El viernes de la semana pasada, la secretaria general del PRI estatal, Claudia Hernández Medina, me envió una supuesta carta aclaratoria sobre el contenido de esta columna de dos días antes. Su misiva no sirvió para refutar nada, sino que ahí expresó que su actuar político se rige por “mandato divino”. Eso provocó sorpresa y burla dentro y fuera del tricolor. La dirigente para intentarse quietar ese agravio se la ha pasado diciendo que ella no mandó el texto, que ignora de dónde salió.
Es decir, se la pasa diciendo: “Que su carta, no es su carta”. Algo así como la frase clásica que se acuñó cuando estalló el escándalo del Lydiagate: “es mi voz, pero no es mi voz”.
El caso es que el lunes de esta semana se reunió un grupo de notables priistas, que cada 15 días se juntan para analizar lo que pasa con el PRI. Sobre todo para revisar lo que se dice del partido en la prensa. Ese encuentro se hace por órdenes del dirigente estatal del tricolor, Alejandro Armenta Mier. Ahí uno de los participantes, sin decir nombres, consideró negativo revolver el discurso religioso con el político.
Lo que a muchos sorprendió es que Claudia Hernández enmudeció y no uso el recurso que ha empleado con muchos de decir: “Es mi carta, pero no es mi carta”.
Para los que dudan de su existencia, aquí reproduzco el texto en cuestión que viene firmado.