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Lunes, 4 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Deportes
 
 

 SEMANÁLISIS  

Historias olímpicas y cuentos chinos

 
Horacio Reiba

Cuando esta columna vuelva a publicarse, los Juegos Olímpicos ya habrán empezado. Pero suceda lo que suceda, son ya, de antemano, los más esperados y controversiales de la era moderna. Han contribuido a ello el interés y encanto del país sede. También, y sobre todo, la política. Y muy concretamente la del gobierno chino, que ha ignorado repetidamente el pacto que había condicionado su elección. Y es que a ellos les interesa, fundamentalmente, hacer una promoción exitosa de su país por vía del espectáculo, a sabiendas que nada ni nadie va a impedirles continuar con una política interna que de democrática no tiene nada. Claro que en este punto coinciden plenamente tanto el COI como las empresas patrocinantes, que lo que quieren es alzarse con la millonada en juego y allá que sus dioses protejan a los monjes del Tíbet y a la ingente masa de chinos a quienes los JO no van a significarles el menor cambio en sus duras condiciones de vida. Pasado el sofocón de la antorcha sin que las autoridades locales se inmutaran, ya ven ustedes que solamente cedieron a medias a la presión de los corresponsales internacionales, justamente indignados al comprobar que en el Centro de Prensa el acceso a la internet les estaba vedado. Lo más que consiguieron con su protesta fue que el gobierno chino abriera su ciberespacio a ciertas páginas de la prensa mundial, pero solamente a las de tema deportivo. Y como la hipocresía occidental, llevada al terreno mercantil, es prácticamente infinita, parece que este caso de flagrante censura, contraria a los declarados principios de la democracia y, por supuesto, a los del sacrosanto ideal olímpico, se quedará sin respuesta. Ahora bien, que nadie se extrañe si, por su cuenta y riesgo, algún o alguna atleta, a título personal, hace a la hora buena alguna manifestación en contra de un país organizador al que el respeto a los derechos humanos le tiene tan sin cuidado. Aun a sabiendas de que la respuesta correctiva del COI puede ser tan implacable como las purgas del partido comunista gobernante.

A propósito. Cuando uno alude casos de doble moral y mojigatería conservadora en torno a JO es imposible pasar por alto el nombre de Jesse Owens, el héroe negro de Berlín 36, despojado de todas sus medallas al comprobar los jerarcas del COI que, de muy joven, había cobrado unos cuantos dólares por reforzar a un equipo barrial de futbol americano allá en su pueblo del Profundo Sur. O los de Tommie Smith y John Carlos, ambos en el podio con la cabeza reclinada y el enguantado puño en alto en señal de lucha contra el mismo racismo que habría provocado la ira de Hitler y su precipitado abandono del estadio Olímpico de Berlín la tarde en que Owens conquistó sus cuatro medallas. Anochecía en el México 68 y sonaban las notas del himno estadounidense cuando estos dos atletas de color, ya inolvidables, manifestaron así su apoyo al Proyecto Olímpico pro Derechos Humanos (OPHR), sin relación con la organización radical Black Panters, como en ese momento se señaló. Smith y Carlos –oro y bronce en la prueba de 200 metros planos que concluyó con premiación tan insólita– serían expulsados esa misma noche de la delegación de su país y sus carreras atléticas quedaron allí mismo truncadas, mientras el COI lanzaba anatemas contra la intromisión de la política en detrimento de la pureza del deporte, declaración leída con rostro encendido por el presidente del organismo Avery Brundage, simpatizante del nazismo y defensor del apartheid que Rhodesia y Sudáfrica todavía practicaban, contando con su olímpica bendición. Pero aquella carrera memorable cobraría una tercera víctima en el velocista australiano Peter Norman, ganador de la plata que, ante el desconcierto de sus compañeros de podio al darse cuenta del olvido por John Carlos de su par de guantes negros indispensables para la simbólica manifestación que tenían planeado realizar, les sugirió compartir los de Tommie portando cada quien uno. Por eso en la histórica foto Smith aparece con el puño derecho levantado mientras Carlos alza el izquierdo. Y por eso los medios de Australia –no menos racistas que los norteamericanos– le hicieron el vacío a su triunfante atleta, y ese generalizado ninguneo le costaría en lo sucesivo sinsabores e injusticias sin cuento, que culminaron en la negativa a reconocerle la marca que le daba acceso a los JO de Munich 72, y en el mal tratamiento médico de una lesión que finalmente terminó con su carrera y casi le cuesta perder la pierna gangrenada, amén de relegarlo a profesor de una secundaria pública como único medio de vida. Peter Norman falleció de un infarto en 2006, y sus antiguos compañeros de podio en México 68 decidieron asistir al sepelio y cargar su ataúd. Smith había concluido sus estudios de sociología en la San Jose State University –donde a la sazón estudiaban– y ambos son hoy figuras respetadas en sus respectivas comunidades y miembros del Salón de la Fama del olimpismo norteamericano.

Una doméstica. Forcejeos en el Congreso veracruzano por si el gobierno vende o no la franquicia de los Tiburones Rojos tras su descenso a Primera A. La historia de dos regímenes estatales metidos a empresarios futboleros ha sido catastrófica para el erario local. Lo fue desde la época del fideicomiso inicial, privatizado más pronto que tarde en exclusivo provecho de Rafael Herrerías –operador de confianza del gobernador Miguel Alemán–, y culminó con la contratación de la promotora encabezada por Alberto de la Torre que, a cambio de no pocos millones, se comprometió con el gobernador actual a llevar a cabo una administración del equipo “altamente especializada”... misma que terminó con el Veracruz hundido en el último lugar del porcentaje y condenado automáticamente a descender. Ahora falta saber si, independientemente de la decisión de los congresistas jalapeños deseosos de deshacerse del pesado lastre –contra la oposición de los diputados del PAN, por cierto–, hay algún valiente decidido a invertir sus centavitos en un plantel caro para Primera A pero incapaz de atraer público y patrocinadores.

Como además del Veracruz son varios los clubes profesionales de futbol que diversas administraciones estatales han tomado bajo su tutela (en Chiapas, Quintana Roo, Hidalgo, Aguascalientes, San Luis, Culiacán, Baja California et al), urge legislar en las instancias correspondientes a fin de impedir que fondos públicos se sigan dilapidando en proyectos supuestamente “deportivos”, propicios a la prevaricación, el derroche y el lucimiento populista de los gobernantes, mientras problemas auténticos permanecen olímpicamente desatendidos por autoridades encantadas de ofrecerle al pueblo pan y circo a cambio de su impune irresponsabilidad y en beneficio de su voracidad insaciable.

 

 
 
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