El inquilino de la Casa de Gobierno cedió al encanto que produce saberse en el cenit del poder omnímodo en un presente que se resiste a dejar atrás las prácticas autoritarias del priato en desuso.
El ritual de cada año en el que plebeyos y súbditos rendían pleitesía de ocasión a quien detentaba el bastón de mando se cumplió a pie juntillas. En ocasión de los 58 años de vida del gobernador del estado, Héctor Ortiz Ortiz se congregaron, “desde las 5 de la mañana alumnos y ex alumnos de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, grupos sociales y algunos funcionarios...”, dice la crónica de Tere Ramírez publicada en La Jornada de Oriente (martes 29 de julio).
La visión patrimonialista del uso del poder público se mantiene como moneda de cambio entre gobernantes de todas las latitudes, según se puede deducir de la inopinada expresión del propio Héctor Ortiz en medio del festejo: ¡El mejor regalo de cumpleaños que tenido en mi vida es ser gobernador¡
Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, dice la máxima del “güero Garizurieta” y esa parece ser la divisa entre los hombres y mujeres que han llegado a cargos análogos al del propio Ortiz. “Pónganme dónde hay”, dice otra de las frases que han hecho de este sistema político mexicano una tragicomedia, como bien lo documenta la obra monumental del imprescindible escritor José Agustín.
No fue necesario por ese día recurrir al discurso que pregona como prioritaria la atención a grupos vulnerables, o la “vocación de servicio” que todo servidor público debe ostentar para ascender en el peldaño de la estructura piramidal del reparto de la posiciones, según la componenda acordada.
Tampoco lo fue dejar en segundo plano el rasgo de humildad que todo mandatario debe ofrecer a su pueblo, que sufre un día sí y al otro también, junto a su igualmente sufrido gobernante ante la impotencia por no poder subir los niveles de vida de los tlaxcaltecas.
Sin embargo no se debe obviar el contexto en el que se produce el festejo por el onomástico del mandatario de presunta filiación panista. El cambio radical de posición obedece a una lógica estratégica: Héctor Ortiz detentará el poder aún más allá de la segunda mitad de su mandato, en el ocaso natural de su periodo de gobierno.
Existe un interés lógico por enviar una señal que se debe entender en los círculos políticos tlaxcaltecas: el inquilino de la Casa de Gobierno no está dispuesto a ceder un ápice en el control de vidas y haciendas.
La solemnidad y el aplomo con el que se conducen los hombres en esas circunstancias suelen tener tropezones en la cúspide del control del poder. Estamos ante un gesto de frivolidad, pero también ante una estrategia de comunicación no verbal que debe ser leído entre líneas.