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Jueves, 24 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

Monopolios (y otros casos sucios y no tanto)

 
Yassir Zárate Méndez

Monopoly

Uno de los principales flagelos que enfrenta el país es el de los mo-nopolios. Durante décadas, la gen-te enfrentó y padeció el de la telefonía, al ser Teléfonos de México la única em-presa habilitada para brindar el servicio. Tanto en los tiempos de la estatización, como en los de la privatización, Telmex fue un auténtico asco.

No fue sino hasta la aparición de com-pañías competidoras cuando mejoró un poco la calidad del servicio, aunque no han dejado de lado sus prácticas abusivas, como cobrar por llamadas nunca hechas o suspender el servicio por falta de pago, pero sin dejar de exigir la renta del servicio. Sólo así se entiende que Carlos Slim sea el hombre más rico de México: gracias al abuso y al robo. Así de fácil.

Algo similar ocurre aquí en Tlaxcala con la única empresa que presta el ser-vicio de transporte a la ciudad de Méxi-co. Desde siempre, para mal de quienes nos vemos en la necesidad de desplazar-nos a la capital del país, debemos recu-rrir al pésimo servicio ofrecido por ATAH.

A mí me ha tocado viajar en unida-des donde faltan ventanillas y las sustitu-yen con trozos de plástico, o donde el sanitario es una auténtica fosa séptica. Y ya no digamos los incomodísimos asien-tos, que no dejan más de treinta centíme-tros de espacio. Sólo unos cuantos auto-buses son aptos para un servicio que su-puestamente es de primera clase

Pero más allá del mal estado en que se encuentran las unidades, lo peor ha si-do el mal trato de operadores y bole-teros, particularmente en la Terminal de Autobuses y Pasajeros de Oriente (TAPO). Hace un par de días tuve el “gustazo” de conocer a quien se ostentó como “jefe de la estación de servicios TAPO”, de nom-bre Sergio Sánchez Camargo, quien tu-vo la “gentileza” de violar un acuerdo establecido entre la Secretaría de Comu-nicaciones y Transportes (SCT) y las lí-neas de autobuses.

Como muchos saben, en los periodos vacacionales, alumnos y profesores go-zan de descuentos especiales de hasta 50 por ciento; sin embargo, el buen Sergio Sánchez tuvo a bien mandar al caraxo mi credencial, y nomás por sus pantalones se pasó por el arco del triunfo el convenio. Me dejó sin descuento, a pesar de la solicitud. Ese es el problema de los mo-nopolios. Ojalá le sirvan los 50 pesitos que me volaron para mejorar sus servicios.

 

Una más de Vicentico

Para quienes todavía dudan de la ne-fasta gestión presidencial de Vicente Fox, ahí está el dato recién escarbado por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), a propósito del dinero devuelto a grandes consorcios durante el sexenio de Vicentico, a los cuales otorgó tratamien-tos fiscales especiales.

Se trata de la friolera de 680 mil mi-llones de pesos. Nada más. Con ese di-nero alcanzaría para reactivar a Pemex, ahora que tanto se cacarea lo de su “mo-dernización” (que sólo la entienden co-mo privatización).

Los 680 mil millones de pesos repre-sentan cuatro veces el gasto de la SEP (incluido el devorador de fondos llama-do SNTE); equivalen al triple de las apor-taciones para seguridad social; es diez veces superior al presupuesto de este año para el sector salud y 13 veces más el de la Sedesol. De ese tamaño es la voraci-dad y el entreguismo. Y eso por supuesto no es populismo, porque los beneficia-rios son unos cuantos.

Pero no debería de sorprendernos (aun-que sí escandalizarnos), porque Fox no perdía oportunidad para reiterar que su gobierno era “de empresarios y para em-presarios”, pero por supuesto no cual-quier tipo de empresarios. Y si bien les sacó un poco de morralla para construir su centro de documentación (ja), eso ape-nas es un rasguño, casi una limosnita.

 

El petróleo, a consulta

En medio de una auténtica campaña de desinformación, este domingo varias fuerzas sociales pondrán en práctica un instrumento político de enorme valía: la consulta popular.

Práctica común en casi todos los paí-ses civilizados (menos los anglosajones, salvo Canadá, y eso sólo en su parte francófona), el plebiscito es una pode-rosa herramienta que está en manos de la ciudadanía. Vaya, hasta el tirano venezo-lano de Hugo Chávez ha hecho consul-tas para preguntarle a la gente sobre sus polémicas reformas constitucionales. Y ha respetado los resultados aun cuando le fueron adversos.

Aquí la consulta sólo sirve para pre-guntar sí se deben o no construir torres. Pero para temas torales, no se debe con-sultar a la ciudadanía.

Al fin que ni saben, porque para eso se han encargado Jongitud Barrios y la Miss Gordillo. Amén.

 
 
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