Billy Frese, pianista y poeta poblano, recorre su estudio mostrando las distintas piezas de arte y estantes que adornan el espacio. Una centena de libros, tapices de gis, dibujos en papel en las ventanas, fotografías, cartas y recortes “del pasado” guardados con cuidado en bolsas de plástico que cubren las paredes, sin olvidar la obra en repujado que recibe al visitante en la entrada principal. Licenciado en Ciencias y técnicas de la información, maestro en literatura hispanoamericana y pianista educado de manera particular por profesores como Juan José Calatayud, el músico poblano dice con orgullo que es “uno de los pocos que ha vivido de tocar piano en bares”.
Católico de formación –jesuita, específicamente– y producto de la “educación hipermocha poblana”, Frese hoy día se considera un “espíritu religioso sin religión” que habla con desparpajo de cualquier tema que se le pregunte, así sea música, política, la iglesia católica o las mafias culturales de Puebla y el país, de las cuales, considera, no hay escapatoria.
Frese tomó clases de piano a los 11 años y desde los 18 se dedica a este instrumento de manera profesional. Por aquellos años empezó a trabajar en el restaurante Casa del Ángel en San Ángel, en el Distrito Federal. Desde entonces, ha recorrido un amplio circuito de piano bares que le han permitido hacer lo que le gusta.
Su primer concierto importante, recuerda, fue en La Piedad, Michoacán, en 1972, cuando contaba con 20 años, acompañó a leyendas del rock mexicano como Three souls in my mind, Javier y Baby Bátiz y Peace and Love. Hoy, Frese no le hace el feo a ningún género. Jazz, música barroca, canciones populares, baladas románticas o boleros. Finalmente, el pianista de bar tiene que tocar lo que el público le pida, dice.
Para su recital del viernes 1 de agosto en el Teatro de la Ciudad a las 20 horas, el repertorio incluirá lo más representativo del jazz y composiciones de autores y latinoamericanos como Consuelo Velázquez, María Grever o Violeta Parra, con el toque jazzístico del autor. Asimismo, Frese planea alternar la música con la lectura de algunos de sus poemas como el de largo aliento, Catedral hincada.