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Lunes, 4 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Fragmentos sonoros, silencio y sonido que incuban reflexión ante lo cotidiano

 

Los gritos de Jeimy Marisol Martínez proyectados en la caja de un piano 
(Alonso Fragua)
Puebla, Pue.

Antes del sonido está su ausencia. El silencio que incuba la reflexión o el que muestra la extrañeza ante lo nuevo y desconocido. El silencio del público que acompaña las intervenciones sonoras de la inauguración de Fragmentos sonoros. Y luego, los aplausos, las opiniones y el recorrido por la exhibición en la Galería de Arte del Palacio Municipal. El lugar está lleno. Niños, jóvenes y adultos. Familias enteras en algunos casos. Las canas pintan el pelo de unos tantos que lo mismo salen satisfechos o creen que esto ya no es para ellos sino para los jóvenes que están acostumbrados a las nuevas tecnologías.

La exhibición de arte sonoro, que permanecerá por 40 días, abre sus puertas y los oídos de los asistentes se preparan para conocer ese concepto del que poco han escuchado en el pasado. Pantallas de televisión, audífonos colgando de la pared, objetos extraños suspendidos en el aire y tres cubos de madera que forman pequeñas salas privadas que contienen las piezas que no sólo son sonido sino imagen. Objetos comunes y corrientes que al ser sacados de su contexto cobran un nuevo significado y crean una experiencia nueva para el visitante. Arte que para la curadora, Taiyana Pimentel, es menos elitista ya que contiene referencias y códigos accesibles a todo el público

Liliana y Guillermo son visitantes frecuentes de la galería. Para ellos la experiencia es educativa y sin duda diferente. “Generalmente cuando ves una película o un reportaje no pones atención al sonido. Incluso en la vida diaria tampoco te das cuenta lo complementarios que son las imágenes y los sonidos. Y aquí te lo ponen prácticamente con palitos y bolitas y lo entiendes muy bien” comenta Liliana. Algo similar sucede con Janete quien define la exposición de manera sencilla: fuera de lo normal. Sin embargo, aclara, el sonido “es algo cotidiano que nunca nos ponemos a observar a pesar de que convivimos con él a diario”.

Para otros como Rafael, la experiencia no tiene chiste. Él tiene 70 años y por más de 40 trabajó en centros nocturnos, rodeado de música y bullicio. Ya sea porque ahora en su retiro busca relajarse o porque no puso atención a las descripciones de cada pieza,  para él esta exposición es un montón de cuartos y aparatos haciendo ruido. Carolina y su esposo tampoco son fanáticos del ruido pero a diferencia de Rafael, ellos sí han encontrado piezas interesantes en su recorrido por la galería y ahora tienen una idea más clara de lo que es el arte sonoro.

Desde lo conceptual hasta lo más musical, las instalaciones y las acciones sonoras sucedidas del jueves 31 de julio al domingo 3 de agosto no han dejado indiferente al público en estos primeros días de exhibición que ha tenido en la sorpresa su elemento principal. Los gritos de una mujer proyectados en la caja de un piano (Gritos, Jeimy Marisol Martínez), el Himno Nacional salido de un disco hecho de hielo (M de RPM, Iván Abreu) o la pirotecnia de Mario de Vega que no sólo convocó a espectadores conscientes sino a los paseantes que eran atraídos por el tronar de los fuegos artificiales y los camiones de bomberos que cuidaban que nada se saliera de control; todos estos performances han cumplido su objetivo en un espacio y un tiempo concreto pero su vida no se ha extinguido y pueden ser vistos y escuchados hasta el 1 de septiembre, siempre con la meta de mover a la gente a la reflexión y hacerlo partícipe de la experiencia del sonido.

 
 
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