Los estudios epidemiológicos que se llevaron a cabo en la decada de los 80 del siglo pasado, entre las personas nativas de Alaska, los esquimales de Groenlandia y grupos de personas de Japón que vivían en villas de pescadores, encontraron una incidencia baja de enfermedades cardiovasculares en estas poblaciones. El análisis de estos estudios llevó a la conclusión de que el pescado era el elemento protector común en estas comunidades contra las enfermedades cardiovasculares. Las investigaciones han continuado hasta el día de hoy. Cada vez se tiene más conocimiento de cómo el omega–3 actúa en la prevención de los accidentes vasculares.
Los ácidos grasos poliinsaturados omega–3 (ácido ecosapentaenoico y ácido docosahexaenoico) son el agente activo, primordialmente responsable del efecto protectivo que tiene el pescado contra la arteriosclerosis y otras enfermedades. En la literatura médica relacionada a este tema se habla de pescado incluyendo también a los mariscos (langostas, camarones, ostras, etcétera), entre ellos.
La evidencia científica sugiere que el omega3 podría reducir la incidencia y mortalidad de enfermedad coronaria del corazón a través de varios mecanismos que incluyen: la reducción de triglicéridos en suero, inhibición de la agregación plaquetarias y por un afecto antiarrítmico. Cada día existe más evidencia de que el omega–3 mejora la pared interna de las arterias, lo que es fundamental en la arteriosclerosis.
Otro de los mecanismos de protección que ofrece el omega–3 podría ser que el que éste actúa en la prevención de la formación de trombos. Este mecanismo seria a través de la disminución de la viscosidad de la sangre, lo que ayudaría a bajar los niveles de presión sanguínea, también parece participar en la reducción de los niveles de fibrinógeno plasmático, (el fibrinógeno es una proteína que actúa en la coagulación). Todo esto parece explicar el efecto preventivo que tiene el omega–3 contra la enfermedad coronaria fatal.
Investigaciones más recientes han señalado que la dieta mediterránea podría ayudar a reducir la probabilidad de cáncer. Más de 26 mil hombres y mujeres griegos fueron estudiados durante ocho años por un grupo de científicos, quienes descubrieron que consumir altos niveles de grasas monosaturadas, que se encuentran en el aceite de oliva y menos grasas saturadas, que se encuentran en lácteos, es lo que tiene el efecto más grande en reducir el riesgo de cáncer. Más aceite de oliva y menos mantequilla parece ser la clave para reducir el riesgo de cáncer.
Además, los últimos descubrimientos realizados sobre el aceite de oliva extra virgen, riquísimo en ácidos grasos monoinsaturados, integrantes de la mielina (envoltura de las neuronas) y dos muy efectivos antioxidantes: los polifenoles y la vitamina E, parecen actuar como un verdadero escudo para proteger a la memoria de la acción amnésica de los radicales libres. El grupo de alimentos que apuntan directamente a mejorar las neuronas, y por ende la memoria, parece estar encabezado por nutrientes ricos en colina, la vedette de las neurociencias. Se trata de un aminoácido que el cuerpo requiere en muy pequeñas cantidades, pero cuya falta o entrada insuficiente genera serios problemas neuronales. La colina constituye la materia prima de la acetilcolina, el neurotransmisor más importante del sistema nervioso, algo así como la materia de la que están hechos las ideas, los pensamientos y los recuerdos.
Bien, la colina se encuentra en exceso en la yema de huevo, aunque el germen de trigo y peces grasos como el salmón también la contienen, aunque en concentraciones menores.
La segunda línea de alimentos para la memoria están encabezada por el pescado. El atún, la anchoa, la sardina, el arenque y la caballa poseen ácidos grasos omega–3 en altísimas concentraciones. El omega–3 protege a las neuronas contra la letal acción de los radicales libres, principales responsables del proceso conocido como envejecimiento.
Junto con el omega–3, las frutas que poseen fisetina, como la manzana, tienen como efecto principal el de mejorar la memoria y las funciones cerebrales. Otros vegetales en los que se encontró fisetina son las uvas, las frutillas, kiwis y duraznos, así como en espinaca y cebollas. Los vegetales de hojas verde oscuro forman parte de este grupo que actúa contra el olvido: brócolis y espinaca son riquísimos (especialmente los primeros) en poseer numerosos principios fitomedicinales comprobados. La lista debe completarse con: nueces, alcauciles, espárragos y muy especialmente cereales integrales (con fitoquímicos indispensables para el salto del impulso nervioso entre una neurona y otra).
No olvide acompañar una buena alimentación con una rutina de ejercicios diarios que le permita mantenerse alerta y flexible. Una buena alimentación favorecerá un buen funcionamiento cerebral.
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