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Jueves, 24 de julio de 2008
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ESTÉTICA Y SALUD
 

El beneficio de mantenerse activo

Rafael H. Pagán Santini

Mantener una vida activa permite al cuerpo estar en forma y a prolongar la vida; también puede ayudar a evitar o retrasar el desarrollo de enfermedades o incapacidades mientras uno va envejeciendo

El ejercicio diario no tiene que ser exclusivamente en un gimnasio. El gasto de energía empleado en actividades físicas libres diarias prolonga nuestra vida. Simplemente, el gastar energía a través de cualquier actividad física puede influenciar en la sobreviva. Contrario a lo que se piensa, cualquier actividad con gasto de energía puede ayudar a las personas a reducir el riesgo de mortalidad, sin importar el grado de intensidad.

De acuerdo a las últimas investigaciones, por cada 287 kilocalorías/diarias gastadas en actividades físicas libres, hay aproximadamente una reducción del 30 por ciento en el riesgo de mortalidad entre los adultos mayores. Este gasto energético es el que podría consumir una persona de peso promedio de 76 kilogramos, al llevar actividades como barrer, subir escaleras, cortar el césped o caminar a un paso de 4 kilometros por hora, durante 1 ?  de horas. El beneficio se logra si por lo menos usted tiene un gasto energético diario de 770 kilocalorías en actividades físicas libres.

Mientras mejor sea su rendimiento físico la probabilidad de enfermedad coronaria del corazón, la incidencia de cáncer, de caídas y de incapacidad física se reduce. Todavía no se saben los mecanismos exactos que expliquen como la actividad física confiere este tipo de protección, pero es muy probable que el envejecimiento biológico este asociado al aumento del estrés oxidativo, que contribuye a un alto nivel de inflamación, lo que ambos se reducen con el ejercicio.

La actividad física estimula el metabolismo de las grasas y reduce los niveles circulantes de grasa en la sangre (triglicéridos y colesterol). Cuando la actividad física se lleva regularmente esta reduce la carga de trabajo del corazón. En la capacitación física, como en el ejercicio de entrenamiento, ocurren cambios en el músculo esquelético, que incluyen la mejor utilización del oxígeno (aeróbico) y el aumento en el metabolismo de las grasas, esto le permite al corazón cumplir con las demandas del ejercicio con una frecuencia cardiaca menor. La reducción en la frecuencia significa una reducción en la utilización de oxígeno en el músculo cardiaco y un corazón más eficiente.

El exceso de grasa es un riesgo para la enfermedad del corazón. La actividad muscular es la vía para movilizar las grasas del tejido adiposo, donde se almacena, para luego quemarla al producir energía en el músculo esquelético. El ejercicio quema las grasas y evita la pérdida de las proteínas musculares; de hecho, la actividad física regular aumenta la masa muscular, por lo tanto, aumenta la capacidad para quemar grasas.

Diferentes estudios han demostrado que la capacidad aeróbica decae a una tasa de 8 a 10 por ciento por década. Sin embargo, cuando se estudian a individuos que mantiene una actividad moderada, la disminución es sólo de 4 a 5 por ciento, y cuando se investiga individuos entrenados, la tasa de disminución es sólo del 2 por ciento o menos. Se minimiza la disminución en la capacidad aeróbica manteniendo un peso controlado y reduciendo la acumulación de grasa corporal.

A diferencia de la capacidad aeróbica, la fuerza física disminuye más lentamente con los años, hasta que se llega a la quinta década donde la tasa de reducción aumenta. A esta perdida de la masa muscular se le llama sarcopenia. Las personas que utilizan regularmente su fuerza retienen su masa muscular por mucho más tiempo. Estudios recientes han presentado evidencia que sugiere que personas mayores, hombres y mujeres de edad promedio de 85 años, pueden contener el debilitamiento muscular con ejercicios de resistencias.

La capacidad aeróbica se define como la capacidad máxima del cuerpo para tomar, transportar y utilizar el oxígeno. Para poder llevar a cabo actividades físicas aeróbicas el cuerpo requiere de poder llevar oxígeno a las células musculares y estas a su vez deben de estar capacitadas para poder utilizarlo junto con la glucosa, en la producción de energía. Por lo general las actividades ligeras y moderadas son aeróbicas. Los ejercicios anaeróbicos son intensos y no utilizan oxígeno en la producción de energía. 

El mantener una vida activa permite al cuerpo estar en forma y a prolongar la vida; también puede ayudar a evitar o retrasar el desarrollo de enfermedades o incapacidades mientras uno va envejeciendo.

Si desea más información sobre esta columna puede escribir al correo electrónico rhpmedicus@yahoo.com.mx

 
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