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Martes, 22 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Tlaxcala -
 
 

 OPINIÓN 

¿Dónde quedó el desarrollo?

 
Guillermo Aragón Loranca

Las promesas de un inminente desarrollo de todas las naciones, ha sido la esperanza siempre postergada, la mentira con la que se han encubierto las contradicciones del modelo de la economía capitalista, basada en la acumulación de ganancias que no provienen más que de la apropiación unilateral del trabajo humano.

Después de la Segunda Guerra Mundial y en el marco de la Guerra Fría en la que dos sistemas socioeconómicos y políticos opuestos se disputaban la hegemonía (el sistema comunista con un modelo de economía centralizado y dirigido por el Estado; y el modelo capitalista, de libre empresa y libre mercado), los países occidentales establecieron la idea de “Desarrollo”, como una promesa histórica para los países subdesarrollados, para evitar que cayeran en la tentación del “totalitarismo soviético”.

Como siempre ha sucedido en los ciclos del modelo capitalista, después de la destrucción de los excedentes de la producción mediante la Segunda Guerra Mundial (a un costo incalculable de vidas humanas, de dolor y de sufrimiento), el proceso productivo volvió a partir de cero: se reactivaron tanto las economías centrales como las periféricas, generando la ilusión y la esperanza de que a corto plazo, los países subdesarrollados alcanzarían el modelo de vida del que ya disfrutaban los desarrollados; así, se estableció el desarrollo (como crecimiento exclusivamente económico en términos del Producto Interno Bruto) como meta de todos los procesos económicos.

Hoy en día los dogmas del desarrollo y del crecimiento económico infinito están siendo cuestionados, no sólo desde las investigaciones académicas, sino principalmente desde la realidad, en donde se ha hecho evidente que la idea del desarrollo es una mentira, ya que el mercado liberalizado produce una mayor concentración de la riqueza en pocas manos y una mayor polarización social, no sólo en los países subdesarrollados sino incluso en los países industrializados.

En este marco resultaron significativas las reflexiones que intercambiaron académicos de diferentes países latinoamericanos en el marco del Coloquio Internacional  sobre el Desarrollo Hoy en América Latina, celebrado por El Colegio de Tlaxcala, A.C. hace dos semanas y del cual surgieron algunas ideas sobre las que vale la pena reflexionar.

El desarrollo no se puede seguir concibiendo como un dogma inamovible que lo plantea exclusivamente como sinónimo de crecimiento económico, sino que es un concepto relativo a cada pueblo y cada cultura y que por lo tanto está en continua elaboración y reelaboración, tanto teórica como práctica.

Hay que estar en guardia en contra del discurso desarrollista que disfraza su neocolonialismo con varios conceptos relacionados con la idea de desarrollo, (desarrollo regional, local, endógeno); discursos que, si no se mira bien, conllevan la idea de la típica subordinación de las economías periféricas a las economías centrales. En este marco se plantea el desarrollo endógeno (generado desde las regiones o desde las comunidades), pero para que se inserten en la economía globalizada, sometiéndose a los dictados imprevisibles del mercado globalizado.

Las experiencias locales de desarrollo que se salen de los criterios economicistas y crean desarrollos autogestivos en el sentido de la economía de solidaridad, el comercio justo y el consumo responsable, por ejemplo, por el momento no tienen un impacto importante a nivel global porque se trata de experiencias fragmentarias y aisladas, con pocas aportaciones teóricas que las hagan trascender a un ámbito más amplio. Sin embargo, se hizo hincapié en que esas experiencias a pesar de todo, están marcando un nuevo rumbo en lo que se puede considerar  como un desarrollo alternativo.

El Estado, como eje organizador de la sociedad se ha visto muy disminuido en sus atribuciones, y ha renunciado a su función reguladora de los procesos económicos; sin embargo, su papel en los procesos económicos como relaciones de poder, sigue siendo fundamental, de ahí que la sociedad civil tenga que hacerse presente en su estructura para rectificar el rumbo.

Dos ausencias fueron notables en el Coloquio, como bien lo señalaron algunos participantes: poco o nada se dijo de los límites ya visibles de los recursos naturales de todo el planeta, marcas para el estilo consumista capitalista (crear mercancías para obtener ganancias y no para satisfacer necesidades), no puede seguir por más tiempo. Tampoco se dijo nada respecto a que las experiencias de un desarrollo alternativo han podido surgir gracias a la existencia de una diversidad de culturas que conciben su relación con la naturaleza y con el cosmos de una manera diferente al utilitarismo capitalista y que se niegan a diluirse en el espejismo del consumo a ultranza.

Finalmente, hay que seguirnos preguntando qué tipo de desarrollo es el que se promueve en los discursos oficiales y qué tipo de desarrollo buscamos nosotros como ciudadanos y como comunidades que compartimos con otros una cultura común.

 
 
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