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Lunes, 28 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

 DEL HECHO AL DICHO  

El 68... la última y nos vamos

 
Manuel de Santiago

40 años han pasado y se mantiene campante la impunidad, ahora amparada por los gobiernos del PAN. ¿Creyó usted en algún momento que las cosas cambiarían a partir de Fox? Murieron decenas o, probablemente, cientos de jóvenes en este largo periodo de cuatro décadas y la clase política sigue ciega y sorda a los reclamos de la sociedad, sólo vela por sus intereses particulares.

En el gobierno federal, al autoritarismo del PRI–gobierno le ha sucedido el autoritarismo y la hipocresía del PAN–gobierno. Mucha gente de todos los partidos ha llegado a la política a hacer negocios, a hacerse ricos, a vivir sin trabajar verdaderamente. En el caso de los órganos legislativos la productividad social de sus integrantes se puede medir no con leyes aprobadas, porque saldrían mal librados en un análisis de costo–beneficio, sino con “horas medios de comunicación”; es decir, cuánto tiempo aparecen sus declaraciones en la radio y, además de esto, sus imágenes en los periódicos, en la televisión y en la internet.

En el caso de las instancias gubernamentales, nos ha tocado sufrir a los nuevos funcionarios federales que son jóvenes egresados de universidades particulares, sin experiencia en los cargos, con aires de suficiencia –propios de su extracción social– y alejados, pero muy alejados de los problemas sociales de la mayoría. Ellos saben de restaurantes caros, de ropa fina, de las culturas de Europa, de otros idiomas, de viajes al extranjero, de automóviles de lujo, de comodidades de todo tipo, de la “gente decente” de la que forman parte, de la élite de personas blancas o despercudidas de este país; pero no de lo genuinamente mexicano.

Tampoco las universidades públicas han dado una respuesta efectiva y contundente a las necesidades de México. Muchos funcionarios titulados en esas instituciones han resultado –en su desempeño público– ser unos pillos redomados que aspiran y se procuran las mismas cosas que los otros, a costa del erario también.

Nuestro pueblo resiste los latrocinios de los políticos de cualquier laya con un estoicismo rayano en una resignación tan profunda que parece casi vegetal. No hemos avanzado gran cosa en lo sustancial; es más, en algunos casos ha habido retrocesos notables (léase sobre Ulises Ruiz, un señor de horca y cuchillo) y la materialización de nuestra aspiración de vivir en un país democrático aún está muy lejana.

1968–2008. Para algunos de los rucos que hemos vivido y visto lo que ha ocurrido en México y en el mundo no ha llegado la mínima luz de esperanza que permita atisbar un mejor futuro.

Para no convertirnos en unos cautivos irredentos del cinismo, nos queda hacia adelante la lucha social –aunque en menor escala–, de aquello que está directamente bajo nuestra responsabilidad, de lo que hay que defender con dientes y uñas ante el embate de los malandrines que en cualquier ámbito de la sociedad buscan su beneficio monetario y su capital político a costa no de su trabajo, sino del de otros y de los dineros públicos. Por esa razón dedico a mis cuates del 68 en este aniversario del 26 de julio, aquéllos que se mantienen en la línea, una sentida ¡goooya! y a los OGTS un sonoro cinco (ta, ta, ta, ta ta...).

 
 
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