Contar, relatar, es más que una expresión ancestral, milenaria. Es también una necesidad humana, una puerta al conocimiento y a otras culturas, así como un vehículo para manifestar desacuerdos y plantear críticas y cuestionamientos.
Puebla cuenta con una gran tradición oral; sin embargo, “este oficio milenario está perdiendo terreno y presencia en una sociedad interferida por lo audiovisual, con la televisión, el internet y los videojuegos, a la que cada vez le es más difícil comunicarse personalmente”, aseveró Armando Trejo Márquez, organizador del Festival Internacional de Narración Oral “CuentaLee”, que llegará a provocar y a seducir al público poblano del 1 al 9 de agosto.
Previo al acto, adelantó que pese a que nos encontramos inmersos en un mundo audiovisual, “nada de eso puede sustituir al poder que tiene el ser humano frente a otro, de contarle algo”.
Tras su realización en la ciudad de México, hace tres días, el Festival Internacional “CuentaLee”, voces de la oralidad y la literatura, llega a la Angelópolis con la participación de 13 narradores contemporáneos ilustrados, procedentes de Argentina (María Sabio), Cuba (Mayra Navarro y Tirso Clemades), España (Yolanda Saenz y Javier Oterino), Colombia (Gerardo Méndez), Venezuela (Graciela Anzola) y México, que contarán mitos, leyendas y anécdotas a niños, jóvenes y adultos.
Con 20 años de experiencia en la narrativa, Trejo dijo que la finalidad de este encuentro “es dignificar el oficio del cuentero de tribu”, aunque esto no es tan fácil, pues uno de los grandes desafíos en la actualidad a los que se enfrenta la educación “es la incorporación de los individuos a la cultura de la lecto–escritura y lograr que éstos a su vez se conviertan en lectores y escritores”.
Por ello, la propuesta es que, con el arte del cuentero desde una forma vigente, “se recupere el gusto y el disfrute por volver a escuchar cuentos de la literatura, anécdotas de nuestras vivencias… con un planteamiento escénico, ético y estético”.
“Los narradores no eran más que los guías, chamanes, el historiador oral que convocaba a su sociedad para reunirse en torno a la palabra y el imaginario para encontrar las respuestas de por qué de las cosas”; de ahí, destacó, la importancia de recuperar la palabra como la principal herramienta para relacionarlos.
En contraparte, expuso que la falta de comunicación oral “es un problema de salud” que dificulta a los niños acercarse a la lectura. “Tenemos algo maravilloso, que es articular una palabra, una voz y una presencia, y no debemos permitir que entre en desuso”.
De la dinámica del festival, detalló que lo primero es convocar a un público interesado no sólo en el cuentacuentos escandinavo, “que únicamente es valorado como un divertimento, como un artista menor que entretiene a niños”, sino a las personas que nunca han tenido esta experiencia y que se encuentran en las prisiones, hospitales, asilos, parques y librerías.
Paralelamente al foro, han organizado un taller para formar la primera generación de narradores orales en Puebla, “quienes den continuidad al cuento y ganen la batalla a la incomunicación y al silencio”.
El taller básico de oralidad se desarrollará los días 4, 5, 6 y 9 de agosto, en la Casa del Escritor (5 Oriente 5), sin costo alguno. Se trata de un curso, explicó, que se ha ofrecido en instituciones prestigiadas de 10 países del mundo, desde la Universidad Complutense, de Madrid hasta el Fondo de Cultura Económico, en nuestro país. Dedicado especialmente a promotores de lectura, docentes, terapeutas y psicólogos.
“Lo que queremos es que el público no sólo se quede con la propuesta de lo digerido de la televisión, si no que apele a la imaginación y pongan a trabajar la mente”, insistió.