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Martes, 29 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

 SALUD 

Es un honor

 
Antonio Cruz

En las personas que hemos dedicado buena parte de la vida fundamentalmente a la docencia no existe momento más grato que el que se te ofrezca participar, aunque sea de manera discreta, en mecanismos útiles como lo es el proceso enseñanza–aprendizaje, en nuestro caso de la medicina. Así es como la maestra en Ciencias Guillermina Valerdi, jefa de laboratorios del Departamento de Agentes Biológicos de la Facultad de Medicina de la UAP, nos hizo el honor de colaborar en la elaboración del prólogo para el Manual de Prácticas de laboratorio que nuestro departamento elaboró para el curso docente del periodo cuatrimestral de otoño que inicia en el próximo mes de julio del presente año, documento que es una guía metodológica para los alumnos, cuya participación es un honor que hoy comparto con mis dos asiduos lectores:

“En tus manos de estudiante está un nuevo Manual de Prácticas de Laboratorio de Virología y Bacteriología, te obliga a preguntar ¿por qué quien se prepara para ser médico debe conocer los procedimientos fundamentales que conducen al diagnóstico de los agentes causales de daño a la salud que provienen del medio ambiente, a lo que se llama enfermedad infecciosa? De primera intención, la respuesta es simple: Es obligación irrestricta para quien desea diagnosticar padecimientos infecciosos, causados por agentes biológicos que llegan al cuerpo humano a partir del medio ambiente donde pululan, realizar cinco pasos: 1) Identificarlos de manera directa a partir de la observación visual. 2) Identificarlos de manera indirecta aislándolos a partir de su cultivo en medios adecuados. 3) Si al agente no se le puede visualizar o hay dificultades para hacerlo, deben buscarse las huellas de su presencia a través de las partículas de antígenos o anticuerpos que quedan como resultado de la respuesta antígeno–anticuerpo. 4) Identificar las fracciones de sus partículas genéticas moleculares, siempre y cuando se tenga la tecnología adecuada. 5) A la par de todo, reconocer la sensibilidad que el agente tiene a los fármacos específicos que los matan o inhiben.

Estos cinco pasos son el primo mobis del quehacer, que saber del médico en el laboratorio de virología–bacteriología, como parte fundamental de la revolución de los procedimientos diagnósticos que dominaron durante el siglo XX y se perfilan promisoriamente en el naciente siglo XXI.

Los agentes infecciosos proliferan en el medio ambiente dentro de un proceso vital continuo, activo e intenso entre seres vivos, animales o vegetales, del micro o macrocosmos, en los que no es posible exentar la tierra, el agua, el aire que nos rodea, a los que se agrega la energía solar. Complejos componentes de la vida y de lo vivo, que todas las civilizaciones antiguas vieron como medios para su proliferación orgánica, en los que están incluidos los agentes causales de enfermedad, donde todos estamos expuestos a los contagios, favorecidos, hoy lo sabemos bien, por el depósito de las excretas del tubo digestivo de todos los seres vivos, residuos de alimentos, basura, que permiten proliferar y reanudar la vida; la picadura de insectos hematófagos capaces de absorber líquido circulante de enfermos que portan a esos agentes, para pasarlos a otros sanos en una nueva picadura; también la picadura de atrópodos grandes que requieren a su vez alimentarse de sangre de animales o humanos e indistintamente, sostener enfermedades expresables, no pocas veces de manera desastrosa.

La forma de expresión comunal de la salud–enfermedad se inició en Mesopotamia hace 9 mil años, cuando aparecieron la primeras ciudades. Hoy en nuestro siglo la urbanidad explota, porque llegó la época en que más de la mitad de los 6 mil 600 millones de habitantes que hay en la tierra vivimos en zonas urbanas abandonando el campo, a manera de un ato inmenso de ganado humano, expuesto a contagios, hacinamiento, transmisión de enfermedades sexuales, sumando debilidades que tornan a la convivencia humana cada vez más peligrosa.

Jóvenes médicos en formación: véanse obligados a extremar su dedicación al aprendizaje de una disciplina diagnóstica harto exigente, en la que el tiempo que dediquen a ella nunca será suficiente, recuerden que los estudios de esta guía, son la misma ruta por la que deambularon Leewenhoeck, Jeanner, Pasteur, Koch, Laverán, Ross y muchos más. Ustedes son investigadores en potencia, seguros estamos sus maestros se que alguno será la gloria que justifique la existencia de nuestra Facultad y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, que hoy les abre las puertas de la ciencia.

 
 
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