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Martes, 22 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla -
 
 

 SUBEYBAJA 

¿El PRI, un partido de izquierda?

 
Ramón Beltrán López

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor. Unos aseguran que esta percepción corresponde a aquellos personajes de edad provecta que ya se encuentran incapacitados para adaptarse a los cambios.

Recuerdan algunos que Puebla, para citar un caso, era ejemplo de limpieza a nivel nacional. Ello cuando sus ayuntamientos eran pobres. Cuando sus alcaldes terminaban sus periodos y regresaban a sus ocupaciones anteriores. Vamos, ni soñaban con pertenecer al club de los más ricos del estado, y mucho menos a llegar al cargo de gobernador.

Puebla, como el resto de las ciudades capitales –a excepción de la capirucha, el DF– padecía pobreza ancestral, pues recibía únicamente el producto de sus impuestos (predial y adquisición de bienes inmuebles), más algunos derechos, productos y aprovechamientos. Sin embargo, sus banquetas eran planas, aptas para transitar por ellas, y no se permitían rampas ni obstáculos que estorbaran el tránsito de los ciudadanos, discapacitados o no. Sus mercados eran pocos pero estaban limpios (el de La Victoria concentraba la mayor parte del comercio doméstico); el agua era suficiente para sus habitantes y descendía desde el Cerro de Loreto alcanzando con su presión natural los segundos y terceros niveles de las casas sin requerir de la ayuda de bombas eléctricas.

Los parques y jardines eran regados y cuidados por el municipio, que tenía un vivero en pleno centro de la ciudad, justo frente a donde ahora se ubican la imprenta Mabek y el diario Momento.

Las crónicas de muchos viajeros la describieron en todo su esplendor, elogiaron su traza, sus fachadas, sus templos, sus museos. Paul Morand, Manuel Toussaint, Ruben García , Elisa Vargas Lugo, son solamente algunos de ellos.

Los ciudadanos barrían sus calles y pagaban sus contribuciones.

Pero el cuidado de muchas de sus autoridades y la participación de sus habitantes no les parecieron suficientes a los  políticos que vinieron más tarde.

Era necesario, según ellos, poner un  poco más de esfuerzo para el bienestar de la urbe en constante crecimiento. Seguir siendo ejemplo nacional.

Así se inventó el Derecho de Alumbrado Público (DAP), porque la Comisión Federal de Electricidad se la pasaba amenazando al ayuntamiento con suspender el servicio eléctrico a bombas de agua y alumbrado de las calles.

Y desde entonces se le cargó un 6.5 por ciento extra al importe del consumo eléctrico de casas y negocios, aunque esto no tuviera nada que ver con el alumbrado público, ni se ajustara a lo que es un derecho municipal (algo que se cobra a quien solicita un servicio a la Comuna).

Poco después se inventó el cobro por consumo de agua potable, al cual se ha ido agregando el cobro por drenaje, el cobro por saneamiento, y más tarde el IVA sobre lo anterior.

O sea que dos servicios públicos que ofrecía gratuitamente el ayuntamiento previamente, el alumbrado público y el agua, empezaron a ser cobrados aparte de el impuesto predial.

A esta nueva serie de cobros se sumó el del servicio de limpia, tanto la recolección como la disposición final, los cuales se añadieron arbitrariamente al cobro del impuesto sobre la renta, mezclando ilegalmente un derecho con un impuesto.

Y vale la pena mencionar que cuando más tarde se concesionó el servicio de recolección y el de disposición final de la basura las empresas que obtuvieron dichas  concesiones adquirieron la obligación de cobrar por el servicio a quienes generan los desechos, obligación de la cual fueron liberados por posteriores administraciones municipales. Actualmente las empresas y negocios pagan el derecho de recolección y disposición final como estaba planteado originalmente.

Como conclusión, se puede afirmar que se liberó a las empresas de la obligación contractual que aceptaron con la concesión, de cobrar por el servicio mientras se cargaba esta obligación administrativa al municipio (sin compensación alguna para éste), y cobrando además al propietario del inmueble ( en el predial), y no a quien genera la basura.

Posteriormente el gobierno federal desapareció el ISIM (Impuesto a los Ingresos Mercantiles) y creó el IVA (Impuesto al Valor Agregado), impuesto que ya no era “en cascada”, sino que se podía acreditar en sus sucesivas etapas y que le produciría –según dijeron– al erario federal suficientes ingresos como para sacar de la pobreza a los estados, y por supuesto, a los municipios.

Hoy, a partir del ISR (Impuesto sobre la Renta) y del IVA, los gobiernos de los estados y los municipales reciben enormes cantidades de dinero (enormes comparadas con las que recibían hace 40 años), y sin embargo los ciudadanos tienen que pagar por casi todos los servicios que reciben, (agua, alumbrado, basura) con el agravante de que actualmente  muchas de las instalaciones construidas por estos dos niveles de gobierno son “privatizadas” inmediatamente después de ser concluidas, para ser explotadas por particulares.

¿Ejemplos? El Complejo Cultural Siglo XXI, el Jardín del Arte (recién recuperado), el Parque de San Baltasar, y próximamente el nuevo Recinto Ferial, solamente por citar algunos.

Además es pertinente señalar que diversos impuestos locales y federales (impuesto sobre la nómina (2 por ciento), contribución al Infonavit (5 por ciento), y ahora el IETU, son cargados por los empresarios al producto final (bienes o servicios) porque no les queda de otra y no pueden ponerlo de su bolsa, por lo que finalmente se convierten en un costo y se reflejan en el precio final pagado por el consumidor.

Es decir, el ciudadano común y corriente cada vez tiene que dedicar una proporción mayor de su ingreso a pagar impuestos y derechos, ya sea directa o indirectamente, dándose cuenta o no, simplemente por recibir servicios públicos que en el mejor de los casos tienen la misma calidad que en el pasado pero que habitualmente son deficientes y de peor calidad.

¿Será todo esto parte de lo que nos ha hechos menos competitivos como país y como estado?

¿Será todo esto lo que conduce a ahuyentar la inversión extranjera y a encarecer nuestros productos?

¿Será todo esto (y muchas cosas más), lo que nos ha llevado a ser uno de los países con la más injusta distribución de la riqueza? 

¿Serán cosas como éstas, que suceden a lo largo y ancho de la geografía nacional, las que nos han llevado a ser el país que más ciudadanos ha enviado al extranjero en el último cuarto de siglo?

¿Y así nos quieren convencer de que el PRI es un partido de izquierda? Obras son amores y no buenas razones.

Hechos, no palabras. 

 
 
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