Si realmente se quiere llegar al fondo del atentado sufrido por el diputado local José Manuel Pérez Vega se debe investigar y tal vez encarcelar a Antonio Merino, el hijo del edil de Tlacotepec de Porfirio Díaz, pues no solamente existen elementos que lo señalan como una de las cabezas del comando policiaco que habría intentado matar al legislador, sino que es quien ha creado un ambiente de terror y de ilegalidad en el ayuntamiento de ese municipio.
Quien realmente gobierna en Tlacotepec de Porfirio Díaz es Antonio Merino, el hijo del alcalde Esteban Gorgorio Merino Mendoza, quien está al frente del ayuntamiento –sin tener un cargo público– de lunes a viernes, ya que su progenitor es un cafetalero que la mayor parte del tiempo se la pasa en la ciudad de Tehuacán atendiendo sus negocios.
El alcalde, cuentan, solamente se aparece los sábados y le gusta llamar a los regidores a firmar actas de sesiones inexistentes de cabildo poniendo una pistola en el escritorio como una manera de intimidar a los integrantes del cuerpo edilicio.
El hijo del presidente, junto con Honorato de los Santos, quien es el regidor de Gobernación, son quienes mueven los hilos de la Comuna y han cometido actos ilegales como haber corrido a dos integrantes del cuerpo edilicio y en su lugar, pusieron a los suplentes, sin que dichas acciones fueran sancionadas por el Congreso del estado.
Es decir, Antonio Merino ha cometido actos de usurpación de funciones con el aval de su padre, lo cual es una falta sancionada por la Ley Orgánica Municipal, y es motivo suficiente para que el Poder Legislativo desaparezca al actual ayuntamiento de Tlacotepec de Porfirio Díaz.
Uno de los regidores agraviados por los abusos del alcalde es el perredista Guillermo Berlín, quien con el apoyo de José Manuel Pérez Vega –mejor conocido como Pepe Momoxpan– y un equipo de abogados se encontraba tramitando tres juicios de amparo, que entre otras cosas, buscan demostrar la usurpación de funciones que ocurre en el ayuntamiento.
Tal parece que la gente del alcalde, incluido su descendiente, tenían claro que el regidor del PRD, junto con Pérez, Vega, estaba en la vía de iniciar un proceso jurídico–administrativo tendiente a denunciar la ilegalidad en que incurren, además de quitarlos del poder. Esa puede ser la razón del odio con que la gente de la Comuna buscó acabar con el diputado del Partido del Trabajo y sus dos más cercanos colaboradores, Rafael García Salas y Hervey Rivera González.
Pérez Vega y su gente, pudieron identificar que al frente del comando policiaco que los estaba esperando el domingo pasado a la entrada de Tlacotepec para detenerlos e intentar matarlos, estaba el hijo del alcalde y un sicario que opera en la Sierra Negra, apodado “el jarocho”.
El legislador apenas estaba entrando a la comunidad y ya era agredido por policías y un grupo de pobladores, afines al gobierno local. El diputado pudo huir a bordo de su camioneta al darse cuenta del comportamiento agresivo de los uniformados. Posteriormente inicio una persecución que concluyó en el vecino municipio de Eloxochitlán, en un paraje en donde se realizan obras de reparación de la carretera que el año pasado quedó sepultada por un alud que también se llevó un autobús de pasajeros.
Según Pérez Vaga, ahí en ese lugar, un grupo de campesinos presenció la detención de él y sus dos colaboradores, quienes además eran golpeados. El legislador les gritó y les pidió auxilio. Más tarde, los policías al sentirse observados por los labriegos decidieron liberar a sus rehenes para más tarde, volverlos a perseguir con el objetivo de aplicarles “la ley fuga”.
Es decir, con el pretexto de que habían intentado huir luego de negarse a ser registrados en un retén destinado a detectar armas de fuego los policías pretendían dispararles a mansalva. Lo que no contaron es que los tres agraviados fueron más rápidos para dejarse caer en una pendiente y poder alejarse de la zona.
Si esos campesinos no hubieran estado ahí, es probable que el representante social hubiera sido ejecutado a sangre fría. Esos mismos vecinos, más tarde se dieron cuenta que el legislador era de nueva cuenta perseguido en una barranca y contaron que por lo menos les dispararon unas 30 ocasiones.
La gente de Eloxochitlán no solamente presenció la actitud hostil de los policías y luego ayudó Pérez Vega a huir, además le dieron dinero para que pudiera trasladarse a Tehuacán. Esos pobladores literalmente le salvaron la vida. Son labriegos anónimos que justificaron su intervención al señalar que están cansados de los constantes abusos de los policías de Tlacotepec.
Pérez Vega platicó ayer con este tecleador y dijo tener la certeza de que quien siempre estuvo dirigiendo a la policía fue el hijo del edil, el mismo que se ejerce la función de alcalde pese a que nunca fue electo por la población.
La detención de los supuestos policías que detuvieron ilegalmente y torturaron a Pérez Vega no es una acción suficiente para esclarecer los hechos, pero sobre todo para regresar la legalidad a Tlacotepec de Porfirio Díaz. Si la acción de la Procuraduría de Justicia de Puebla únicamente se reduce a procesar penalmente a los uniformados, éstos serán usados como chivos expiatorios.
Lo realmente importante no solamente es detener a quienes detuvieron al representante social y le dispararon, sino a quienes urdieron la operación para acabar con el diputado del PT, y como principales sospechosos están quienes controlan el gobierno local.
La Procuraduría General de Justicia y el Congreso tienen que actuar contra el alcalde Esteban Gorgonio Merino Mendoza, su hijo Antonio Merino, el regidor Honorato de los santos y contra “el jarocho”.
Pero además, se debe esclarecer cómo era posible que en Tlacotepec desde hace varios meses gobernaba un sustituto del alcalde, se corría a los regidores, se permitía abusos de la policía y se trataba despóticamente a la población, sin que ninguna autoridad estatal o el Congreso del estado tomara cartas en el asunto, a excepción de José Manuel Pérez Vega.
El legislador por Ajalpan, que es el distrito al que pertenece Tlacotepec de Porfirio Díaz, Raúl Mario Méndez Reyes, hace 15 días le dijo a Pérez Vega que el alcalde de ese municipio estaba tranquilo y que podía visitar la zona sin problemas.
Eso quiere decir que Mario Méndez ignora lo que pasa en su distrito o es cómplice de alcalde de Tlacotepec.