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Lunes, 21 de julio de 2008
La Jornada de Oriente - Puebla - Cultura
 
 

“Nosotros somos el circo”, aseguran los niños de la compañía Solary New Experience

 

El Circo Solary New Experience ofrecieron un espectáculo el sábado, conjuntamente con la Universidad Mesoamericana, para dar a conocer la nueva Licenciatura en Artes Escénicas y Circenses / Foto: Rafael García Otero
Yadira Llaven
Puebla, Pue.

Brincan de un lado a otro y no pueden estar quietos en un lugar. Mientras uno de ellos hace su presentación ante el público asistente, los otros corren sin freno, ríen a carcajadas, se pellizcan la panza y hacen muecas… pareciera que todo es diversión, pero también atrás de la carpa hay otro grupo de pequeños, los más chicos, entre tres y cinco años de edad, que igual que entrenan cuatro horas diarias de gimnasia y acrobacia, también arman palabras con un juego de memoria.

Se trata del batallón de niños que da vida al Circo Solary New Experience, que desde hace un par de días se encuentra instalado junto a la Plaza San Pedro de esta ciudad. Está conformado por Anastasia Jidkova, de 12 años; Karla Estefani Rangel, de ocho; Lucas Fernández Chimichurri, de nueve; María Jocelyn Rangel, de seis; Winni, de cinco; Agostina Luana, de 11; y Gustavo Armando Rangel Bebucho musical, de 10 años de edad, quienes perpetuarán la tradición circense de la familia Rangel Esqueda.

Tras el espectáculo que ofrecieron el sábado al mediodía, conjuntamente con la Universidad Mesoamericana, para dar a conocer la nueva Licenciatura en Artes Escénicas y Circenses, este medio realizó un recorrido entre los caballos, monos, camellos y casas rodantes para entrevistarlos.

Ahí, en una de las brillantes carpas en colores rosa mexicano y amarillo, estaban algunos de ellos estudiando. En cuanto se les dijo que iba a ser entrevistados accedieron inmediatamente. Son niños inquietos, adelantados a su edad, que no conocen la timidez.

“Yo –toma la palabra Agostina Luana, de origen argentino– siempre he querido ser cantante o actriz, pero las oportunidades son muy pocas, sobre todo aquí, desde el circo”, revela inocentemente, al mismo tiempo que reconoce: “mis contorsiones no son tan buenas como las de otras”.

Alza la mano María Jocelyn, de apenas seis años, para decir: “yo no le tengo miedo a las letras. Me gusta ir al cine a ver a Walle, es un robot. Me gusta comer papas y los Pitutos (el grupo de payasos del circo), tengo un perro salchicha que se llama ‘Candy’ y no se come, y mi papá es el domador de las bestias’”. Habla mucho, aprisa, y de varias cosas al mismo tiempo.

“Es que son muy entusiastas y demasiado inteligentes. No son como los demás, son únicos, con una gran disposición para aprender”, refiere en ese momento Eridani Pérez, maestra particular de los niños, quien les enseña a leer y escribir, las matemáticas, “lo que más odian”, ciencias naturales y otras materias que deben cursar en el nivel básico educativo.

Eridani viaja a todas partes con la compañía para que “los niños aprendan las cosas que no les enseñan en el circo, aunque tal vez el trabajo los presione más que las tareas de la escuela”.

–¿Cuál es la rutina diaria de los niños?

–Por la mañana práctica y por la tarde estudian. Sólo tiene una hora para ver televisión y, en ocasiones, salen a dar un paseo.

Bebucho, quien ofrece un espectáculo musical con trompetas y botellas de agua, a las que hace sonar, habló de su “responsabilidad” en el circo. Es el más serio de todos y el más exigente consigo mismo. “En estos días voy a participar en un festival internacional en Cuba, y después me voy a España y tal vez a China”.

–¿Te diviertes con lo que haces?

–Sí, me gusta hacer cantar a la gente. Toco instrumentos desde los ocho años y me sigue gustando.

–¿Qué representa para ti viajar a otras partes del mundo a nombre de México?

–Para mi corta edad es lo máximo. Hay niños que tienen mucha experiencia pero jamás irán a un festival.

–¿Y cómo vas en la escuela?

–Bien, tengo una maestra que nos enseña todos los días, pero la responsabilidad está en el circo.

Más tarde, llegó Anastasia, tras su participación en un espectáculo de contorsionismo que dejó boquiabierto al público, por la flexibilidad de su diminuto cuerpo. Con tan sólo 12 años de edad se comporta como un adulto. “Me gusta ir de compras a los centros comerciales y al cine. Mis papás también me llevan a la playa y a los parques”.

–¿Has pensado dedicarte a otra cosa que no sea el circo?

–No, yo nací en el circo. Desde los tres años ya salía en un acto con mis papás y toda mi vida quiero estar aquí. Quiero seguir en el circo cuando sea grande, quiero seguir con la tradición de mis papás, ya estoy trabajando en un acto con mi hermanita Elisabetta, de dos años.

–¿Sabías que ahora hay una licenciatura universitaria para hacer circo?

–No lo sé, pero el circo se hace en el circo, no en una escuela. Nosotros aquí somos el circo, desde chiquitos.

Para Anastasia defender la profesión como un oficio claramente definido por sus prácticas, por la trayectoria y tradición familiar, es todo; así lo demuestra con seguridad mientras habla. Ve cámaras, sonríe y cambia de postura. A su corta edad sabe perfectamente lo que hace y de qué va a vivir el resto de sus días.

 
 
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