Sin duda alguna, el sistema financiero tiene una importancia crucial en el proceso de desarrollo económico de una nación, en tanto permite poner en contacto a quienes demandan fondos prestables –porque disponen de alternativas de inversión productiva– con quienes están dispuestos a prestarlos a una determinada tasa de interés, ya que carecen de opciones para invertir o sus recursos individuales son insuficientes para las opciones de inversión que se les presentan. Con la función de intermediación en el crédito –reunir el ahorro social para ofrecerlo a inversionistas que lo adquieren en préstamo–, el sistema fi-nanciero contribuye a la expansión de la economía.
Debido a lo anterior, las economías con sistemas financieros “maduros” presentan, en general, tasas sostenidas de crecimiento superiores a las economías donde el sistema financiero es débil o no cumple con eficiencia su función de intermediación.
La experiencia mexicana es contrastante. Después de la rápida y excesiva expansión del crédito posterior a la privatización bancaria, que culmina con la crisis de 1994–95, la participación de la banca en el financiamiento productivo se hizo cada vez más raquítico. En efecto, mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, el crédito bancario al sector productivo privado, en relación con el PIB, es del 249 por ciento, en la Unión Europea es del 110 por ciento; en Chile, 61 por ciento, y en Brasil, 28 por ciento. En Mé-xico apenas alcanza el 14 por ciento.
Pero si la banca no cumple en México con su función esencial de intermediación en el crédito, ¿de dón-de obtiene sus utilidades?
Para darse una idea de la situación de la banca en México, baste decir que si en Estados Unidos hay 405 bancos grandes, en nuestro país sólo hay seis. Esta conformación oligopólica de la banca, además la mayor parte de ella en manos del capital extranjero, le permite utilizar los recursos que capta en ampliar el crédito al consumo, aplicar elevadas tasas de interés a los préstamos y pagar bajísimas tasas de interés a sus ahorradores.
Así, en el primer trimestre de 2008 los bancos obtuvieron utilidades por 22 mil 180 millones de pesos, el mayor monto registrado para un periodo similar, por lo menos desde la crisis de 1994–95, según reporta la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Según esta misma institución, el aumento en las utilidades de los bancos se debe a la ampliación del margen financiero (ingresos por intereses menos gastos por pago de intereses) y el incremento de los ingresos no financieros (comisiones cobradas a los clientes).
En términos de dinero, durante los primeros tres meses de este año los bancos cobraron a sus clientes por los préstamos concedidos intereses por un total de 102 mil 860 millones de pesos y pagaron intereses a sus cuentahabientes por 47 mil 983 millones de pesos, lo que les permitió a los bancos obtener una ganancia en esos tres meses por 54 mil 878 millones de pesos, lo que significó un crecimiento anual del 12 por ciento en las ganancias de este tipo.
Por su parte, los ingresos no financieros (comisiones cobradas por servicios bancarios) se elevaron 46 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado. Esto significó que las ganancias por este concepto ascendieran en el primer trimestre de este año, a 24 mil 661 millones de pesos.
México, así, se ha convertido en un paraíso para los bancos extranjeros, pues mientras sus matrices sufren pérdidas o recortan utilidades, los beneficios obtenidos en nuestro país se han disparado. Datos del sistema bancario señalan que mientras las utilidades de los bancos en el mundo se desplomaron 84 por ciento en el primer trimestre de este año, las ganancias de filiales de esos bancos en México se incrementaron 82 por ciento. Tan sólo el BBVA Bancomer generó un cuarto de las utilidades del grupo español al que pertenece. Por su parte, el también banco español Santander obtuvo ganancias que representaron el 13 por ciento de los 3 mil 304 millones de dólares que obtuvo el grupo de sus operaciones en todo el mundo.
Una banca sí, parasitaria, que no contribuye a mejorar el funcionamiento y la expansión de la economía mexicana, no sirve al país, sólo contribuye a elevar las ganancias de los grandes grupos financieros transnacionales.