Eso significa, alertó, ser un poco indiferentes. “Además, una de las problemáticas percibidas dentro de la violencia intrafamiliar es que si las relaciones conyugales son conflictivas por naturaleza, éstas no deben trascender al ámbito de los padres e hijos. Es ideal que los pequeños no logren enterarse de los problemas de papá y mamá porque en caso de ocurrir así, el intento de opinar y decidir sobre eso provocará peores escenarios. Este último punto aunado a la indeferencia, provoca un severo revoltijo”.
–Para el caso específico de Atlixco, ¿encuentras algunas características muy definidas en torno a estos problemas planteados? –se le preguntó.
–En Atlixco noto la migración. Es decir, al no existir una estructura laboral en la ciudad y agrícola en el campo, los padres siguen obligados a irse para tratar de salvar la economía familiar. Y los hijos quedan casi siempre en manos los abuelos. Ese es un conflicto al que parece nadie hacerle caso, y que está perfectamente señalado.
Moreu lamentó que a cambio muchas personas en el municipio sigan con los “saltos de alegría” por la llegada de los dólares. “Ciertamente las remesas sostienen a Atlixco comercialmente, pero detrás de esos billetes verdes también aparecen los problemas. No todos corren con la misma suerte, y quienes no lograr consolidar aspiraciones en Estados Unidos regresan a casa con otros modales: venta de droga, delincuencia organizada y reuniones en pandillas para ponerlos en práctica aquí”.
–¿Entonces en Atlixco ya es evidente una ruptura del tejido social por la migración?
–Podemos decir que si. Existe una descomposición por la falta de empleos y por la falta de los padres de familia.
Sin embargo, Moreu insistió que se trata de un fenómeno social que sucede en condiciones como las detectadas en Atlixco. “En caso de no tener a la mano trabajo, la gente terminará por irse en busca del dinero; eso es un asunto milenario. Lamentablemente ese aspecto desarticula a la familia. Y el niño necesita tener a papá y mamá muy cerca”.
Por otro lado, sentenció Moreu, los ciudadanos suelen quejarse de la inseguridad y del comportamiento de la autoridad en ese tema. “Estamos siempre espantados por un posible asalto o una agresión. A cambio, no estamos dispuestos a cumplir reglas de coexistencia.