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Viernes, 1 de agosto de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Economía
 
 

La búsqueda del desarrollo pasa por una lucha contra el neoliberalismo: Guillén Romo

 

Héctor Guillén Romo explica que desde el sexenio de De la Madrid, pasando por Salinas y Zedillo y los gobiernos panistas de Fox y Calderón, hay una continuidad en la aplicación de las políticas neoliberales / Fotos: Rafael García Otero
Susana Rappo
Puebla, Pue.

Para Héctor Guillén Romo, la búsqueda del desarrollo pasa por una lucha contra las políticas neoliberales, para lo cual se necesita construir una nueva correlación de fuerzas que permita ese tránsito.

Especialista en temas del desarrollo, docente investigador de la Universidad París VIII desde 1990 a la fecha, Guillén Romo establece que la economía del desarrollo es una economía positiva, pero sobre todo una economía normativa; es decir, del deber ser, de cómo deben funcionar las economías y las sociedades, para lo cual es importante tener diagnósticos muy claros del funcionamiento de las economías, para poder fundamentar políticas y estrategias del desarrollo adecuadas.

Autor de dos textos claves –Orígenes de la crisis en México 1940 / 1982 y El sexenio de crecimiento cero, México 1982–1988– para entender el funcionamiento de la economía mexicana, publicados por Ediciones Era, explicó que en México y América Latina se aplicó la estrategia de sustitución de importaciones con un relativo éxito, desde los años 30, pero sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, con tasas de crecimiento bastante elevadas. Sin embargo, hubo una serie de problemas y obstáculos en el modelo de acumulación, que alcanzó sus límites, aunque cuando se mira retrospectivamente las tasas fueron muy decorosas, los obstáculos tuvieron que ver con la dinámica de la acumulación que condujo al endeudamiento; ya que las importaciones crecían mucho más que las exportaciones. Varias economías latinoamericanas, entre ellas México, agregó, cuando se ponían en movimiento, tendían a importar más que a exportar, generando endeudamiento externo, puesto que en muchas ocasiones la inversión extranjera que venía del exterior no era suficiente; muchos años después, dicha característica se mantiene.

De paso por la ciudad de Puebla, al participar en un seminario de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla, hace dos semanas, Guillén Romo fue entrevistado por La Jornada de Oriente, y explicó que si bien se buscó dar un giro orientando la industrialización hacia el exterior, para lo cual se dieron estímulos para alentar las exportaciones manufactureras, no se logró. 

El posterior auge petrolero en los setenta y la crisis de la deuda evidenció una vez más una  característica central del aparato productivo mexicano: su dependencia del endeudamiento externo, sin pasar por alto el crecimiento posterior debido a factores puramente financieros. México, comienza la década de los ochenta con una economía petrolizada y fuertemente endeudada, dependiente por tanto de dos factores externos y fuera de su control: el precio del petróleo y las tasas de interés internacionales.

La crisis de la deuda implicó finalmente abandonar completamente el modelo de sustitución de importaciones y pasar a las políticas propias y características en lo que se ha dado en llamar el consenso de Washington, es decir una serie de estrategias de desregulación y disminución del papel del Estado, de apertura comercial y económica, liberalización al capital extranjero, centrando el problema de las finanzas públicas; es decir, en una estrategia de corte neoliberal, con un resultado desastroso, representado inicialmente en los primeros 10 años en lo que se denominó la década pérdida. Posteriormente a ello, aseguró  Héctor Guillén Romo, los resultados no son mejores, incluso en lo que se denominó el consenso de Washington modificado, que no rechaza las anteriores recomendaciones, sino que las completa con una serie de políticas y reformas institucionales, pero que finalmente profundizan la desigualdad y la polarización

Por ello, en México y en América Latina la lucha por el desarrollo pasa por una lucha contra el neoliberalismo, reafirma el entrevistado.

Se deben aplicar políticas alternativas, no se trata de regresar al pasado, pero se debería  combinar estrategias de mercado interno y externo, colocar una serie de restricciones a la inversión extranjera; una apertura comercial selectiva y una reforma fiscal que grave progresivamente a la renta, y que, como en otros países, exista un impuesto al patrimonio, a la fortuna personal, donde se grave fuertemente a las ganancias especulativas, que es producto del capital financiero que no contribuye a controlar mejor el gasto público.

Sería una estrategia que combinara sustitución de importaciones con exportaciones, que combinara mercado interno y externo y que controlara mejor a la inversión extranjera. En ese sentido, hay que recordar que todos los países que han seguido el consenso de Washington han agudizado su crisis.

Si vemos retrospectivamente, sostiene el catedrático, los países del sudeste asiático, sobre todo los denominados los cuatro tigres asiáticos, Hong Kong, Singapur, Taiwan y Corea del Sur, realizaron una política de intervención, que permitió la elevación del bienestar medido en lo que se conoce como el índice de desarrollo humano. Los países que se han alejado de las políticas emanadas del consenso de Washington y del Fondo Monetario Internacional  se han recuperado mucho más rápidamente de las crisis.

En América Latina actualmente podemos identificar a países como Chile y Brasil, que siguen aplicando políticas neoliberales como una serie de medidas complementarias en materia social con el fin de compensar los trastornos que produce el mercado.

Frente a esto están otros países con propuestas alternativas como Venezuela, y que por primera vez en este caso se está utilizando al petróleo en beneficio de las mayorías; contrariamente a lo que se cree, la economía no está petrolizada, y el sector privado ha crecido más que el público.

 

¿En México qué podemos esperar?

Héctor Guillén Romo explica que desde el sexenio de De la Madrid, pasando por Salinas y Zedillo y los gobiernos panistas de Fox y Calderón, hay una continuidad en la aplicación de las políticas neoliberales. Lo anterior se deriva de una correlación de fuerzas políticas y sociales adversa a los sectores populares; mientras no haya la posibilidad de cambiar esa correlación, las políticas neoliberales seguirán aplicándose, acompañadas de políticas asistenciales para paliar los efectos desastrosos del mercado sobre la mayoría de la población.

Lo que sí se puede afirmar, asegura, es que existen esquemas alternativos de políticas que sin pensar en llegar al socialismo pueden poner a la economía mexicana por el camino del desarrollo económico y social, lo cual significa que México eleve su indicador en el índice de desarrollo humano. México está en el lugar 58, y si se realizara una serie de inversiones en materia de educación y salud, ello permitirá generar procesos de desarrollo que podrían reflejarse justamente en esos indicadores.

Porque el desarrollo no puede valorarse por un mayor producto nacional, sino un mayor producto per cápita y una mejor distribución y elevación de los niveles de educación y salud de las mayorías. 

Lo interesante no sería que México fuera el lugar 12 en generación del Producto Interno Bruto, sino en el indicador de Desarrollo Humano. Justamente este índice fue propuesto y construido para corregir la visión que da el ingreso per cápita. Hay países que tienen un alto ingreso per cápita, pero un bajo desarrollo humano o al revés, un alto índice de desarrollo humano, pero un bajo ingreso per cápita, como sería el caso de Cuba y Vietnam.

Propone diseñar una política económica y social alternativa, no apostar todo al mercado externo, sino a una combinación, recuperar la importancia del papel del Estado en varios aspectos, incluido el aspecto productivo. Controlar la inversión extranjera, su participación interna, con metas de exportación y sobre todo sus efectos sobre el déficit fiscal, pero sobre todo regresar a un sistema más equitativo de pago de impuestos donde deben pagar más impuestos los que más tienen, concluyó.

 
 
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