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Martes, 5 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

 SALUD 

Olvidar el mundanal ruido

 
Antonio Cruz

Comparto con ustedes la pequeña historia de un viaje que hicimos maestros y alumnos del Departamento de Agentes Biológicos de la Facultad de Medicina de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, apenas en el inicio de vacaciones, del 25 de julio al 1 de agosto del presente, fue a la Sierra Noroeste de Puebla, en un proceso de trabajo que protocolizamos como Diagnóstico Integral de Salud Comunitaria, que planeó elaborarse en el municipio de Pahuatlán, “lugar de las frutas”, una entidad peculiar habitada básicamente por tres grupos humanos de las etnias náhuatl, otomí, totonaca, asentados ahí desde épocas anteriores a la conquista dentro de la triple alianza que presidió el rey poeta Netzahualcoyotl, varón de Texcoco. Los tres grupos comparten el error sociológico del totalitarismo de los gobernantes de siempre, al que hoy se suma la marginación secundaria al racismo oculto o abierto que da el dialecto, a pesar de que, como es el caso poblano, los gobernadores Melquiades y Marín, que no son precisamente herederos externos de genes europeos, evidentes indígenas que solo son capaces de expresar a sus congéneres raciales de grupo, la torpe concepción del caciquismo dominante, racista, marginarlos de los presupuestos, como si el hacerlo los hiciera olvidar su origen americano de raza que debiera enorgullecerlos, acabando por tratar a sus hermanos indígenas como ciudadanos de tercera, así visto duele constatar a más de la mitad de esos ciudadanos autóctonos analfabetas monolingües, de los que alegra ver que no abandonan su capacidad increíble de trabajo, en este caso el cultivo del campo, la manufactura de artesanías, no pocas veces joyas de arte en el vivir que logra su sustento.

Son ocho poblaciones centralizadas en la cabecera municipal de Pahuatlán del Valle, San Pablito, Xolotla, Atla, Talcruz de libres, Zoyotla de Guerrero, Atlaltongo y Huahumeutla de la Paz, todas a la vera de una bellísima cañada, enorme espacio donde aparecen sembradas en las laderas de las estribaciones del río San Marcos agrupando 18 mil 203 personas, 221 habitantes por kilómetro cuadrado, natalidad de 37.2 por ciento, mortalidad de 6.6 por ciento, la mayor parte católicos con pequeños grupos de evangelistas, inmersos en un clima de maravilla, donde se ven a distancia los caseríos de las poblaciones enclavados en laderas como villorrios de nacimiento decembrino, uno frente a otro en las pendientes montañosas, todos a la mano, tan cerca como tan distantes.

Llama mucho la atención Xolotla, nuestra población sede, en la que desarrollamos el trabajo, su origen náhuatl dedicada al bordado, frente a ella visualmente la población de San Pablito a la que visitamos acompañados del doctor Martiniano Santos, un héroe de la etnia Otomí. Ambas poblaciones con calles adoquinadas, con muchas casas de dos pisos en su centro, para variar de habitantes que han emigrado a la búsqueda del dinero verde del norte del Río Bravo.

En San Pablito todos los habitantes se dedican a la fabricación de papel amate, corteza del árbol del mismo nombre que reblandecen, aclaran para extenderla en tablones previamente dispuestos, donde personas de todas edades con una piedra aplanada golpean rítmica, constantemente la masa, que se aplana sobre la superficie formando los futuros pliegos que secarán al sol directo, la maestría y continuidad del quehacer se aprecia en un sonido permanente sin cesar, dejando al oído un concierto sonoro imposible de describir, la belleza aumenta cuando se verifica que todas las mujeres portan blusas multicolores, que todos a la par inician el concierto desde el amanecer y durante todo el día, solo intercambiado por la lluvia que suele ser tenaz, bajando en cúmulos de río por las callejuelas adoquinadas hasta el cauce del futuro río San Marcos que corre en la profunda grieta de su fondo, llenándose como cántaro receptor de las lagrimas de dios. Si pudiéramos detenernos en ese ambiente nos veríamos rodeados de bosques perenniformes, cantos de aves, animales de libre pastoreo y un cielo azul repechado de nubes gruesas.

El municipio cuenta con 25 planteles para la educación primaria a la que asisten 3 mil 464 niños, ocho secundarias para 761 alumnos, tres bachilleratos donde estudian 100 jóvenes, una preparatoria para 20 y tres escuelas primarias bilingües. La siembra, corte y venta del café parece ser uniforme, los tianguis son distintivos del grupo. Su salud es atendida por cuatro unidades de atención con 6 médicos, sus servicios son de IMSSS–Solidaridad y Sesa. En los habitantes sobresale su dedicación a la siembra de maíz, frijol, cacahuate, frutales y café.

Durante la semana el grupo de trabajo atendió a más de 100 consultantes diarios, realizamos 200 coproparasitoscopías, igual número de glucemias, se detectaron cinco casos nuevos de tuberculosis, un estudio ambiental colectó hongos macroscópicos, otro efectuó diagnóstico de micosis a partir de estudios de microscopía, se dio un curso de primeros auxilios a los habitantes de la comunidad, se mantuvo permanentemente una exposición de parásitos macroscópicos y fauna nociva que atrajo multitudinariamente a niños primero, que después llevaron a sus papás, se cuantificó glicemia en ayunas, se tomó presión arterial a mayores de 20 años, se detectó desnutrición infantil, un grupo de estomatólogos al mando del doctor “Chava” agotó sus recursos en la atención de los dientes a los habitantes de Xolotla, ayuda tan original y desinteresada que no podemos dejar de admirar. El presidente municipal de Pahuatlán don Martín y su esposa doña Esperanza, fueron pilares para atender nuestras necesidades de manera atingente y nunca más apropiada. El presidente de la junta auxiliar de Xolotla y su esposa colaboraron de la misma manera sin descanso en atender nuestras necesidades.

Este ha sido quizá el mejor grupo de alumnos que a asistido a una población rural, todos trabajaron aprendiendo incansablemente, a Nayeli, Carolina, Edmundo, Juan Pablo, Gil y Chucho, no se les podía exigir mayor orden y responsabilidad, el ambiente, el trabajo y la paz del paisaje dieron pauta olvidar el mundanal ruido.

 
 
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