Quiénes somos ahora los integrantes de la generación del 68? Bueno, para empezar la mayoría ha llegado a la provecta edad de los descuentos. Entre los avispados jóvenes de hace 40 años y los cansinos vetarros de ahora hay una abismal distancia en la apariencia física, producto del proceso natural de envejecimiento con el ingreso a la senectud formal. Los hay desde los timbones de talla mayor, de vientre prominente, hasta los moderadamente rollizos; desde los calvos “cabeza de monda” hasta los que ostentamos nuestra cabeza de cotonete y los demás signos que acompañan a los sesentones, manchas en el dorso de las manos, pelos adventicios en las orejas, vénulas azules y rojas en los tobillos, sustitución de algunas “clavijas” por artefactos dentales, carraspera habitual, insomnio creciente, etcétera.
En el caso de las mujeres, quienes echan mano de mayores recursos cosméticos y quirúrgicos, las hechuras gráciles y lozanas se han transformado en cuerpos modelados por la lencería tecnológica con las fajas, los levantabuches y los abultanalgas tan de moda en estos tiempos. Por supuesto, la decoración tiene a su servicio el arsenal de la tlapalería: la paleta de los tintes, las cremas, las pomadas, los coloretes y los afeites varios. La cirugía plástica provee su menú de intervenciones para restirarse el pellejo, quitarse manteca, desmancharse y aplicarse los infaltables implantes de pechuga y de nalgas.
Bueno, descrita así la condición física de los sesentyocheros trataremos de ubicar a aquéllos que tuvimos una vida activa en nuestra generación, aquéllos que participamos en el movimiento estudiantil.
Muchos nos refugiamos en las universidades y nuestro ardor político fue justificado con diversas actividades universitarias, algunos más siguieron el incierto camino de la expresión artística en instituciones o fuera de ellas, algunos otros han vivido de la política profesional; muchos más, después del pecado de juventud, se dedicaron a transitar por un destino trazado por sus familias y ellos mismos; unos cuantos se perdieron para siempre en aventuras guerrilleras, en evasiones de cualquier tipo y en los viajes sin retorno que suministran las adicciones. Desde luego que en esta variopinta generación no faltan quienes cometieron traición total a sí mismos y a aquello que dijeron defender; los que “descubrieron” que habían vivido en el error y se pasaron formalmente al otro lado, al “lado oscuro de la fuerza”, donde gozan de los privilegios de los hambreadores que dijeron aborrecer.
¿Qué ha cambiado entonces en 40 años? ¿Dónde quedó el nuevo mundo y el nuevo hombre que lo poblaría? Si tratáramos de registrar los cambios ocurridos en cuatro décadas no terminaríamos en mucho tiempo, pero los ha habido sin duda; no podemos afirmar que se han dado los cambios profundos y sustanciales que perseguíamos ansiosa e ingenuamente en aquellos ayeres, pero hoy nos podemos percatar de transformaciones diversas en la vida social que aquí sería ocioso mencionar. El nuevo hombre es aún una utopía, pero está en construcción como lo ha estado desde su aparición en este planeta como género y especie y únicos.
Hoy la estafeta la tiene en sus manos la nueva generación, los jóvenes a los que hemos heredado parte de nuestras responsabilidades sociales, con ejemplos de nuestra parte no del todo edificantes ni dignos de imitar, pero que son los que hay. Ciertamente, el mundo que ha construido nuestra generación sigue siendo injusto, desigual y falto de libertad, y de esa infame base tendrán que partir los chamacos para hacer lo que les toca. Confío en que construyan algunos escalones más.