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Lunes, 28 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Salud
 
 

Francesa sufre una pesadilla en un hospital público y en el Ángeles

 
(América Farías)
Puebla, Pue.

Jeanne Françoise Asensio nunca se imaginó que su primer viaje a México sería inolvidable, y no precisamente por las buenas experiencias durante su estancia, sino por la serie de problemas que tuvo que vivir para ser atendida en el sector salud, público y privado, después de una simple fractura que sufrió en el tobillo.

Sentada en una silla de mecer, con una pierna vendada sobre un banco, la francesa de 61 años narra decepcionada a La Jornada de Oriente la amarga experiencia que enfrentó, primero, al ser atendida en el Hospital General de Pochutla, Oaxaca, tras haber sufrido una caída y una fractura en el pie; luego, para que le validaran su seguro médico y por último, el cobro abusivo de los servicios en el Hospital Ángeles de esta capital.

 

La negligencia del sector público de salud

En una visita a México, Françoise, de nacionalidad francesa, conoció las dos caras de este país: la del territorio bello por sus recursos naturales, su gente, su gastronomía, pero también la de aquel que tiene un deplorable sistema de salud pública, el cual destaca por la falta de medicamentos, instalaciones sucias, insuficiente equipo médico y personal poco capacitado.

“Eran las 12 del día cuando sufrí una caída y me fracturé el tobillo”, cuenta la francesa mientras toma una taza de café. Mis familiares, sigue narrando, me llevaron al hospital de Pochutla –lugar donde fue a pasar unos días de vacaciones– para que me atendieran. Me recibieron en el área de urgencias.

Juan Meza, un sobrino de su familia mexicana que la llevó al hospital de la Secretaría de Salud en aquel municipio oaxaqueño, añade que subieron a Jeanne Françoise Asensio en una camilla para ingresarla, mientras al lado se veía media docena de parturientas esperando turno para dar a luz. “Una de ellas se recargaba en la pared doblada del dolor y nadie le hacía caso; las otras personas que esperaban se decidieron a tocar fuerte la puerta de uno de los consultorios hasta que salió una enfermera y la ingresó, como a regañadientes”, cuenta.

Sin embargo, el ingreso de esta profesora parisina fue relativamente rápido. Enseguida le hicieron una radiografía y en unas decenas de minutos le dijeron que ésta indicaba que tenía fracturados la tibia y el peroné, y que había que “reducir la fractura” quirúrgicamente. Acto seguido le presentaron un documento que debía firmar para autorizar la operación.

Françoise rechazó la propuesta del doctor, pues manifestó que no era una intervención de “vida o muerte”, y que contaba con un seguro de viajero, que le incluiría el regreso a Paris en la primera oportunidad. Esta decisión provocó la molestia del médico y de la enfermera, quien inmediatamente le colocó una férula en la pierna sin antes lavar la herida; esta acción provocó que el pie se infectara y a la postre obligó a aplazar la intervención quirúrgica.

Durante su estancia en la hospital de Pochutla, Asensio solicitó a las enfermeras una pastilla para calmar el dolor de su pie izquierdo, pero la respuesta de ellas fue: “Vaya a la farmacia, aquí no tenemos medicamento”; y, por si fuera poco, se negaron a llevarla a orinar, “a ver cómo le hace”, dijo una enfermera. Su sobrino tuvo que conseguir un cómodo y luego hacer las veces de camillero para llevarla a la camioneta de la familia.

 “Me di cuenta que en los hospitales de México los médicos ven a los pacientes como un número. Aquí faltan muchos recursos materiales, así como preparación psicológica de los doctores. Juegan con la vulnerabilidad del paciente”, afirmó.

Pero ahí no terminó la cosa. Faltaba pasar por el sistema internacional de seguros. Pidió el servicio a la empresa Europe Assistant, representada en México por Banorte Generally.

 

La transa de la aseguradora

El mismo sábado de su fractura, la familia de Françoise se puso en contacto con los representantes de Europe Assistant en México, Manuel Prieto y Erick Sánchez, para que se hicieran cargo de la atención que proveía el seguro.

Para abreviar, dice la visitante parisina, esperé casi 50 horas para que me atendiera, pero el señor Sánchez no nos decía cuándo tomaría mi avión al Distrito Federal ni a Puebla –desde luego se negó a proporcionarnos una ambulancia aérea, lo que está incluido en este tipo de seguros– y el dolor, la inflamación y la infección aumentaban.

“Este señor Erick Sánchez nos dijo que no era su problema que no hubiese lugar en los aviones, a pesar de que nosotros ya teníamos una reservación garantizada; desesperada, hablé a París con la aseguradora y me dijeron que los informes de los mexicanos establecían que la única manera de salir enseguida era por carretera, lo que acepté”.

El lunes por la tarde –17 horas–, dos trabajadores de la Cruz Roja llegaron por Françoise para llevarla al hospital Ángeles. Durante 16 horas de viaje por carreteras llenas de curvas, de baches y de topes, la francesa tuvo que soportar los dolores de su pierna.

A las 9 de la mañana del martes, Françoise ingresó al Hospital Ángeles, ubicado en la reserva territorial Atlixcáyotl de este municipio. Ahí, el equipo médico de la institución privada la revisó inmediatamente para ver en qué condiciones estaba su pierna, le aplicó una serie de análisis y le dio antibióticos.

Después del chequeo, los doctores concluyeron que Françoise no podía ser operada ese día porque su herida estaba infectada, debido a que fue vendada sin que le lavaran una pequeña herida que le produjo la caída. Así que su intervención se pospuso para el día miércoles.

El miércoles la francesa fue llevada al quirófano para ser intervenida quirúrgicamente. Hasta ese día, un “médico” supervisor de Banoret Generally se presentó al hospital para verificar el estado de salud de Françoise y para solicitar que firmara dos documentos: uno que contenía todos sus datos personales para comprobar sus gastos médicos con la aseguradora Europe Assistant, y el segundo, un contrato de servicios con el Hospital Ángeles.

El representante de Generally se excusó de su retraso bajo el argumento de que “Europe Asistant apenas ese día le había avisado del caso”. Luego se comprometió a regresar el jueves 27 para entregar el oficio de su evaluación médica, pero no lo hizo. El viernes sólo se comunicó vía telefónica con un médico del hospital explicando que se encontraba en Córdoba; la llamada se cortó y él no volvió a llamar.

Supuestamente Françoise sería dada de alta el jueves por la tarde; sin embargo, tuvo que continuar en el hospital dos días más, porque después de su operación intentó caminar con unas muletas y se cayó.

Una semana después de su caída, el equipo médico del Ángeles la preparó para ser dada de alta. Contenta, Françoise se dirigió a la puerta principal de la institución para ser recogida por sus familiares, pero unos policías la detuvieron y le negaron su salida; desconcertada, les preguntó porqué le negaban el paso y ellos le respondieron que para que la dejaran salir ella tenía que presentar un papel azul que debió ser entregado por el licenciado Prieto al hospital, y además le dijeron que tenía una deuda de 2 mil 787 con la institución por el uso de servicios.

Sorprendida, preguntó de qué servicios hablaban, y por qué tenía que pagar, si el seguro es el que se encargaría de todos los gastos.  Entonces le mostraron la “cláusula tres”, incluida en la parte de la “letra chiquita” y sin especificación, con la que la aseguradora se deslinda de ciertos pagos: “El paciente conviene expresamente en pagar de contado a la Operadora de Hospitales, S.A de C.V. todos y cada uno de los gastos y cargos por concepto de los servicios proporcionados al paciente, conforme a las tarifas en vigor, contra la presentación de los estados de cuenta respectivos”. ésta deja al arbitrio del hospital el cobro de ciertos servicios.

 

El excesivo cobro de servicios

Luego de largas horas de confusión, el Hospital Ángeles le entregó a Asensio una factura con el total de gastos de los servicios y bienes: muletas de aluminio, 673.79 pesos; paquete de admisión adultos, 308.99; protector de cama desechable, 171.88; cómodo desechable, 109.71; almohada desechable, 84.11; termómetro, 40.27;  agua de sabor, 54.86, así como el cargo de uso de cama extra por tres días, mil 272 pesos. El cómodo que nos mostró es de ínfima calidad, con rebabas y extremadamente frágil, lo que le produjo raspones en las piernas e incomodidad al orinar.

Después de una semana de ajetreos y servicios pésimos por parte del hospital de Pochutla y la aseguradora, Françoise regresó a Francia con un mal sabor de boca de los servicios hospitalarios de México.

“Es lamentable que los valuadores de las aseguradoras no tengan personas especializadas en la medicina, ven a los pacientes como un objeto y sólo se preocupan por valuar el costo del servicio, no sirven para este oficio”, concluyó Jeanne.

 
 
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