplo más claro de la epidemia de cáncer del siglo XX. Constituye, junto con otros cánceres relacionados con el tabaco, una tercera parte de todos los cánceres en el mundo. Además, los cánceres ocupacionales como los producidos por la inhalación del gas radón en la minería, que daña el ADN y produce cáncer del pulmón, el cáncer de escroto en los deshollinadores y la exposición ambiental a productos de desecho contaminantes de la industria petroquímica se consideran el sello característico de los cánceres modernos.

Los patrones de incidencia del cáncer cambian y de alguna forma esencial están ligados, como otras enfermedades, a variaciones culturales y sociales. La epidemiología puede ayudar a identificar los patrones ambientales y de exposición que pueden estar implicados en la etiología del cáncer. Pero, de acuerdo al doctor Mel Greaves, en su excelente libro; Cáncer, el legado evolutivo; la comprensión de los mecanismos causales y el auténtico por qué y cómo del cáncer sólo es posible con un poco de arqueología biológica: excavando aquello que nos hace como somos, los legados profundos inherentes a nuestro diseño y los fallos que pueden abrirle las puertas al cáncer.   

De acuerdo a Greaves, la premisa de partida sobre el cáncer es que la causa inmediata o proximal es la variación o mutación de genes, un juego de azar que sigue unas reglas a un tiempo constreñidas y liberadas por nuestra historia evolutiva. Los genes mutantes y los clones de células en los que residen toman el lugar central en esta historia de la evolución reflejando características intrínsecas a nuestra historia evolutiva. Una de ellas es la fidelidad imperfecta de la copia, mantenimiento y reparación de la molécula de ADN, de lo que se sigue la mutabilidad intrínseca de nuestros genes. El código genético no se copia siempre perfectamente; de ser así, la evolución no sería posible. Un cierto nivel de propensión al error es una necesidad evolutiva, continúa explicando el doctor Greaves.

Un segundo legado de nuestra historia evolutiva, ventajoso pero inherentemente peligroso es el requisito fisiológico de las funciones celulares de conferir resistencia. Esta actividad está preñada de un fuerte potencial maligno. Entre las funciones celulares que confieren resistencia al organismo se pueden enumerar las siguientes: la plasticidad fenotípica y la gran capacidad de proliferación de ciertas células, combinadas con su movilidad y capacidad invasora, además de la disponibilidad de canales linfáticos y vasculares para la migración celular. Estas propiedades casi cancerosas son características esenciales del desarrollo embrionario, de la inflamación y curación de las heridas, de la renovación de los tejidos, de las respuestas al estrés, y de la función de la placenta durante el embarazo. Reflejan una explosión bien orquestada de mil millones de años de memoria de las células para sobrevivir al estrés, clonarse y expandir su territorio.

En otras palabras, el cáncer, re–crea, dentro de nuestro propio cuerpo el procesos evolutivo que capacitó a los animales a adaptarse a su medio ambiente. A nivel de un organismo, la selección natural, a través de las mutaciones genéticas hacen que estos tengan más excito reproductivo que otros; estás mutaciones son “seleccionadas” en el sentido que de que persisten y vienen a ser más comunes en las generaciones futuras. En el cáncer, las células juegan el papel del organismo. Los cambios en el ADN de una célula cancerosa hacen que estás se reproduzcan más efectivamente que las células ordinarias. Situación que se puede ver aún dentro del mismo tumor.

Según Greaves, el proceso biológico de desarrollo del cáncer, que tiene su origen en errores en el ADN que conducen a la formación de un clon celular territorialmente dominante no es, al fin y al cabo, sino una parodia de la diversificación de la especie durante la evolución. Actúan en una microescala y siguen las mismas reglas básicas que gobiernan la diversificación genética aleatoria y la selección clonal a favor de la supervivencia y la reproducción en nuevos territorios o ecosistemas. Sin embargo, el cáncer no puede simplificarse a un paralelismo con la evolución.

La paradoja del cáncer radica en que si bien cada cáncer es un clon, es precisamente la falta de uniformidad genética la clave del éxito invasor. Los clones de cáncer evolucionan y se diversifican durante períodos irregulares, pero generalmente prolongados, de años o décadas, mediante la adicción secuencial de mutaciones en distintos genes que colectivamente corrompen el comportamiento celular. El azar actúa a todos los niveles de la vía causal multidimensional del cáncer. Del mismo modo que lo hace en la evolución biológica en general, sin ir más lejos, en la lotería genética que se juega en el momento de nuestra concepción.

Le corresponde a los griegos el honor de haber sido los primeros en reconocer el cáncer como una enfermedad concreta y de haber acuñado los términos carcinos y carcinoma (ambos con el significado de cangrejo), cuya versión latinizada es cáncer. Sus características son extraordinariamente diversas, además de que, el cáncer de cada persona es único. Las causas, las patologías, los síntomas clínicos, las respuestas terapéutica y la probabilidad de curación pertenecen aún proceso, aunque general, muy particular de cada persona.

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