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Lunes, 4 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Deportes
 
 

 TAUROMAQUIA  

20 años de El Relicario / X

 
Alcalino

Temporada 1997. Espectáculos El Relicario, la nueva empresa encabezada por Javier Marroquín y Rodrigo López Sáenz, aprovechó el vuelo adquirido en Navidad por la artificiosa rivalidad entre Jerónimo y José Rubén Arroyo para anunciarlos en Año Nuevo. Era la primera vez que una novillada desplazaba a la corrida tradicional, y anticipó el predominio de los festejos de aspirantes sobre los de matadores. Por ese camino 1997, al revés de años anteriores, iba a saldarse con más novilladas (7) que corridas (4). Lo raquítico de las cifras guarda relación con una serie de sucesos que, como en el 96, nos dejaron sin toros durante muchos meses tras la cancelación de la feria con que la empresa respondió a la suspensión de su festejo inaugural (01.05) por la famosa Comisión Taurina Municipal.

La afición como rehén. Resulta que, a punto de empezar la feria, Julio Moctezuma, cabeza de la Comisión, nombró juez de plaza y veterinario a dos personajes de reconocido celo reglamentarista (Jesús Córdoba y Santiago Aja), residentes ambos en el DF. El encierro potosino de Espíritu Santo –desembarcado tras muchas horas de espera– venía algo estragado y le rechazaron dos de siete animales. Los reemplazos de San Francisco de Asís y Darío González tenían presencia, pero a última hora se adujo la supuesta cojera de uno y la cornamenta brocha de otro para, mediante un albazo la mañana de la corrida, declararla oficialmente suspendida por falta de ganado apropiado. Tal resolución se voceó en la zona de los Fuertes desde una camioneta, acompañada de sospechoso reparto de octavillas perfectamente redactadas. La gente se soliviantó, los toreros demandaron y el taurinismo en pleno solicitó una reunión con las autoridades, que la convocaron para el día siguiente pero finalmente no acudieron. Entonces la efímera empresa, aduciendo los daños y perjuicios inherentes, canceló las 4 corridas y la novillada de feria. A cambio, ofrecería una extraña Corrida del Agradecimiento, gratuita y a mediodía, que se verificó el 31 de mayo con dos jueces de plaza, nombrados uno por la Comisión Taurina (del ayuntamiento panista) y otro por el Consejo Consultivo Taurino (del gobierno estatal priista). Una vez más, la pugna política que vivía la ciudad daba al traste con las ilusiones del aficionado.

Ganado. Por razones de inexperiencia y seguramente de presupuesto, Espectáculos El Relicario descuidó de manera ostensible el renglón ganadero, en perjuicio tanto de su temporada chica como de las corridas con matadores. Hubo, sin embargo, un encierro de Guanamé impecablemente presentado, con un toro formidable –el de la alternativa de Marco Camacho– y dos muy toreables. En cambio, los de Darío González, Atlanga y el dueto La Soledad–Darío (3 y 3), carecían de presencia y dieron una lidia acorde con su deslucida catadura, pese al injustificado arrastre lento a “Aniversario”, de Mariano González Zarur (22.11). Si tal ocurrió con las corridas, peor nos fue con las novilladas, basadas la mayoría en ganado de desecho y divisas sin cartel. Decepcionó incluso la de Huerta Hermanos en Año Nuevo y por ahí siguió la cosa durante la temporada chica de marzo, Se salvaron dos de San Diego Baquedano que recibieron arrastre lento –“Solovino” (01.03) y “Harinero” (08.03)–, y el encierro de Jaime Rodríguez dio aceptable juego en la novillada de triunfadores. El resto osciló entre la moruchez, la mansedumbre y la falta de trapío. Naturalmente, el público lo notó y se retrajo.

Matadores. Fernando Ochoa encabeza la lista con tres orejas en otras tantas tardes, pero estuvo incomparablemente más torero cuando nada cortó (31.05). Rafael Ortega y El Zapata, con dos paseíllos, pasearon cada quien dos orejas, aunque sólo Uriel del mismo toro, “Caudillo” de Atlanga (16.09). Y hubo un apéndice para Alejandro Silveti que, como Ochoa, hizo lo mejor al que arrastraron entero, un “Relicario” grandón y con mucho que torear (22.11). Esa tarde, el juez soportó sonora bronca por negarle un bien ganado auricular al Zapata. Marco Camacho tuvo una más que digna alternativa con el mejor lote de Guanamé, y navegaron a la deriva Guillermo Capetillo, Gilio y el madrileño Rafael Camino, significado solamente por un magnífico volapié (01.02).

Alternativa. El novillero poblano Marco Antonio Camacho, de dilatada trayectoria en El Relicario, tomó la alternativa de manos de Arturo Gilio –testigo Fernando Ochoa– en la llamada Corrida del Agradecimiento (31.05). Al de la ceremonia, un magnífico colorado de Guanamé bautizado “No que no”, Camacho lo toreó bien y lo mató mal.

Novilleros. Nada menos que 13 cubrieron los 24 puestos disponibles, erigiéndose triunfador un desigual Jerónimo tanto en su duelo particular con Rubén Arroyo como en la temporada de marzo: en 4 tardes cortó 3 apéndices y conquistó el Relicario de Plata por su faena de orejas a “Tzintzuntzan” de Jaime Rodríguez (29.03). Otros novilleros orejeados fueron El Mingo (en sus dos actuaciones) e Ignacio Garibay (1). A Julián López El Juli le bastó su tarde de presentación para provocar asombro y salir a oreja por novillo.

Faena. El Juli: Alternó con Jerónimo y Miguel Marín (25.10) y admiró su precocidad y suficiencia torera, especialmente con el difícil 4º, “Candidato”: “Revoltoso y tobillero de salida…resabiado y bronco conforme la lidia transcurrió hasta que El Juli –lidiador con la capa, fácil en banderillas– tomó la muleta, se hacia al morlaco y le enseñó y nos enseñó lo que es mandar. La faena, realizada entre los pitones sin esfuerzo aparente, fue un tratado de bien torear si por torear entendemos obligar a un manso a tomar el engaño en viajes de limpio, largo e imperioso trazo. Si magníficos los derechazos, soberbios los templadísimos naturales. Y todo envuelto en naturalidad y torerismo mayúsculos, sin la menor concesión a la galería. Asombrosa también la facilidad con que dejó en el morrillo media estocada mortal, el juez Budar se quedó corto al premiar semejante prodigio con una sola oreja.” (Campo Bravo, No 7, diciembre de 1997).

Dos cornadas. Sin ser de gravedad, fue más seria la que “Poblano”, 3º de Guanamé, le infirió al saltar al callejón a Sergio Kreimerman, apoderado del matador en funciones Fernando Ochoa (muslo izquierdo, dos trayectorias: 31.05), que la sufrida por José Rubén Arroyo en la novillada por el Relicario de Plata (glúteo derecho, ídem: 29.03). Fue “Conchito”, de Jaime Rodríguez, el utrero causante del desaguisado.

 
 
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