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Lunes, 28 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

Es triste que muchos mexicanos desconozcan a los grandes compositores del país: Borislova

 

Nadia Borislova adelantó que está por terminar El cuaderno del violinista más pequeño, para niños de cinco años / Foto: Abraham Paredes
Yadira Llaven
Puebla, PUe.

 “Es conocido y justificado que los niños que escuchan música desde edad temprana desarrollan habilidades del pensamiento lógico–matemático y las relacionadas con la lingüística, por eso hay un dicho bien sustentado que dice que ‘los músicos son buenos matemáticos’”, afirmó la investigadora de la Escuela de Artes de la Universidad Autonóma de Puebla y virtuosa guitarrista de origen ruso, naturalizada mexicana, Nadia Borislova.

Por tal razón, Borislova realizó el proyecto de investigación La importancia de adquirir el lenguaje musical a la edad temprana, conjuntamente con otros docentes y alumnos de Escuela de Artes, para reformar la educación en México. En entrevista con La Jornada de Oriente explicó que se trata de impulsar, a través del Congreso de la Unión, que la educación artística musical sea parte de la formación de los niños, como sucede en muchos países de Europa, desde la educación primaria.

“En Alemania, Rusia, Francia, Italia y otros países, los niños tienen contacto con la música desde los tres años de edad y en su educación básica. Por ello, podemos ver a pequeños ofreciendo conciertos maravillosos desde los 10 años, situación que no sucede en México, pues aquí la gente decide estudiar música en edad adulta, a los 18 años de edad”.

En su casa–estudio de La Calera, al sur de la ciudad, la también compositora arguyó que la música es el elemento básico para que una persona sea completa en muchos aspectos, pues ofrece una educación integral. Y sustentó: “Es importante que en el nivel básico de educación haya una materia artística bien diseñada, porque es triste saber que muchos mexicanos, incluso adultos, desconocen a los grandes compositores de este país, ni siquiera por su nombre”.

Este “hueco” que consideró importante cubrir debe ser tapado con un plan de estudios bien cimentado.

Asociado a la propuesta de la reforma a Ley General de Educación, comentó, es fundamental trabajar en un material didáctico para niños. En ese sentido, adelantó que está por terminar El cuaderno del violinista más pequeño, para niños de cinco años, que incluirá juegos, gramática musical, cuentos, poemas, ilustraciones, dibujos y piezas para violín y guitarra; así como un video de una pequeña de seis años, con la participación del Coro de niños cantores de la UAP, pues –a su juicio– es importante que un niño cante lo que toque, para que pueda interpretar con más facilidad el instrumento.

En el proyecto La importancia de adquirir el lenguaje musical a la edad temprana, que inició en 2007, la maestra en Música encontró que los pequeños desarrollan el área sensorial de su cerebro, tienden a ser optimistas y disfrutan más de los sonidos musicales.

Borislova es un ejemplo claro de la influencia de la música desde la niñez, beneficios que también experimentó con sus dos hijas: Yekaterina, quien aprendió música a los dos años, y Daninizha a los seis, que le ayudan a respaldar su investigación.

Hace casi un año, formó un grupo piloto de 13 niños de seis a nueve años, que denominó La llave de sol sonríe al sol. Con ellos, analizaron y desarrollaron nuevas técninas para el aprendizaje del lenguaje musical. Además, ofreció a los pequeños, materias como apreciación artística, audición, análisis de obras maestras, aprendizaje de un instrumento y taller de creación, en el que motiva a realizar sus propias piezas musicales y hacer pequeñas  presentaciones.

 

“El mundo musical es matemático”

Aunque para muchos puede parecer increíble, porque no se considera a la enseñanza musical prioritaria, “un buen músico es también un buen matemático”. Esto se debe a que “la música es un mundo de matemáticas”. El estudio de una obra musical se relaciona con la medida, duración de notas, tiempo, métrica, ritmo, compases y en todo ello entran los números: al momento de tocar, leer una partitura o crear música, el pequeño va midiendo.

De esta forma, el niño comprende que la naturaleza de la música tiene una cierta agrupación aritmética; o como dicen, “la belleza es una gran simetría y la obra musical también es una simetría, donde los números están dentro de los compases y las frases”.

“Aprender el lenguaje musical significa aprender a hablar”, señaló también Borislova. “Nosotros utilizamos puntos, comas y  entonación para entablar un diálogo; lo mismo pasa con la música, donde, si no se utilizan puntos y comas, no se pronuncia correctamente y lo que se escucha es incomprensible”.

Además es movimiento y esto ayuda a los niños en su coordinación psicomotora. “Ellos al tocar –ejemplificó– siguen las notas con movimiento y ritmo, que se relacionan con la habilidad de aprender otra lengua”. 

Con lo expuesto, aseveró que la música “debe formar parte de cualquier ser humano, aunque no se dedique profesionalmente a ella, porque ayuda a disfrutar de la vida plenamente y ser más optimista”. Y es que los sonidos musicales generan una actividad cerebral más activa, que permite conocer un mundo lleno de colores y sonidos con los que hace una asociación.

Nadia Borislova aseguró que un pequeño de dos años puede ser ya un público crítico en la música e incluso aprender las primeras notas, que le permitirá, más adelante, crear su propia música.

 

“La música se aprende como los colores”

La docente de la Universidad Autonóma de Puebla desde 1994 y miembro del Padrón de Investigadores de la misma institución comentó que en su primera clase de música conoció el Réquiem de Mozart, “y esta experiencia me quedó para toda la vida”; por eso, consideró que igual de importante es preparar a los maestros, quienes tienen que ser profesionales de la música.

“En las escuelas sólo se canta el Himno Nacional y bastante mal, porque no tienen un profesor de música que les enseñe cómo hacerlo bien”.

Con su experiencia, desarrolló un método que permite aprender música desde los dos años. Los pequeños aprenden las notas musicales asociándolas con colores: el do es rojo, re: naranja, mi: amarillo, fa: verde, y sol: azul.

El instrumento ideal para iniciarlos es el piano, que es como las tablas de multiplicar para quien aprende a tocar cualquier instrumento ya sea flautista, violinista, chelista u otro. Sin embargo, destacó la importancia de que los niños prueben diversos instrumentos hasta encontrar el que más les gusta, “porque de eso dependerá que continúen”.

Como virtuosa de la guitarra, recomendó este instrumento para niños a partir de los siete años de edad, y el piano a los tres. La flauta, instrumento musical que desde la antigüedad ha acompañado al hombre, es la más solicitada por algunas escuelas por su bajo costo. 

Finalmente, sugirió que la práctica de la música debe ser diaria. “Esto es difícil para quien empieza, pero podría ser algunos días a la semana y combinar el estudio de un instrumento con solfeo o canto, para más adelante adentrarse en la literatura musical”.

“Los niños aprenderán a apreciar la música si sus padres desde pequeños les ponen a diario obras clásicas durante 15 minutos; cuando estén jugando, haciendo la tarea u otra actividad que les permita escuchar, pues les permitirá crecer, apreciar y recrearse con las diversas expresiones artísticas a lo largo de su vida”.

 
 
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